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LA FE: CLAVE PARA LA VIDA VICTORIOSA

LA FE: CLAVE PARA LA VIDA CRISTIANA VICTORIOSA
Por Pra. Zoilmar González de Rangel



Fe, una palabra tan corta pero con un gran poder extraordinario en todo nuestro ser. La fe es una habilidad divina proviene de Dios; revelada por el Espíritu Santo y se fundamenta en Jesús (autor y perfeccionador o consumador de nuestra fé, Hebreros. 12:2.

La fe es dada para que el hombre pueda rebasar el ámbito de lo natural, Dios creó lo natural, y en ese ámbito fuimos puestos, pero no estamos atados a ese ámbito. La fe es nuestra puerta de acceso al poder sobrenatural del reino de Dios, viene de Dios para el hombre, pero para que el hombre pueda moverse en la dimensión de la fe y traiga lo sobrenatural a su vida, debe alinear su vida con Dios.

DEFINICIÓN:

LA FE (DEL LATÍN FIDES): es la seguridad o confianza en una persona, cosa, deidad, opinión, doctrinas o enseñanzas de una religión.También puede definirse como la creencia que no está sustentada en pruebas, además de la seguridad producto en algún grado de una promesa.

LA CONCORDANCIA DE STRONG 530 הנָמֻאֱ emuná; fem. de 529; lit. Firmeza; fig. Seguridad; mor. Fidelidad: fe, fidelidad, fiel, firme, honradez, leal, lealtad, reinar, veraz, verdad.

Podemos fácilmente ser “creyentes” sin ser “fieles”, podemos ser creyentes y sentirnos inseguros de nuestra salvación, podemos ser creyentes y ser movidos de un lado a otro por las circunstancia. Por esto la fe nos es dada, no para creer, sino para vivir fiel, segura y firmemente. Sin temor no habrá obediencia.

QUÉ NO ES FE:

Fe no es esperanza, la esperanza es un deseo o actitud de expectación con respecto a cosas que están en el futuro, no es conocimiento, cuando vez, oyes, hueles ya no es fé; es conocimiento natural, no es una habilidad natural, Fé es una habilidad sobrenatural. No es Mente sobre materia (esta enseña que el hombre puede vencer todos los problemas en el mundo real usando su mente, razón, o poder de la voluntad) Tengamos en cuenta que la fé se centra en Dios no en el hombre, pues es un don de Dios.
TIPOS DE FE

FE NATURAL:
Esta es una confianza natural en las cosas que son estables.

Los siguientes tipos de fe son los que hablan acerca de la "fe hacia Dios."

FE SALVADORA:
“Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

“Justificados pues por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo”
(Romanos 5:1).

La fe hacia Dios, combinada con el verdadero arrepentimiento, es una fe salvadora. La salvación es conocer, creer, y personalmente aceptar el mensaje del evangelio. La fe salvadora requiere una respuesta personal hacia Dios. Ninguna persona puede responder en lugar de otra. Cada persona es salva por su propia respuesta al evangelio. Fe es un hecho. Es el don de Dios para los hombres para que puedan ser salvos. Pero la fe es también una acción. Cada persona debe actuar de acuerdo con la medida de la fe que le fue dada por Dios. Fe hacia Dios es su respuesta, su acción por fe en El.

FE SANTIFICADORA:
Romanos 3:28: "Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe sin las obras de la ley."

La fe santificadora hace que el creyente viva una vida santa después de la conversión Fe hacia Dios incluye la fe santificadora, que significa creer que podemos vivir una vida santa. Esto no lo hacemos por nuestra propia fuerza pero por medio del poder de Dios que habita dentro de nosotros.

FE DEFENSORA:
“Sobre todo, tomando el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16).

La fe es una de las armas para protección contra nuestro enemigo espiritual, Satanás. Satanás tratará de atacar su fe enviando "dardos" de incredulidad en su mente. Tener fe hacia Dios provee una defensa espiritual para el creyente.

FE MAL DIRIGIDA
Hombre, las armas, ídolos, en sí mismo, en falsos profetas, riquezas, en los amigos etc. (Salmos 44:6). (Salmos 146:3). (Isaías 42:17). (Jeremías 7:4,8). (Salmos 20:7). (Salmos 52:7). (Salmos 41:9).

¿POR QUÉ RESULTA IMPORTANTE LA FE PARA EL CREYENTE?

1.- Es el medio para alcanzar salvación:
“Porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios” (Efesios 2:8).

“El que creyere y fuere bautizado, será salvo; más el que no creyere, será condenado” (Marcos 16:16).

2.- Porque a todos se nos ha dado una medida de fe

Romanos 12:3 “conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno”

La fe tiene un inicio, es un proceso y comienza exactamente con una medida, todo lo que Dios da, lo da por medida. Dios nos da gloria, Dios nos da unción, Dios nos da bendiciones financieras, Dios nos da autoridad, Dios nos da poder y nos lo da en medida. Porque Dios una vez que nos da algo en medida, nos pone la responsabilidad de usarlo… eso se llama mayordomía. Si no lo usamos, se pierde… cuando Dios nos da un favor es para usarlo para bendecir a su gente no para retenerlo.

3.- No podemos agradar a Dios sin fe

“Pero sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que a Dios se acerca, crea que le hay, y que es galardonador de los que le buscan” (Hebreos 11:6).

Todo lo que haces por fe, te hace sentir satisfecho más, todo lo que haces sin fe te hace sentir afligido, vacío! Dios nos diseñó para vivir por fe. Cuando vives por fe agradas a Dios.

PROCESO DE LA FE

La fe tiene un proceso en uno, y comienza con una medida que nos da Dios. Jesús habla de esta medida cuando les enseña a sus discípulos del por qué no pudieron expulsar un demonio en el muchacho lunático.

Mateo 17: 20 “Por vuestra poca fe; porque de cierto os digo, que si tuviereis fe como un grano de mostaza, diréis a este monte: Pásate de aquí para allá, y se pasará, y nada os será imposible”.

Es decir que en ese momento la medida de fe de los discípulos era más pequeña que un grano de mostaza y por eso fracasaron.

Pero veamos el inicio de este proceso de acuerdo a lo que enseña la palabra de Dios
OÍR+CREER= OBEDECER

"ASÍ QUE LA FE ES POR EL OÍR, Y EL OÍR, POR LA PALABRA DE DIOS." Romanos 10:17

Hay una conexión entre el oír y la Palabra de Dios
  • El OÍR te insta a tener FE a CREER
  • El CREER te impulsa a una acción a OBEDECER.
  • ¿Que OBEDECES? LA PALABRA DE DIOS.
1.- OIR:

¿Qué clase de oír produce la fe?
No es el oír como una percepción de sonido solamente. Es otro nivel de oír que incluye obediencia.

Jesús dijo: “Mirad lo que oís; porque con la medida con que medís, os será medido, y aun se os añadirá a vosotros los que oís” (Marcos 4:24).

Alguien te puede decir que tiene la habilidad para oír cualquier cosa, sin que ello le afecte. Si lo que dijo Jesús es cierto, te darás cuenta que lo que tú oyes tarde o temprano determinará tu fe, tus actitudes, y tu conducta, es decir que hay semillas reproductivas internas que debemos cuidar: Pensamientos, actitudes, palabras y acciones, se determinan por lo que oímos.

Si queremos desarrollar una vida de fe poderosa, tenemos que ser selectivos en lo que oímos.

2. CREER:

El Espíritu Santo es quien nos ayuda en nuestras debilidades para que podamos creer en Jesucristo. Creer que Él es el Hacedor de milagros y que suceden entre nosotros porque Él está presente.

En la vida espiritual la fe/creer es determinante para alcanzar lo imposible. La lucha interna de los sentimientos, que nos hacen sentir inútil, y los razonamientos que pretenden hacernos entender que no se puede, son los enemigos de la fe. Por eso es importante lo que oímos y a quien o a quienes oímos.

Cuando una persona cree, el resultado de su creer es una acción de obediencia.

3. OBEDECER

Hebreos 11:8 “Por la fe Abraham, siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba”.

Obedecer: Gr. Jupa-kouo: es una palabra compuesta que significa “oír bajo autoridad”, “oír para obedecer”.

Cuando estamos bajo autoridad, obedeces a quien es nuestra autoridad. Aquí, la autoridad es la palabra de Dios (Dios mismo). Que importante es que desarrollemos un oído espiritual para que avancemos en el área de la fe! Es por medio de la Palabra de Dios que nuestro oído espiritual será despertado para oír palabras como los sabios. Esas son las palabras que entran a nuestro espíritu y después se convierten en la fe, que es la substancia de las cosas que se esperan.

EN RESUMEN:

1.- El tan sólo oír no es la fe; la fe se expresa con la acción después de oír. “porque por fe andamos, no por vista” 2 Cor. 5:17

2.- Tienes que “oír bajo autoridad”; reconocer la autoridad de la Palabra de Dios.

3.- Lo que evidencia el haber “oído con fe” es la acción: Obediencia

4.- La acción es la prueba de que “realmente oiste” (con fe).


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LA CRUZ DE CRISTO

LA CRUZ DE CRISTO
Por Paul Washer
Traducido por Diego Kim


Una de mis mayores cargas es que rara vez es explicada la Cruz de Cristo.  No es suficiente decir “Él murió” – ya que todos los hombres mueren.  No es suficiente decir “el murió noblemente”- ya que los mártires hacen los mismo. Tenemos que entender que no hemos proclamado en su llenura la muerte de Cristo con poder salvífico hasta que hallamos aclarado la confusión que la rodea y exponer su verdadero significado a nuestros corazones – Él murió llevando las transgresiones de Su gente, sufriendo el castigo divino por sus pecados: Él fue abandonado por Dios y molido bajo la ira de Dios en su lugar.

Cristo: el Desamparado de Dios
Uno de los pasajes más inquietantes, e incluso escalofriante, es el relato en las Escrituras de Marcos, la exclamación del Mesías al estar en la Cruz romana. Y exclamó:
"ELOI, ELOI, ¿LEMA SABACTANI?, que traducido significa, DIOS MIO, DIOS MIO, ¿POR QUE ME HAS ABANDONADO?"

A la luz de lo que sabemos sobre la naturaleza impecable del Hijo de Dios y su perfecta comunión con el Padre, es difícil entender las palabras de Cristo, aun así en ellas encontramos el significado de la Cruz expuestas, y encontramos la razón por la cual murió Cristo.  El hecho que Sus palabras estén también documentadas en hebreo nos dice algo de suma importancia para ellos. ¡El autor no quería que mal-entendiéramos o que se nos escapara ni una sola cosa!

En estas palabras, Jesús no solo esta llamando al Padre, pero como Maestro consumado, Él también está dirigiendo a Sus espectadores y a todos los futuros lectores a una de las más importantes profecías mesiánicas del Antiguo Testamento – Salmo 22. Aunque todo el Salmo está lleno de profecías detalladas de la Cruz, solo nos concentraremos en los primeros seis versículos:
"Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado? ¿Por qué estás tan lejos de mi salvación y de las palabras de mi clamor?  Dios mío, de día clamo y no respondes; y de noche, pero no hay para mí reposo.  Sin embargo, tú eres santo, que habitas entre las alabanzas de Israel.  En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste.  A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron decepcionados.  Pero yo soy gusano, y no hombre; oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo."

En los días de Cristo las Escrituras hebreas no estaban organizadas en capítulos y versículos numerados como los tenemos hoy. Así que cuando un rabino quería dirigir a sus oyentes a cierto Salmo o porción de la Escritura, lo hacia recitando las primeras líneas del texto. En esta exclamación desde la Cruz, Jesús nos dirige al Salmo 22 y nos revela algo del carácter y propósito de Su sufrimiento.

En los primeros dos versículos, escuchamos la queja del Mesías- Él se considera abandonado por Dios. Marcos utiliza la palabra griega egkataleípo, el cual significa desamparado, abandonado, o desertado. El Salmista utiliza la palabra hebrea azab, el cual significa: dejar, perder, o desamparar. En ambos casos, la intención es clara. El Mesías mismo es consciente que Dios lo ha desamparado y puso el oído sordo a Su llanto. Este desamparo no es simbólico ni poético. ¡Es Real! ¡Si alguna vez alguna criatura se sintió desamparada por Dios, éste fue el Hijo de Dios en la Cruz del Calvario!

En el cuarto y quinto versículos del Salmo, la angustia sufrida por el Mesías se vuelve más aguda al recordar la fidelidad del pacto de Dios hacia Su pueblo. Él declara (22:4-5):
"En ti confiaron nuestros padres; confiaron, y tú los libraste.  A ti clamaron, y fueron librados; en ti confiaron, y no fueron decepcionados."

La aparente contradicción es clara. Nunca hubo una instancia en la historia en la que el pueblo pactal de Dios hubiera visto a un hombre justo clamando a Dios sin ser rescatado. Sin embargo, el Mesías sin mancha cuelga del árbol completamente desamparado. ¿Cual podría ser la razón por el desamparo de Dios? ¿Por qué le dio la espalda a Su Hijo unigénito?

Entrelazado en el llanto del Mesías se encuentran las respuestas a estas preguntas inquietantes. En el tercer versículo, Él hace la declaración inquebrantable que Dios es Santo, y luego en el sexto versículo Él admite lo atroz – Él se había vuelto un gusano y ya no era un hombre. ¿Por qué utilizaría el Mesías tal lenguaje peyorativo hacia si mismo? Acaso se veía a si mismo como un gusano porque se había vuelto el “oprobio de los hombres, y despreciado del pueblo” ¿o había una razón mas espantosa para Su auto-deprecación? Después de todo no clamó, “Dios mío, Dios mío ¿Por qué me ha desamparado el pueblo?” ¡Sino que se esforzó en saber por que Dios lo había hecho! La respuesta puede ser encontrada en una amarga verdad solamente – el Señor había hecho que toda nuestra iniquidad cayera sobre Él, y como un gusano, Él fue desamparado y molido en nuestro lugar.

Esta metáfora oscura del Mesías agonizante no esta solamente en las Escrituras. Hay otros que nos llevan más a fondo al corazón de la Cruz y nos abre que “Él padezca mucho” en orden de ganar la redención de su gente. Si temblamos ante las palabras del Salmista, seremos llevados a oír al tres veces santo Hijo de Dios volverse la serpiente levantada en el desierto, y después, el cordero expiatorio que cargaba el pecado que se dejaba a morir solo.

La primera metáfora se encuentra en Números. Por la constante rebelión de Israel hacia Dios y su rechazo de Su provisión misericordiosa, Dios envío “serpientes abrasadoras” entre el pueblo y muchos murieron. Sin embargo, como resultado del arrepentimiento del pueblo y la intercesión de Moisés, Dios una vez más hizo provisión para su salvación. Él le ordenó a Moisés “Hazte una serpiente abrasadora y ponla sobre un asta” Él luego prometió que “todo el que sea mordido la mire, vivirá.”

Al principio parece contradictorio a la lógica que “la cura tuviera la semejanza de aquel que había herido.” Sin embargo provee una poderosa imagen de la Cruz. Los israelitas estaban muriendo del veneno de las serpientes abrasadoras. El hombre muere del veneno de su propio pecado. A Moisés le habían ordenado poner la causa de la muerte alto en un asta. Dios puso la causa de nuestra muerte sobre Su propio Hijo al colgar alto sobre la Cruz.  Él había venido “en semejanza de carne de pecado” y fue “pecado por nosotros.” Los israelitas que le creyeran a Dios y miraran a la serpiente de bronce vivirían.  El hombre que cree el testimonio de Dios según Su Hijo y le ve en fe será salvo. Como está escrito (Is. 45:22), “Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.”

La segunda metáfora se encuentra en el libro sacerdotal de Levítico. Como era imposible que un solo sacrificio ilustrara o simbolizara completamente la muerte expiatoria del Mesías, un sacrificio involucrando dos corderos fue puesto ante el pueblo. El primer cordero fue inmolado como ofrenda expiatoria ante el Señor, y su sangre fue rociada en y delante del propiciatorio detrás del velo del lugar santísimo. Simbolizaba a Cristo quien derramó Su sangre en la Cruz para expiar por los pecados de Su pueblo. El segundo cordero era presentado ante el Señor como un cordero expiatorio. El Sumo Sacerdote imponía sus manos sobre el animal “ambas manos sobre la cabeza del macho cabrío y confesará sobre él todas las iniquidades de los hijos de Israel y todas sus transgresiones, todos sus pecados.” El cordero expiatorio entonces era enviado al desierto llevando la iniquidad del pueblo a un lugar solitario. Allí vagaría solo, desamparado de Dios y cortado de en medio del pueblo. Simbolizaba a Cristo quien “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz,” sufrió y murió solo “fuera del campamento.” Lo que era simbólico en la Ley se volvió una realidad insoportable para el Mesías.

¿No es asombroso que un gusano, una serpiente venenosa, y un cordero sean puestos como tipos de Cristo? Para identificar al Hijo de Dios con cosas “aborrecibles” seria blasfemo si no vinieran de los santos del Antiguo testamento “inspirados por el Espíritu Santo” y confirmados por los autores del Nuevo Testamento, quienes van mas allá en las descripciones sombrías.  Bajo la inspiración del Espíritu Santo ellos son lo suficientemente audaces para decir que Aquel que no tuvo pecado “le hizo pecado,” y Él quien fue el amado del Padre, fue “hecho maldición” ante Él.  Hemos oído estas verdades antes, pero ¿nunca las hemos considerado lo suficiente para ser quebrantados?

En la Cruz, El declarado “santo, santo, santo” por el coro de Serafines, se “hizo” pecado. El viaje al significado de esta frase parece casi muy peligroso. Tropezamos ante el primer paso. ¿Que significa que Aquel en quien “toda la plenitud de la Deidad reside corporalmente” se “hizo pecado?” No debemos explicar la verdad ligeramente tratando de proteger la reputación del Hijo de Dios, y aún, debemos de tener cuidado de no hablar cosas terribles contra Su carácter impecable e inmutable.

Según las Escrituras, Cristo se “hizo pecado” en la misma manera en que los pecadores se “vuelven la justicia de Dios” en Él. En su segunda epístola a la iglesia de Corinto el Apóstol Pablo escribe (5:21):
“Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en Él.”

El creyente no es “justicia de Dios” por alguna obra purificadora o perfeccionadora según su carácter que lo haga como Dios y sin pecado, pero como resultado de la imputación por el cual él es considerado justo ante Dios por la obra de Cristo para él.  De la misma manera, Cristo no se hizo pecado por tener un carácter manchado o ensuciado, pero actualmente volviéndose depravado, pero como resultado de la imputación por el cual fue considerado culpable ante el juicio de Dios para nosotros. Esta verdad no debe causar que pensemos menos de la declaración de Pablo que Cristo se “hizo pecado.” Aunque fue una culpa imputada, fue una culpa real, trayendo una angustia inquietante a Su alma.  Él tomó nuestras culpas como suyas, estuvo en nuestro lugar, y murió desamparado de Dios.

Que Cristo "se hizo pecado” es una verdad terrible como incomprensible, y aun justo cuando pensamos que no se pueden decir palabras más oscuras contra Él, el apóstol Pablo enciende una lámpara y nos lleva al fondo de la humillación y desamparo de Cristo. Entramos en la caverna mas profunda para encontrar al Hijo de Dios colgando de la Cruz y llevando su titulo más infame – el ¡maldito de Dios!

Las Escrituras declaran que toda la humanidad está bajo la maldición. Como está escrito (Gál. 3:10), “maldito todo el que no permanece en todas las cosas escritas en el libro de la Ley, para hacerlas.” Desde la perspectiva celestial, aquellos que quebrantan la Ley de Dios son viles y dignos de aborrecimiento. Son miserables, justamente expuestos a la venganza divina, y justamente devotos a la destrucción eterna. No es una exageración decir que la última cosa que el pecador maldito debería y oirá cuando él de el primer paso en el infierno es a toda la creación parándose y aplaudiendo a Dios por haberse desasido de él de la faz de la tierra. Tal es la vileza de aquellos que quebrantan la Ley de Dios, y tal el desdén de lo santo hacia lo impío. Y aun así el Evangelio nos enseña que “Cristo nos redimió de la maldición de la ley, habiéndose hecho maldición por nosotros (porque escrito está: MALDITO TODO EL QUE CUELGA DE UN MADERO)” (Gál. 3:13).  Cristo se volvió lo que nosotros éramos en orden de redimirnos de lo que merecíamos.  Él se volvió un gusano y no un hombre, la serpiente levantada en el desierto, el cordero enviado fuera del campamento, el cargador de pecados, y Aquel sobre el cual la maldición de Dios cayó.  Es por esta razón que el Padre lo rechazó y todo el cielo escondió su rostro.

Es una gran travesía que el verdadero significado de la “exclamación de la cruz” de Cristo a menudo se ha perdido en un cliché romántico. No es raro oír a un predicador declarar que el Padre rechazó al Hijo porque no podía soportar el sufrimiento infligido en Él por las manos de hombres malvados. Tales interpretaciones son una completa distorsión del texto y de lo que realmente transpiró en la Cruz. El Padre no rechazó a Su Hijo porque le haya faltado fuerza para testificar Su sufrimiento, pero porque “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en El” (2Cor. 5:20-21).  Él puso nuestros pecados sobre Él y le rechazó porque Sus ojos son demasiados puros como para aprobar la maldad y no puede ver la maldad con favor.

No es sin razón que muchos tratados bíblicos ilustran un abismo entre un Dios santo y el hombre pecaminoso. Con tal ilustración las Escrituras están completamente de acuerdo. Como el profeta Isaías clamo:
"He aquí, no se ha acortado la mano del SEÑOR para salvar; ni se ha endurecido su oído para oír. Pero vuestras iniquidades han hecho separación entre vosotros y vuestro Dios, y vuestros pecados le han hecho esconder su rostro de vosotros para no escucharos." (Isaías 59:1-2)

Es por esto que todos los hombres habrían vivido y muerto separados de la favorable presencia de Dios y bajo la ira divina si el Hijo de Dios no hubiera estado en su lugar, llevando el pecado, y muerto “desamparado de Dios” por ellos. Para cerrar la brecha y restaurar la comunión, “¿No era necesario que el Cristo padeciera todas estas cosas?”

Cristo Muere bajo la Ira de Dios
Para obtener la salvación de su gente, Cristo no solamente sufrió el terrible desamparo de Dios, pero Él tomó la amarga copa de la ira de Dios y murió una muerte sangrienta en lugar de Su gente. Solo entonces podía ser satisfecha la justicia divina, apaciguar la ira de Dios, y hacer posible la reconciliación.

En el huerto, Cristo oró tres veces para que “la copa” fuera removida de Él, pero cada vez Su voluntad se entregaba a la voluntad del Padre.  Debemos preguntarnos ¿que contenía la copa que hiciera que Él pidiera fervientemente? ¿Qué contenía que causara tal angustia que Su sudor se mezclara con sangre? A menudo se dice que la copa representaba la cruel Cruz romana y la tortura física que le esperaba; que Cristo previó el látigo de nueve colas viniendo detrás de su espalda, la corona de espinas penetrando su frente, y los clavos primitivos que serian atravesados por Sus manos y Sus pies. Aun aquellos que ven estas cosas como la fuente de Su angustia no entienden la Cruz, ni lo que ocurrió ahí. Aunque las torturas lo colmaban por las manos humanas era el plan redentor de Dios, había algo mucho más ominoso que evocó el clamor de liberación del Mesías

En los primeros siglos de la iglesia primitiva, miles de cristianos murieron en cruces. Se dice que Nerón los crucifico al revés, los cubrió de alquitrán, y les prendía fuego para proveer de luz a las calles de la ciudad de Roma. A través de las épocas desde entonces, un sin numero de cristianos han sido llevados a las más inquietantes torturas, y aun es el testimonio de amigos y enemigos al igual que muchos de ellos fueron ante la muerte con gran sagacidad. ¿Hemos de creer que los seguidores del Mesías enfrentaron tal muerte cruel y con gozo indecible, mientras el Capitán de su Salvación se acobardó en el huerto, fingiendo la misma tortura? ¿Acaso el Cristo de Dios le temió a látigos y espinas, cruces y lanzas, o acaso la copa representó el terror infinito que va mas allá que la crueldad humana?

Para entender el contenido ominoso de la copa, debemos dirigirnos a las Escrituras. Hay dos pasajes en particular que debemos considerar – uno de los Salmos y el otro de los profetas:
“Porque hay un cáliz en la mano del SEÑOR, y el vino fermenta, lleno de mixtura, y de éste Él sirve; ciertamente lo sorberán hasta las heces y lo beberán todos los impíos de la tierra.”

“Porque así me ha dicho el SEÑOR, Dios de Israel: Toma de mi mano esta copa del vino del furor, y haz que beban de ella todas las naciones a las cuales yo te envío. Y beberán y se tambalearán y enloquecerán a causa de la espada que enviaré entre ellas.”

Como resultado de la rebeldía incesante de los impíos, la justicia de Dios había decretado un juicio contra ellos. Justamente derramaría su indignación sobre las naciones. Él pondría el vino de Su ira en sus bocas y forzarlos a tomar hasta sus heces. El simple pensamiento de que tal destino le espera al mundo es absolutamente terrible, y aun así ese habría sido el destino de todos, excepto que la misericordia de Dios buscó la salvación de la gente, y la sabiduría de Dios elaboró un plan de redención aún desde antes de la fundación del mundo. El Hijo de Dios se haría hombre y caminaría esta tierra en perfecta obediencia a la Ley de Dios. Él seria como nosotros en todos lo sentidos, y tentado en todos las maneras como nosotros, pero sin pecado.  Él viviría una vida perfectamente justa para la gloria de Dios y en lugar de Su gente. Y en el tiempo designado, Él seria crucificado a manos de hombres impíos, y en esa Cruz, Él llevaría la culpa de Su gente, y sufriría la ira de Dios contra ellos. El perfecto Hijo de Dios y verdadero Hijo de Adán juntos en una gloriosa persona tomaría la amarga copa de la mano de Dios y la tomaría hasta las heces. Él tomaría hasta que fuera “consumado” y la justicia de Dios fuera completamente satisfecha. La ira divina que debió haber sido nuestra seria exhausta sobre el Hijo, y seria extinguida por Él.

Imagínese una represa que está llena hasta el tope y presionada contra el peso detrás de ella. De una el muro protector es removido y el poder destructivo es liberado. Y cómo la destrucción certera corre hacia el pueblo en el valle cercano, de repente la tierra se abre ante el pueblo y se traga aquello que la habría arrasado. De la misma manera, el juicio de Dios corría directamente al hombre. No se podía encontrar escape en la montaña más alta o en el abismo más profundo. Los pies más veloces no podrían haber escapado, ni el mejor nadador soportar sus tormentos. La represa fue quebrada y nada podía arreglar su daño. Pero cuando toda esperanza humana fue exhausta, en el tiempo oportuno, el Hijo de Dios se interpuso. Él se paró entre la justicia divina y su gente. Él tomó la ira que ellos mismos habían encendido y el castigo que ellos merecían. Cuando Él murió ni una gota del diluvio quedó. ¡Él la tomó toda!

Imagínese dos piedras de molino, una girando encima de la otra. Imagínese que entre las piedras hay un grano de trigo que es halado por el gran peso. Primero es molido hasta ser irreconocible, y después sus partes internas son esparcidas y molidas en polvo. No hay esperanza de removerlo o reconstruirlo. Todo se ha perdido e irreparable. De igual manera, “Le plació a Dios” moler a Su propio Hijo y ponerlo en angustia indescriptible. Por lo tanto, le plació al Hijo someterse a tal sufrimiento en orden de que Dios fuera glorificado y una gente fuera redimida. No es que Dios se haya complacido o encontrado placer en el sufrimiento de Su amado Hijo, pero por su muerte, la voluntad de Dios se cumplió. Ningún otro medio tenía poder de remover el pecado, satisfacer la justicia, y apaciguar la ira de Dios contra nosotros. A menos que ese grano de trigo divino hubiera caído y muerto, habría permanecido solo sin una gente o una esposa. El placer no estuvo en el sufrimiento, pero en todo lo que el sufrimiento lograría: Dios seria revelado en una gloria aun desconocida a hombres y ángeles, y gente seria traída a una relación sin obstáculos con Dios.

En una de las historias más épicas del Antiguo Testamento, al patriarca Abraham le es ordenado llevar a su hijo Isaac al Monte Moriah y allí ofrecerlo como sacrificio a Dios.
“Toma ahora a tu hijo, tu único, a quien amas, a Isaac, y ve a la tierra de Moriah, y ofrécelo allí en holocausto sobre uno de los montes que yo te diré.”

¡Qué carga la que fue puesta sobre Abraham! No podemos ni imaginarnos la tristeza que llenó el corazón del hombre anciano y la tortura que llevó cada pasó del viaje. Las Escrituras son cuidadosas en contarnos que él fue ordenado a ofrecer a "su hijo, su único hijo a quien amaba.” La especificidad parece diseñado para agarrar nuestra atención y hacernos pensar que hay un significado más oculto en estas palabras de las que podemos ver.

En el tercer día los dos llegaron al lugar indicado, y el padre mismo ató a su amado hijo con sus propias manos. Finalmente en sumisión a lo que debía hacer, él puso su mano sobre su hijo y “tomó el cuchillo para sacrificar a su hijo.” En ese momento, la misericordia y gracia de Dios se interpuso, y la mano del anciano se detuvo. Dios lo llamó desde el cielo y dijo:
"¡Abraham, Abraham!... No extiendas tu mano contra el muchacho, ni le hagas nada; porque ahora sé que temes a Dios, ya que no me has rehusado tu hijo, tu único."

A la voz del Señor, Abraham alzó los ojos y vio un carnero atrapado por los cuernos. Tomó el carnero y lo ofreció en lugar de su hijo. Y luego nombró el lugar YHWH-Jireh o “el Señor proveerá.” Es un dicho fiel que permanece hasta el día de hoy, “En el monte del SEÑOR se proveerá.” Al venir a un cierre de cortina en este momento épico en la historia, no solamente Abraham, pero también todos los que han leído este acontecimiento dan un suspiro de alivio que el muchacho se hubiera salvado. ¡Pensamos qué hermoso fin, pero no es el fin, era una simple intermedio!

Dos mil años más tarde, las cortinas se vuelven a abrir.  El fondo es oscuro y ominoso. En el centro del escenario esta el Hijo de Dios en el Monte de la Calavera. Él está atado por la obediencia de la voluntad de Su Padre. Él cuelga llevando el pecado de Su gente. Él es maldito – traicionado por su creación y desamparado de Dios. Entonces, el silencio es roto con el horroroso trueno de la ira de Dios. El padre toma el cuchillo, levanta el brazo, y sacrificó a Su “hijo, [el] único, a quien amas,” y las palabras del profeta Isaias son cumplidas:
“Ciertamente Él llevó nuestras enfermedades, y cargó con nuestros dolores; con todo, nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y afligido. Mas Él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, y por sus heridas hemos sido sanados…Pero quiso el SEÑOR quebrantarle, sometiéndole a padecimiento. Cuando Él se entregue a sí mismo como ofrenda de expiación, verá a su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del SEÑOR en su mano prosperará.”

La cortina se cierra con un Hijo sacrificado y un Mesías crucificado. A diferencia de Isaac no había carnero que muriera en Su lugar. Él era el cordero quien moriría por los pecados del mundo. Él es la provisión de Dios para la redención de Su gente. Él es el cumplimiento de quien el carnero e Isaac solo eran sombras. En Él el Monte de la Calavera es renombrado “YHWH-jireh” o “el Señor proveerá.” Es un dicho fiel hasta el día de hoy, “En el monte del SEÑOR se proveerá.” El Calvario era el monte y la salvación fue provista, Así el creyente que discierne clama: “Dios, Dios, se que me amas ya que no me has rehusado Tu Hijo, Tu único.”

Es una injusticia al Calvario que el verdadero dolor de la Cruz es a menudo pasado por alto por un tema romántico y menos poderoso. A menudo es predicado que el Padre miro desde el cielo y testifico el sufrimiento que era colmado sobre Su Hijo por manos humanas, y que Él contó tal aflicción como pago por nuestros pecados. Esto es herejía de la peor clase. Cristo satisfizo la justicia divina no solo soportando la aflicción de los hombres, pero soportando y muriendo bajo la ira de Dios. Toma más que cruces, clavos, coronas, y lanzas, para pagar por el pecado. El creyente es salvado no solo por lo que le hicieron los hombres a Cristo en la Cruz, pero por lo que Dios le hizo a Él - Él lo molió bajo toda la fuerza de Su ira contra nosotros. ¡Raramente esta verdad se hace suficientemente clara en nuestra predica del Evangelio!

Fuente: Cristianismo bíblico


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CONFÍA MÁS Y PREOCÚPATE MENOS IV

CONFÍA MÁS Y PREOCÚPATE MENOS Parte IV
Por Max Lucado
Traducido por Dr. Daniel Guerrero

INTRODUCCIÓN
En este mensaje, que he editado en cuatro partes, el pastor Max Lucado nos expone nuestra necesidad de confiar en Dios muy a pesar de nuestras debilidades, preguntas y miedos.  En la Primera parte, él habla de cómo podemos confiar en el PODER DE DIOS en medio de nuestras debilidades; en la Segunda parte, habla del SILENCIO DE DIOS cuando más nos atacan nuestras preguntas; y en la Tercera parte, el pastor Lucado nos habla de la FIDELIDAD DE DIOS que puede disipar nuestros miedos y temores.

Ahora en esta Cuarta y última parte, veremos como podemos vencer nuestras dudas basados en las PROMESAS DE DIOS...

NUESTRAS DUDAS, LAS PROMESAS DE DIOS
Hay tormentas de nieve. Hay tormentas de granizo. Hay tormentas de lluvia. Y hay tormentas de duda...

De vez en cuando una tormenta de dudas se avalancha en mi vida, trayendo consigo un aluvión de preguntas y ventarrones de miedo. Y, poco después de la hora, la luz brilla nuevamente a través de . A veces, después de la tormenta vienen las noticias de la noche. Algunas noches me pregunto por qué verlas. Algunas noches es demasiado. Desde las escalinatas de la Corte Suprema de Justicia a las estepas del sur de África, las noticias suelen ser sombrías... treinta minutos del tamaño de un bocado de tragedias. Un hombre guapo con un traje bonito, con una voz cálida da malas noticias.  Le llaman el presentador (anchor: "ancla" en inglés).  Buen título... Uno necesita un "ancla" en las aguas tempestuosas de hoy.

A veces me pregunto: ¿Cómo pudo llegar nuestro mundo a ser tan caótico? A veces la tormenta viene cuando estoy en el trabajo. Historia tras historia de hogares que no sanan y corazones que no se suavizan. Siempre hay más hambre que comida, hay más necesidades que dinero, hay más preguntas que respuestas. Y los domingos me encuentro ante una iglesia con un bosquejo de tres puntos en la mano, con treinta minutos en el reloj, y una oración en los labios. Hago lo que puedo para decir algo y convencer a un extraño que un Dios invisible todavía oye.

Y a veces me pregunto por qué hay tantos corazones heridos. ¿Alguna vez has estado en una tormenta de dudas? Algunos de ustedes no, lo sé. Sí, ya he hablado contigo. Algunos de ustedes tienen un optimismo "Davidiano" que desafía cualquier Goliat. Yo pensaba que, en el mejor de los casos, usted era ingenuo; y en el peor de los casos, era falso.

Ya yo no pienso así más.

Creo que tienes talento. ¡Estás dotado de fe!  Usted puede ver el arco iris antes que las nubes se vayan. Si usted tiene ese don, a continuación, omita este capítulo. No voy a decir nada que necesite escuchar. Pero algunos de ustedes sí tienen preguntas... Te preguntas lo que otros saben que tú no sabes. Te preguntas si tú eres el ciego o si son ellos. Uno se pregunta por qué algunos proclaman "Eureka" antes de encontrar oro. Uno se pregunta por qué algunos gritan "Tierra a la vista", antes que la niebla se haya despejado. Se preguntan cómo algunas personas creen con tanta confianza mientras que usted cree de tan mala gana...

Como consecuencia, usted se siente un poco incómodo en el banco acolchado de la fe ciega. Su héroe de la Biblia es Tomás. Su segundo nombre es precaución. Sus preguntas son la pesadilla de todos los maestros de escuela dominical. "Si Dios es tan bueno, ¿por qué a veces me siento tan mal?"... "Si su mensaje es tan claro, ¿por qué me siento tan confundida?"... "Si el Padre está en control, ¿por qué las personas buenas tienen desgarradores problemas?"... Uno se pregunta si es una bendición o una maldición tener una mente que nunca descansa. Pero preferiría ser un cínico que un hipócrita, por lo que sigo orando con un ojo abierto y me pregunto:
· sobre los millones de niños hambrientos
· sobre el poder de la oración
· sobre las profundidades de la gracia
· sobre los cristianos en las salas de cáncer
· sobre quién es usted para hacer tales preguntas.
Preguntas difíciles. Preguntas tira-la-toalla. Preguntas que los discípulos debieron hacerse mientras estaban en la tormenta.

Todo lo que podían ver eran cielos negros, ya que rebotaban de un lado a otro en el barco maltrecho.  Nubes remolineantes. Velas blancas llevadas por el viento. El pesimismo se enterró en la costa. El florecimiento se inundó en la proa. Lo que podría haber sido un viaje agradable se convirtió en un paseo de caras pálidas a través de un mar de miedo. La pregunta, ¿Qué esperanza tenemos de sobrevivir a una noche de tormenta? Mi pregunta: ¿Dónde está Dios cuando tu mundo está bajo una tormenta? Tormentas de dudas: días turbulentos cuando el enemigo es demasiado grande, la tarea es demasiado grande, el futuro es demasiado sombrío, y las respuestas son muy pocas. De vez en cuando una tormenta viene, y voy a mirar hacia el cielo ennegrecido y digo: "Dios, ¿un poco de luz, por favor?"

La luz vino a los discípulos. Una figura se acercó a ellos caminando sobre el agua. No era lo que esperaban. Quizás estaban esperando ángeles descendiendo o que el cielo se abriera; quizás escuchar una proclamación divina que calmara la tormenta. No sabemos lo que estaban esperando. Pero una cosa es segura, no estaban esperando a Jesús caminando sobre las aguas. "¡Es un fantasma!" -dijeron; y gritaron de miedo" (Mateo 14:26). Y ya que Jesús vino de una manera que no esperaban, también casi pierden la respuesta a sus oraciones.

Y a menos que miremos y escuchemos con atención, nos arriesgamos a cometer el mismo error. Las luces de Dios en nuestras noches oscuras son tan numerosas como las estrellas, si sólo vamos a buscarlas. ¿Puedo compartir algunas luces con ustedes que recientemente han iluminado mi mundo?

Un amigo y yo nos sentamos en su coche, en frente de mi casa, y hablamos de su dilema. Su cliente principal se alejó de él, dejándolo con grandes facturas y pocas soluciones. Lo que el cliente hizo no estaba bien, pero de todos modos lo hizo. La empresa del cliente era grande y mi amigo era pequeño, y no había mucho que él pudiera hacer. Mi amigo se quedó en un foso de leones hambrientos deseando cifras de seis números de satisfacción. Me dijo: -"Llamé a mi tío y le conté lo que había sucedido. Le dije que estaba pensando en la declaración de bancarrota. -"¿Qué te dijo?" -Le pregunté. "No dijo nada" -respondió mi amigo.-"Después que él se quedó en silencio por un largo tiempo, lo dije por él: Nosotros no lo hacemos así, ¿verdad?" -"No, no lo hacemos", -me dijo. Así que voy a pagar las cuentas. Si tengo que vender mi casa, no importa, pero voy a pagar mis cuentas".

Me sentí alentado. Alguien todavía cree que si hace lo correcto, Dios va a hacer lo que es mejor. Yo se que todavía hay algunos con la fe de así-no-se-hace en el mundo. El cielo empezó a aclarar...

La luz número dos provenía de una sala de cáncer. -"Vamos a celebrar cuarenta y cuatro años mañana", dijo Jack, mientras alimentaba a su esposa. Ella estaba calva. Tenía los ojos hundidos, y balbuceaba. Ella sólo miraba hacia delante, y sólo abría su boca cuando él le acercaba el próximo bocado. Le limpiaba la mejilla. Le secaba la frente. -"Ella ha estado enferma durante cinco años", me dijo Jack. -"Ella no puede caminar. Ella no puede cuidar de sí misma. Ni siquiera puede alimentarse por sí misma, pero la amo". -"Y, (habló más fuerte para que pudiera oír),vamos a vencer a esta cosa, ¿no es cierto, querida?"  Él le dio de comer unos bocados y habló de nuevo: -"No tengo seguro. Cuando me lo podía permitir, pensé que no lo necesitaría. Ahora le debo a este hospital más de US$ 50.000.  Él se quedó callado por unos momentos, mientras le daba otro trago. Luego continuó. -"Pero ellos no me molestan. Saben que no puedo pagar; pero nos han admitido sin preguntas. Los médicos nos tratan como si fuéramos los mejores pacientes que pagan. ¿Quién hubiera imaginado tanta amabilidad?"

Tuve que darle la razón. ¿Quién hubiera imaginado tanta amabilidad? En un mundo espinoso de alta tecnología, y un costoso, a menudo criticado, sistema de salud, era tranquilizador encontrar profesionales que sirvan a dos que no tenína nada que dar a cambio.

Jack me dio las gracias por haber venido, y le agradecí a Dios una vez más que, un breve destello de luz me recordara que el sol está detrás de las nubes.

Luego, unos días después, vino otra luz.  Larry Brown es el entrenador de los Spurs de San Antonio, la liga local de baloncesto profesional. Yo no lo conozco personalmente (aunque se rumorea que él quiere que yo firme un contrato de varios años y juegue como pivote en el equipo... agradable fantasía). El coach Brown y yo recientemente pasamos una tarde en una tienda  local para  hombres, firmando autógrafos. Él tenía previsto pasar dos horas, pero terminó pasando tres.  Niños portando lápices-y-pads sitiaron el lugar, haciéndole preguntas y estrechándole la mano. Cuando finalmente fue capaz de escaparse, se subió a su coche, sólo para observar un espectáculo conmovedor. Un niño que llegó tarde -pedaleando duro, saltó de su bicicleta, y corrió a la ventana, para ver si el entrenador todavía estaba en la tienda. Cuando vio que no estaba, se volvió lenta y tristemente, se acercó a su bicicleta y empezó a cabalgar. El coach Brown apagó el motor, salió del carro y se acercó al muchacho. Charlaron por unos minutos, fueron al lado a una farmacia, se sentaron en una mesa, y bebieron una bebida gaseosa. Ningún reportero estaba cerca. Ninguna cámara estaba encendida. En cuanto a estos dos supieran, más nadie lo sabía. Estoy seguro de que Larry Brown tenía otras cosas que hacer esa tarde. No hay duda que también tenía otras citas que cumplir. Pero es dudoso que cualquier otra cosa que pudiera haber hecho esa tarde fuera más importante que lo que hizo. En un mundo de grandes estrellas y de altos profesionales brillantes del deporte, me hizo bien saber que todavía hay un entrenador que sigue siendo un entrenador de corazón. Escuchar lo que hizo fue suficiente para volar lejos de cualquier nube de duda y para dejarme calentar por la luz de Dios... de Su luz suave.

Luces suaves: Soluciones de Dios para tormentas de dudas. Con hojuelas doradas que iluminan en ámbar esperanza en la oscuridad. Sin rayos. Ni explosiones de luz. Sólo luces suaves. Un hombre de negocios elige la honestidad. Un hospital elige la compasión. Una celebridad elige la bondad. Evidencias visibles de la mano invisible.  Suaves recordatorios que el optimismo no es sólo para los tontos.

Divertido. Ninguno de los eventos fueron "religiosos".  Ninguno de los encuentros tuvieron lugar en una ceremonia o en un culto de la iglesia. Ninguno estará en las noticias de las seis. Pero eso es lo que sucede con las luces suaves.

Cuando los discípulos vieron a Jesús en medio de su noche de tormenta, le llamaron un fantasma. ¡Un fantasma!  Una alucinación. Para ellos, el resplandor era cualquier cosa menos Dios. Cuando vemos las luces suaves en el horizonte, a menudo tenemos la misma reacción.  Descartamos la  bondad ocasional como apariciones, accidentes o anomalías. Cualquier cosa menos Dios. "Cuando Jesús venga" -pudieron haber pensado los discípulos en el barco, "va a dividir el cielo. El mar estará en calma. Las nubes se dispersarán".  "Cuando Dios venga" -nosotros los escépticos pensamos, "todo el dolor huirá. La vida será tranquila. No habrá más preguntas". Y lamentablemente, por buscar la hoguera, nos perdemos la vela. Por escuchar el grito, nos perdemos el susurro.

Pero en las velas bruñidas es que Dios viene, y por medio de promesas susurradas es que Él habla: "Cuando dudes, mira a tu alrededor, yo estoy más cerca de lo que tú crees".


Si también desea leer la Primera parte de este mensaje, haga click aquí.

FUENTE:
Trusting more, worrying less


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¡CONFÍA MÁS, PREOCÚPATE MENOS! III

¡CONFÍA MÁS Y PREOCÚPATE MENOS! Parte III
Por Max Lucado
Traducido por Dr. Daniel Guerrero

INTRODUCCIÓN
En la primera parte el pastor Max Lucado nos habla sobre la ansiedad y cómo el poder de Dios se manifiesta y perfecciona a pesar de nuestras debilidades.  Y en la Segunda parte, analizando la experiencia del profeta Juan el bautista y el Señor Jesús, nos habla sobre nuestras dudas ante el silencio de Dios y cómo éstas atacan nuestra fe en Dios en medio de nuestras crisis y dificultades.

Ahora continuemos con la Tercera parte de este mensaje...

NUESTROS MIEDOS, LA FIDELIDAD DE DIOS
"Ellos vieron a Jesús... caminando sobre el agua, y se llenaron de temor" (1Jn. 6:19).

La fe es a menudo el hijo del miedo. El miedo impulsó a Pedro de la barca. Había cabalgado estas ondas antes. Él sabía lo que estas tormentas podrían hacer. Había oído las historias. Había visto los restos. Conocía las viudas. Sabía que la tormenta podría matar. Pero él quiso salir. Durante toda la noche él quería salir. Durante nueve horas había tirado de las velas, luchó con los remos, y buscó en cada sombra en el horizonte por esperanza. Estaba empapado hasta el alma y exhausto hasta los huesos por el gemido del endemoniado viento.

Mira dentro de los ojos de Pedro y no verás a un hombre de convicciones. Indaga en su cara y no encontrarás ni una mueca valiente. Más tarde, lo harás. Verás su valentía en el jardín. Serás testigo de su devoción en Pentecostés. Contemplarás su fe en sus epístolas. Pero no esta noche. Mírale a los ojos esta noche y verás miedo -un sofocante temor, el corazón acelerado de un hombre que no tiene salida.

Pero de este miedo nacerá un acto de fe, porque la fe es a menudo el hijo del miedo. "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría", escribió el sabio (Pro. 9:10) y Pedro pudo haber sido la ilustración de su sermón. Si Pedro hubiera visto a Jesús caminando sobre el agua durante un tranquilo y pacífico día, ¿crees que hubiera salido a caminar con él?

Yo tampoco.

Si el lago hubiera sido una alfombra suave y el viaje placentero, ¿crees que Pedro le hubiera rogado a Jesús que le llevará de paseo por la superficie del agua? Lo dudo. Pero dale a un hombre la elección entre una muerte segura y una loca oportunidad, y cada vez va a correr el riesgo de ir tras la oportunidad... ¡Sin falta!

Grandes actos de fe rara vez nacen de un tranquilo cálculo.

"La fe es a menudo el hijo del miedo".

No era lógico lo que movió a Moisés a levantar su vara en la orilla del Mar Rojo (Éx. 14:15-16).  No fue la investigación médica lo que convenció a Naamán  de sumergirse siete veces en el río (2Rey. 5:13-14). No tenía sentido común lo que hizo que Pablo abandonara la Ley y abrazara la gracia (Ro. 3).

Y no era un comité confiado el que oraba, en una pequeña habitación de Jerusalén, por la liberación de Pedro de prisión (Hch. 12:6-17).  Era una temerosa, desesperada, banda de arrinconados creyentes. Era una iglesia sin opciones. Una congregación de "los-que-no-tienen" suplicando por ayuda.

Y nunca fueron más fuertes.

Al comienzo de cada acto de fe, a menudo hay una semilla de miedo.

Las biografías de discípulos audaces comienzan con capítulos de terror honesto. El miedo a la muerte. El miedo al fracaso. El miedo a la soledad. El temor a una vida desperdiciada. El miedo de no conocer a Dios. La fe comienza cuando usted ve a Dios en la montaña y se encuentra en el valle y sabes que eres demasiado débil para hacer la escalada. Usted ve lo que usted necesita. . . ve lo que tienes. . . y lo que tiene no es suficiente para lograr algo.

Pedro había dado su mejor esfuerzo. Pero su "mejor" no era suficiente.

Moisés tenía un mar al frente y detrás a un enemigo. Los israelitas sabían nadar o podían luchar. Pero ninguna de estas opciones era suficiente.

Naamán había intentado con varios tratamientos y aún consultó a los adivinos. Viajar largas distancias para sumergirse en un río fangoso no tenía mucho sentido, especialmente cuando había otros ríos más limpios en su patio trasero. Pero, ¿qué opción tenía?

Pablo había dominado la Ley. Él había llegado a dominar el sistema. Pero una visión de Dios lo convenció de que los sacrificios y los símbolos no eran suficientes.

La iglesia de Jerusalén sabía que no tenían ninguna esperanza de llegar a la prisión donde estaba Pedro. Ellos tenían algunos cristianos que podrían pelear, pero eran muy pocos. Tenían influencia, pero muy poca. No necesitaban músculos. ¡Necesitaban un milagro!

Lo mismo sucede con Pedro. Él está consciente de dos hechos: Él se está hundiendo y Jesús se queda arriba. Él sabe donde preferiría estar. No hay nada malo con esta respuesta. La fe que comienza con el miedo va a terminar más cerca del Padre.

Fui al oeste de Texas hace algún tiempo atrás para hablar en el funeral de un amigo piadoso de la familia,. Él había criado a cinco hijos. Uno de sus hijos, Pablo, contó una historia sobre el primer recuerdo que tenía de su padre: Era primavera en el oeste de Texas - temporada de tornados. Pablo en ese momento, sólo tenía tres o cuatro años de edad, pero él recuerda vívidamente el día que un tornado golpeó su pequeño pueblo. Su padre empujó al interior a los niños y los hizo tumbarse en el suelo, mientras él puso un colchón sobre ellos. Pero su padre no se puso bajo protección. Pablo recuerda que se asomó de debajo del colchón y lo vio de pie junto a una ventana abierta, viendo el embudo del tornado girar y golpear la pradera. Cuando Pablo vio a su padre, sabía dónde quería estar. Luchó para salir de los brazos de su madre, salió de debajo del colchón, y corrió para envolver sus brazos alrededor de las piernas de su papá... -"Algo me decía", dijo Pablo- "que el lugar más seguro para estar en una tormenta era al lado de mi padre."

Algo le dijo a Pedro la misma cosa...

"Señor, si eres tú", dijo Pedro, "manda que yo vaya a ti sobre las aguas" (Mt. 14:28). Pedro no está poniendo a prueba a Jesús, él le suplicaba a Jesús. Pisar un mar tormentoso no es un movimiento de la lógica, sino que es un movimiento de desesperación. Pedro agarra el borde de la embarcación. Lanza una pierna... y sigue con la otra. Hace varios pasos. Es como si una invisible cresta de rocas corre bajo sus pies. Al final de la cresta está la cara brillante de un amigo, que dice "nunca-te-des-por-vencido".

Nosotros hacemos lo mismo, ¿verdad? Venimos a Cristo en un momento de profunda necesidad. Abandonamos el barco de las buenas obras. Nos damos cuenta, como Moisés, que la fuerza humana no nos salvará. Así que buscamos a Dios con desesperación. Nos damos cuenta, al igual que Pablo, que todas las buenas obras en el mundo son insignificantes si se depositan ante el Perfecto. Nos damos cuenta, como Pedro, que la creciente distancia entre nosotros y Jesús es una hazaña demasiado grande para nuestros pies. Así que suplicamos por ayuda. Oímos Su voz. Y salimos con miedo, esperando que nuestra pequeña fe será suficiente.

La fe no nace en la mesa de negociaciones en la que regateamos nuestros dones a cambio de la bondad de Dios. La fe no es un premio que se otorga a los más sabios. No es una medalla que se da a los más disciplinados. No es un título de herencia [o testamento] que se otorga a los más religiosos.

La fe es un salto desesperado de la barca del esfuerzo humano que se hunde y una oración para que Dios esté allí para sacarnos del agua. Pablo escribió acerca de esta clase de fe en la carta a los Efesios: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie pueda gloriarse"  (Ef. 2:8-9).

Pablo es claro. La fuerza suprema de la salvación es la gracia de Dios. No son nuestras obras. No son nuestros talentos. No son nuestros sentimientos. No es nuestra fuerza. La salvación es la repentina y tranquilizadora presencia de Dios, en los mares tempestuosos de la vida. Oímos Su voz, entonces damos el paso...

Nosotros, al igual que Pablo, somos conscientes de dos cosas: somos grandes pecadores y necesitamos un gran Salvador. Nosotros, como Pedro, somos conscientes de dos hechos: nosotros nos hundimos y Dios sigue de pie. Así que procuramos salir como sea. Dejamos atrás el Titanic de "la justicia propia" y nos paramos en el sólido sendero de la gracia de Dios. Y, sorprendentemente, ¡somos capaces de caminar sobre el agua!  La muerte está desarmada. Las fallas son perdonables. La vida tiene un propósito real. Y Dios no sólo está a la vista, ¡está a nuestro alcance!

Con preciosos, pasos tambaleantes, nos acercamos más a Él. Por una temporada de fuerza sorprendente, nos paramos sobre Sus promesas. No tiene sentido que seamos capaces de hacer esto. No pretendemos ser dignos de este asombroso regalo. Cuando la gente nos pregunta cómo en el mundo podemos mantener el equilibrio durante estos tiempos tormentosos, no alardeamos. No presumimos. Señalamos inmediatamente a Aquel que lo hace posible. Nuestros ojos están puestos solo en Él.

-"Nada en mis manos traigo, Simplemente a Tu cruz me aferro", cantamos ("Roca de los Siglos, hendida para mi"/“Rock of Ages, Cleft for Me” por Augustus M. Toplady).

-"Vestido solo con Su justicia, Impecable de pie delante del Trono", declaramos ("La Roca sólida"/“The Solid Rock”, por Edward Mote).

-"Tu gracia que enseñó mi corazón a temer, y gracia que a mis miedos alivió",  podemos explicar ("Asombrosa Gracia"/“Amazing Grace”, por John Newton).

Algunos de nosotros, a diferencia de Pedro, nunca miramos hacia atrás.

Otros de nosotros, como Pedro, sentimos el viento y nos asustamos (Mt. 14:30). Tal vez nos encontramos ante el viento de la soberbia: "Yo no soy un pecador tan malo después de todo. Mira lo que puedo hacer".  O tal vez nos encontramos ante el viento del legalismo: "Yo sé que Jesús está haciendo una parte de esto, pero yo tengo que hacer el resto".

La mayoría de nosotros, sin embargo, enfrenta más al viento de la duda: "Soy demasiado malo para que Dios me trate bien. No merezco tal rescate". Y nos lanzamos hacia abajo. Pesados con un bulto de mortalidad, nos hundimos. Tragando saliva y aterrados, caemos en una oscuridad y en un mundo anegado. Abrimos los ojos y sólo vemos oscuridad. Tratamos de respirar, y no hay aire que venga. Empezamos a patalear y a luchar por volver a la superficie. Con la cabeza apenas por encima del agua, tenemos que tomar una decisión...

Los orgullosos preguntan: -"¿Tenemos que 'salvar las apariencias', y nos ahogamos en el orgullo? ¿O gritamos para pedir ayuda y tomar la mano de Dios?". Los legalistas preguntan: -"¿Tenemos que hundirnos bajo el peso de plomo pesado de la Ley? ¿O debemos abandonar las reglas y pedir por la gracia de Dios?".   Los escépticos preguntan: -"¿Seguimos nutriendo nuestras dudas mientras murmuramos? ¿O realmente, mejor las dejamos a un lado esta vez?"  ¿O mejor esperamos que el mismo Cristo, que nos llamó de la barca, nos saque también fuera del mar?"

"La fe es un salto desesperado de la barca del esfuerzo humano que se hunde y una oración para que Dios esté allí para sacarnos del agua".

Sabemos la elección de Pedro. "(Cuando estaba) comenzando a hundirse, (él) exclamó: -'¡Señor, sálvame!'  Al momento Jesús, extendiendo la mano, y asió de él" (Mt. 14:30-31).

También sabemos la elección de otro marinero en otra tormenta. Aunque separados por diecisiete siglos, este marinero y Pedro están unidos por una notable similitud:
· Ambos se ganaban la vida en el mar.
· Ambos conocieron al Salvador después de una batalla de nueve horas en una tormenta.
· Ambos conocieron al Padre en el miedo y luego le siguieron en fe.
· Ambos se alejaron de sus barcos y se convirtieron en predicadores de la Verdad.

¿Conoces la historia de Pedro, el primer marinero? Déjame contarte la historia del segundo, que se llamaba Juan. Él había servido en el mar desde que tenía once años. Su padre, un capitán inglés en el Mediterráneo, lo llevaba a bordo y lo entrenó bien para una vida en la Armada Real. Sin embargo, lo que Juan ganó en experiencia, le faltaba en disciplina. Él se burlaba de la autoridad. Corría con la gente equivocada. Se entregó a los caminos pecaminosos de un marinero. Aunque su formación le habría calificado para servir como oficial, su comportamiento hizo que fuera azotado y degradado. A los veinte años, se dirigió a África, donde empezó a interesarse por el lucrativo comercio de esclavos. A la edad de veintiún años, se ganaba la vida en el Greyhound (el Galgo), un barco de esclavos, cruzando el Océano Atlántico. Juan ridiculizaba la moral y se burlaba de la religión. Él incluso hacía bromas acerca de un libro que, más tarde, le ayudaría a reestructurar su vida: la imitación de Cristo. De hecho, él estaba desprestigiando a ese libro un par de horas antes de que su barco entrara en una furiosa tormenta.

Esa noche, las olas golpearon al Greyhound, girando la nave durante un minuto en la cima de una ola.  Hundiéndola en la siguiente en un valle acuoso. Juan despertó más tarde para encontrar a su cabina llena de agua. Un lado de la Greyhound había colapsado.

Normalmente estos daños habrían enviado a un barco al fondo del mar en cuestión de minutos. La Grayhound, sin embargo, llevaba carga flotante y eso la mantuvo a flote. Juan trabajó achicando la nave toda la noche. Durante nueve horas, él y los otros marineros luchaban para mantener el barco a flote. Pero sabían que era una causa perdida. Por último, cuando su esperanza estaba más maltrecha que la misma embarcación, se arrojaron sobre la cubierta empapada de agua salada y suplicaron: -"¡Si esto no funciona, entonces que Dios se apiade de todos nosotros!"

Juan no merecía clemencia, pero él la recibió... El barco Grayhound (el Glago) y su tripulación sobrevivieron. Juan nunca se olvidó de la misericordia de Dios mostrada ese día tempestuoso en el rugiente Atlántico. Regresó a Inglaterra, donde se convirtió en un compositor prolífico. Usted ha cantado sus canciones, como la siguiente:
"¡Asombrosa gracia! cuán dulce suena,
¡Que salvó a un miserable como yo!
Una vez estuve perdido, pero ahora soy encontrado,
Estuve ciego, pero ahora veo".
("Asombrosa gracia"/“Amazing Grace,” por John Newton)

Este traficante de esclavos convertido en compositor fue Juan Newton. Junto con sus himnos escritos, él también se convirtió en un poderoso orador. Durante casi cincuenta años, llenó púlpitos e iglesias con la historia del Salvador que te conoció a ti y a mí en la tormenta. Uno o dos años antes de su muerte, la gente lo instó a renunciar a la predicación ya que estaba perdiendo la vista. 
-"¿Qué?", ​​Explicó. -"Puede el viejo blasfemo africano parar mientras él todavía puede hablar?"

Él no paraba. Él no podía parar. Lo que había comenzado como una oración llena de miedo resultó en una vida llena de fe. Durante sus últimos años, alguien le preguntó por su salud. Confesó que sus facultades estaban fallando. 
-"Mi memoria está casi desaparecida", dijo, -"pero recuerdo dos cosas: que soy un gran pecador, y que Jesús es un gran Salvador".

¿Qué más necesitamos tú y yo recordar?

Dos marineros y dos mares. Dos barcos en dos tormentas. Dos oraciones de miedo y dos vidas de fe. Y lo que las une es un Salvador, un Dios, que caminará a través del infierno, contra viento y marea, para extender Su mano a un hijo que clama pidiendo Su ayuda.


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FUENTE:
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CONFÍA MÁS Y PREOCÚPATE MENOS Parte II
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Traducido por Dr. Daniel Guerrero

INTRODUCCIÓN
En la primera parte vimos que la ansiedad "es como un viaje interminable en una montaña rusa fuera de control... usted es un pasajero permanente... atado al cinturón de seguridad, encadenado a su asiento. El vehículo amenazante te oprime en las esquinas abruptas. Y te impulsa hasta cumbres imposibles. Te impulsa, estrellándose en valles increíbles. Estás atrapado. Cuanto más te preocupas, más impotente te sientes. Dios sabía que la ansiedad te puede hacer esto. Es por eso que Él dijo no te preocupes... ven a mí y descansa... en otras palabras, confía en mí. Es la única manera de pisar el freno y llevar la ansiedad a su fin".

Ahora continuemos con la Segunda parte de este mensaje...

EL SILENCIO DE DIOS, NUESTRAS PREGUNTAS
Él era un hijo del desierto. Cara curtida. De piel bronceada. Ropa de pieles de animales. Lo que él poseía cabía en una bolsa. Sus paredes eran las montañas y su techo las estrellas. Pero ya no. Su frontera ahora está amurallada, su horizonte oculto. Las estrellas son los recuerdos. El aire fresco es casi olvidado. Y el hedor continuo de la mazmorra le recuerda al hijo del desierto que ahora es un cautivo del rey (Mt. 14:1-12).

En el libro de nadie, Juan el Bautista se merece un trato mejor que esto. Después de todo, ¿no es él el precursor de Cristo? ¿No es un pariente del Mesías?  Por lo menos, ¿no era él la voz valiente del arrepentimiento? Pero más recientemente, esa voz, en lugar de abrir la puerta de la renovación, ha abierto la puerta de su propia celda en una prisión.

Los problemas de Juan comenzaron cuando él llamó a un rey mientras caminaba por la alfombra. En un viaje a Roma, el rey Herodes sucumbió a las tentaciones de la esposa de su hermano, Herodías. Y allá decidió que Herodías estaba mejor casada con él; entonces Herodes se divorció de su esposa y trajo a su cuñada a su casa.

Los columnistas de chismes estaban fascinados, pero Juan el Bautista se enfureció. Se abalanzó sobre Herodes como un escorpión del desierto, denunciando su matrimonio como lo que era: un adulterio. Herodes pudo haber dejado que Juan se saliera con la suya. Pero no Herodías. Esta vaporosa seductora no iba a dejar que su ascenso social fuera expuesto de esa manera. Ella le pidió a Herodes que sacara a Juan del circuito de discursos y lo arrojara al calabozo. Herodes quedó sumiso y sin habla mientras ella le susurraba y lo seducía.  Entonces Herodes dio la aprobación. Pero eso no era suficiente para esta amante. Ella contaba con las curvas de su hija ante el rey y sus generales, en una despedida de soltero. Herodes, quien era tan fácil de engañar, de la misma manera se levantó, y se comprometió a hacer cualquier cosa por esa "jovencita cosa" en  ligueros y corset...

- "¿Cualquier cosa?"
- "Lo que sea", le caía la baba a Herodes.
Ella habló con su madre, que estaba esperando en los atrios, y luego regresó con su petición.
- "Yo quiero a Juan el Bautista".
- "¿Quieres una cita con el profeta?" -replicó Herodes.
- "Quiero su cabeza", dijo la bailarina. Y entonces, tranquilizada por un movimiento de cabeza de su madre, ella agregó, "En bandeja de plata, si no te importa".

Herodes miró los rostros a su alrededor. Sabía que no era justo, pero también sabía que todo el mundo lo estaba mirando. Y él había prometido "cualquier cosa".  Aunque él personalmente no tenía nada contra el predicador criollo, valoraba las encuestas de opinión mucho más de lo que él valoraba la vida de Juan. Después de todo, ¿qué es más importante, salvar la cara o salvar el cuello de un profeta excéntrico?

La historia apesta de iniquidad. Juan muere por causa de la lujuria de Herodes. Lo bueno es asesinado mientras lo malo sonríe. Un hombre de Dios ha sido asesinado mientras un hombre de pasión le está guiñando un ojo a su sobrina.

¿Es así como Dios recompensa a su ungido? ¿Es así como Él honra Sus fieles? ¿Es así como Dios corona a Sus elegidos? ¿Con un  oscuro calabozo y una brillante espada? La inconsistencia fue demasiado para Juan que lo abrumó. Incluso antes de que Herodes llegara a su veredicto, Juan ya estaba hilvanando sus preguntas. Sus preocupaciones fueron superadas únicamente por el número de veces que él se paseaba  por su celda cavilando. Cuando tuvo la oportunidad de enviarle un mensaje a Jesús, le envió una desesperada pregunta:

"Cuando Juan escuchó en la prisión los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos a preguntarle: -'¿Eres tú el que había de venir, o debemos esperar a otro?'" (Mt. 11:3-4)

Tenga en cuenta lo que motivó la pregunta de Juan. No era sólo el calabozo o incluso la muerte. Era el problema de las expectativas insatisfechas -el hecho de que Juan estaba en serios problemas y Jesús estaba por allí tranquilo haciendo todo de manera habitual. ¿Es esto lo que el Mesías hace cuando llegan los problemas? ¿Es esto lo que Dios hace cuando sus seguidores están en un aprieto?

El silencio de Jesús fue suficiente para cincelar una grieta en la represa de las creencias de Juan. "¿Eres tú el Ungido esperado? ¿O he estado siguiendo al Señor equivocado?".  Si la Biblia hubiera sido escrita por una agencia de relaciones públicas, ya habrían eliminado ese versículo. No es una buena estrategia de relaciones públicas admitir que uno de los miembros del gabinete tiene dudas sobre el presidente... No deje salir historias como esas si usted está tratando de presentar un frente unido. Pero las Escrituras no fueron escritas por los agentes de publicidad e imagen; sino que se inspiran en un Dios eterno que sabía que, a partir de entonces,  cada discípulo pasaría un tiempo en el calabozo de la duda. Y aunque las circunstancias pueden haber cambiado, las preguntas no.

Se les pide que, en cualquier momento, los fieles sufran las consecuencias de los infieles. Cada vez que una persona da un paso en la dirección correcta, es sólo para que sus pies sean golpeados debajo de ellos; cada vez que una persona hace una buena acción, sufre malos resultados; cada vez que una persona toma una posición, es sólo para que termine de bruces... Las preguntas caen como la lluvia:

"Si Dios es tan bueno, ¿por qué sufro tanto?"
"Si Dios está realmente allí, ¿por qué estoy yo aquí?"
"¿Qué he hecho yo para merecer esto?"
"¿Dios se sobrepasó esta vez?"
"¿Por qué los justos son perseguidos?"

En su libro La decepción con Dios, Philip Yancey cita una carta que articula el problema de las expectativas no satisfechas en toda su insoportable realidad.  Meg Woodson perdió sus dos hijos por  fibrosis quística y luego, la muerte de su hija a la edad de veintitrés años fue especialmente traumática.  Las siguientes palabras hablan de su dolor y la duda mientras luchaba por hacer frente a lo que le sucedió:

"Yo estaba sentado al lado de su cama un par de días antes de su muerte, cuando de repente ella comenzó a gritar. Nunca olvidaré esos chillones, punzantes, y primitivos gritos... Es contra de este telón de fondo de seres humanos cayéndose a pedazos... es que Dios, habiendo podido ayudarla, miró hacia abajo a una joven mujer consagrada a Él, dispuesta a morir por Él para darle gloria; y Él decidió sentarse en Sus manos y dejó que su muerte llenara las listas de terror de muertes por fibrosis quística (Philip Yancey, "Decepcionado con Dios/Disappointment with God", Grand Rapids, Mi., Zondervan, 1988), 158.).

¿Dios a veces se sienta en Sus manos? ¿Dios a veces opta por no hacer nada? ¿Dios a veces opta por el silencio, incluso cuando estoy gritando más fuerte?

Hace algún tiempo, me llevé a mi familia a la tienda de bicicletas para comprar una bicicleta para una niña de cinco años de edad, Jenna.  Ella escogió una brillante "Starlett", con un asiento banana y ruedas de entrenamiento. Y Andrea, de tres años, decidió que quería una también.

Le expliqué a Andrea que ella era demasiado pequeña. Le dije que seguía teniendo problemas con un triciclo y ella era demasiado pequeña para un vehículo de dos ruedas. No tuve suerte, ella todavía quería una bicicleta. Le expliqué que cuando ella fuera un poco mayor, ella tendría una bicicleta también. Ella sólo me miró. Traté de decirle que una bici grande traería más dolor que placer, más rasguños que emociones. Volvió la cabeza y no dijo nada. Finalmente yo suspiré y le dije que esta vez su papá sabía qué era lo mejor para ella. ¿Su respuesta?  Ella gritó en voz alta lo suficiente como para que todos en la tienda pudieran oírla: -"¡Entonces quiero un nuevo papá!".   Aunque las palabras eran de boca de un niño, movieron los sentimientos de un adulto.

La frustración exige un cambio en el mando. Cuando no estamos de acuerdo con el que lleva la voz cantante, nuestra reacción suele ser la misma que la de Andrea, -lo mismo que Juan. "¿Él es el más adecuado para este trabajo?" O, como lo expresó Juan, "¿Eres el Ungido esperado? ¿O hay que esperar a otro?"

Andrea, con su capacidad de razonamiento de tres años de edad, no podía creer que una nueva bicicleta no pudiera ser lo más ideal para ella. Desde su punto de vista, sería la fuente de la eterna bienaventuranza. Y desde su punto de vista, el único que podía conceder esa bienaventuranza estaba "sentado sobre sus manos". Así Juan, no podía creer que cualquier cosa menos que su liberación podría ser lo mejor en el interés de todos los involucrados. En su opinión, ya era hora de ejercer un poco de justicia y obtener algún tipo de acción. Pero Aquel que tenía el poder estaba "sentado sobre sus manos".  No puedo creer que Dios se sentara en silencio, mientras un misionero es expulsado de un país extranjero; o un cristiano pierde una promoción a causa de sus creencias; o ante una esposa fiel que es maltratada por un marido infiel.  Estos son sólo tres de los muchos temas que han hecho su camino en mi lista de oración -de todas las oraciones que parecen haber quedado sin respuesta...

Regla general: Las nubes de la duda se crean cuando el aire cálido y húmedo de nuestras expectativas se encuentra con el aire frío del silencio de Dios. Si usted ha oído el silencio de Dios, si te has quedado varado en el calabozo de la duda, entonces entiende esto: Tal vez no es que Dios está en silencio. Tal vez, como Juan,  has estado escuchando la respuesta equivocada.  Juan había estado escuchando una respuesta a sus problemas terrenales, mientras Jesús estaba ocupado resolviendo sus asuntos celestiales.  Esto es digno de recordar la próxima vez que escuches el silencio de Dios. Si has pedido por tu pareja (esposo o esposa), pero todavía estás durmiendo sola... si usted ha pedido por un hijo, pero su vientre sigue estéril... si ha pedido por sanidad, pero sigue sufriendo todavía... no creo que Dios no nos escucha. Él lo está haciendo. Y es más, Él aún está respondiendo peticiones que ni siquiera tú estás haciendo.

Santa Teresa de Avila era lo suficientemente perspicaz para orar: "No me castigues por concederme lo que yo deseo o quiero pedir" (Citado en "A Guide to Prayer for Ministers and Other Servants", pág. 345).

Y el apóstol Pablo fue lo suficientemente honesto para escribir: "nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración" (Ro. 8:26 NTV).

El hecho es que Juan no estaba pidiendo demasiado, lo que estaba era pidiendo demasiado poco. Él le estaba pidiendo al Padre que resolviera lo temporal, mientras que Jesús estaba ocupado resolviendo lo eterno. Juan estaba pidiendo un favor inmediato, mientras Jesús estaba orquestando la solución eterna. ¿Eso quiere decir que Jesús no se preocupa por la injusticia? ¡Claro sí!  Él se preocupa por las persecuciones. Él se preocupa por las desigualdades, el hambre y el prejuicio. Y Él sabe lo que se siente el ser castigado por algo que Él no hizo. Él conoce perfectamente bien el significado de la frase: "No es justo".

Porque no era justo que la gente escupiera en los ojos de Aquel que había llorado por ellos. No era justo que los soldados arrancaran trozos de carne de la espalda de su Dios. No era justo que los clavos traspasaran las manos de Aquel que formó la tierra. Y tampoco era justo que el Hijo de Dios se viera obligado a escuchar el silencio de Dios. No estaba bien, no era justo, pero sucedió.

Porque mientras Jesús estaba en la cruz, "Dios se sentó sobre Sus manos".  Le dio Su espalda. Hizo caso omiso a los gritos de Su Hijo inocente. Se sentó en silencio mientras los pecados del mundo fueron colocados sobre Su Hijo. Y Él no hizo nada mientras un llanto, un millón de veces más sangriento que el de Juan, resonó en el cielo negro, clamando: -"¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt. 27:46).

¿Estaba bien? No.
¿Era justo? No.
¿Fue amor? Sí.

"Las nubes de la duda se crean cuando el aire cálido y húmedo de nuestras expectativas se encuentra con el aire frío del silencio de Dios".

En un mundo de injusticia, Dios de una vez por todas, inclinó la balanza a favor de la esperanza. Y lo hizo al "sentarse sobre Sus manos", para que pudiéramos conocer el reino de Dios.

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CONFÍA MÁS, PREOCÚPATE MENOS I

¡CONFÍA MÁS, PREOCÚPATE MENOS! Parte I
Por Max Lucado
Traducido por Dr. Daniel Guerrero

Es como un viaje interminable en una montaña rusa fuera de control... usted es un pasajero permanente... atado, al cinturón de seguridad, encadenado a su asiento. El vehículo amenazante te oprime en las esquinas abruptas. Y te  impulsa hasta cumbres imposibles. Te impulsa, estrellándose en valles increíbles. Es... la ansiedad.  Estás atrapado. Cuanto más te preocupas, más impotente te sientes. Dios sabía que la ansiedad te puede hacer esto.  Es por eso que Él dijo no te preocupes... ven a mí y descansa... en otras palabras, confía en mí. Es la única manera de pisar el freno y llevar la ansiedad a su fin.

NUESTRA DEBILIDAD, EL PODER DE DIOS

El reino de los cielos. Sus ciudadanos están borrachos de obras maravillosas. Consideremos el caso de Sarai (Gén 16-18, 21). Ella está en sus años dorados, pero Dios le promete un hijo. Ella se emociona. Visita la tienda de maternidad y compra algunos vestidos. Planea su ducha y remodela su tienda de campaña... pero no hay ningún hijo. Ella se come unos cuantos pasteles de cumpleaños y sopla un montón de velas... y todavía no hay ningún hijo. Ella pasa por una década de calendarios de pared... y todavía, ningún hijo.

Entonces Sarai decide tomar el asunto en sus propias manos. (Pensó: -"tal vez Dios necesita que me haga cargo de esto").

Ella convence a Abram que el tiempo se está acabando. (Le dice: -"Acéptalo, Abe, tú tampoco te estás rejuveneciendo"). Ella ordena a su criada, Agar, para ir a la tienda de Abram y ver si necesita "algo"... ("Y quiero decir ¡cualquier cosa!").  Hagar va como una sierva. Y sale como una mamá. Y empiezan los problemas...

Agar es arrogante. Sarai es celosa. Abram está mareado por el dilema. Y Dios llama al niño un "asno salvaje", un nombre apropiado para uno que nació de la terquedad y que está destinado a "patear" su camino dentro de la historia.

No es la acogedora familia que Sarai esperaba. Y no será un tema que Abram y Sarai conversarán muy a menudo en la cena...

Por último, catorce años después, cuando Abram está llegando a un siglo y Sarai a noventa años...  Cuando Abram ha dejado de escuchar los consejos de Sarai, y Sarai ha dejado de darlos... cuando el fondo de pantalla en la maternidad cesó y los muebles del bebé están vencidos ya por varias temporadas... cuando el tema del hijo prometido trae suspiros y lágrimas y miradas largas en un cielo silencioso... entonces Dios les hace una visita y les dice que será bueno que seleccionen un nombre para su nuevo hijo.

Abram y Sarai tienen la misma respuesta: se ríen.  Se ríen, en parte, porque es demasiado bueno que suceda; y en parte, debido a que podría suceder. Se ríen porque han perdido la esperanza, y la esperanza renace siempre divertida antes de que sea real.

Se ríen de la locura de todo esto.

Abram mira a Sarai -sin dientes y roncando en su mecedora, con la cabeza hacia atrás y la boca bien abierta, tan fructífera como una ciruela pasa sin hueso y también arrugada. Y se ríe a carcajadas. Él intenta contenerlo, pero no puede. Él siempre ha sido un tonto para una buena broma.

Sarai está tan sorprendida. Cuando oye la noticia, se le escapa una carcajada antes de que la pueda contener. Ella murmura algo de lo que su marido necesitaría urgentemente, y luego se vuelve a reír.

Se ríen porque eso es lo que haces cuando alguien dice que él puede hacer lo imposible. Se ríen un poco de Dios, y mucho con Dios, porque Dios también se está riendo. Luego, con la sonrisa aún en Su rostro, Él se pone ocupado haciendo lo que mejor sabe hacer: -lo increíble.

Él cambia algunas cosas, empezando por sus nombres. Abram, el padre de uno, ahora se llamará Abraham, el padre de una multitud. Sarai, la estéril, ahora será Sarah, la madre.

Sin embargo, sus nombres no son las únicas cosas que Dios cambia. Él cambia su opinión. Él cambia su fe. Él cambia el número de deducciones de impuestos. Cambia la forma de definir la palabra imposible.

Pero, sobre todo, cambia la actitud de Sara acerca de confiar en Dios. Si ella hubiera escuchado la declaración de Jesús de "ser pobres en espíritu", hubiera dado su testimonio diciendo: "Tiene razón. Cuando yo hago las cosas a mi manera, lo que obtengo es un dolor de cabeza. Cuando dejo que Dios se haga cargo de todo, ¡tengo un hijo!  Tú trata de entenderlo. Pero todo lo que yo sé es que, soy la primera dama en la ciudad que paga un pediatra con un cheque del Seguro Social".

Dos mil años más tarde, he aquí otro testimonio (Lucas 5):

"Lo último que yo quería hacer era pescar  Pero eso fue exactamente lo que Jesús quería hacer. Me había pasado toda la noche pescando. Mis brazos me dolían. Los ojos me ardían. Mi cuello estaba dolorido. Lo único que quería hacer era volver a casa y dejar que mi esposa frotara los nudos de mi espalda.

Ha sido una larga noche. No sé cuántas veces había lanzado esa red en la oscuridad y oírla golpear contra el mar. No sé cuántas veces había sostenido la cuerda mientras la red se hundía en el agua. Toda la noche había estado esperando ese bulto, ese tirón, ese idiota que nos guiara a hacer la captura... pero nunca, nunca llegó. Así, al amanecer, yo estaba listo para irme a casa.

Justo cuando estaba a punto de irme a la playa, me di cuenta de una multitud que venía hacia mí. Ellos estaban siguiendo a un tipo larguirucho que caminaba con una marcha amplia y a un paso rápido. Él me vio y me llamó por mi nombre. -¡Buenos días, Jesús! -Yo le repliqué.  A pesar de que estaba como a cien metros de distancia, pude ver su blanca sonrisa. -'Toda una multitud, ¿eh?' -Gritó, señalando a la masa detrás de Él. Yo asentí con la cabeza y me senté a mirar.

Se detuvo cerca de la orilla de la playa y empezó a hablar. Aunque yo no podía oír mucho, sí pude ver mucho. Pude ver que más y más gente llegaba. Con toda la presión y los empujones, era una sorpresa que Jesús no era empujado hacia dentro del agua. Ya estaba hasta las rodillas cuando Él me miró.

No tuve que pensarlo dos veces. Se subió a mi barco, y Juan y yo también subimos. Avanzamos un poco. Me recosté contra la proa, y Jesús se puso a enseñar.

Parecía que la mitad de Israel estaba en la playa. Los hombres habían salido de sus trabajos y las mujeres de sus tareas domésticas. Incluso pude reconocer a algunos sacerdotes. ¡Cómo todos escuchaban! Apenas se movían, pero sus ojos bailaban como si fueran de alguna manera a ver lo que podrían ser.

Cuando Jesús terminó, se volvió hacia mí. Me levanté y cuando había empezado a anclar, me dijo: '¡Pedro empuja hacia lo profundo. Vamos a pescar!"

"Gemí. Miré a Juan. Estábamos pensando lo mismo. Mientras Él quisiera utilizar el barco como una plataforma, todo estaba bien. Pero usarlo como un barco de pesca, ese era nuestro territorio. Pensé decirle a este carpintero-maestro, "Si te quedas en la predicación, yo me quedo con la pesca". Pero yo era más cortés, así que le dije: -"Hemos trabajado toda la noche. Y no hemos pescado nada".

Él sólo me miró. Miré a Juan. Y Juan estaba esperando por mi señal...

Me gustaría poder decir que lo hice por amor. Me gustaría poder decir que lo hice por devoción. Pero no puedo. Todo lo que puedo decir es que hay un tiempo para preguntas y un tiempo para escuchar. Así que, como un gruñido así como una oración, nos dirigimos hacia allá fuera, hacia lo profundo...

Con cada golpe de remo, murmuré. Con cada tirón de la pala, refunfuñé. Y me decía a mi mismo una y otra vez: -"¡No puede ser. No puede ser. Esto es imposible!". Yo no sé muchas cosas, pero sé de pesca. ¡Y todo lo que vamos a hacer es regresar con unas redes mojadas!

El ruido en la playa se volvió distante, y pronto el único sonido era el golpe de las olas contra el casco de la barca. Finalmente echamos el ancla. Cogí la red gruesa y lo sostuve hasta la cintura, y comencé a tirarla. Fue entonces cuando alcance a ver a Jesús con el rabillo de mi ojo. Su expresión me detuvo en medio de la acción.

Estaba apoyado sobre el borde de la embarcación, mirando hacia el agua donde estaba a punto de tirar la red. Y conseguí esto, Él estaba sonriendo. Una sonrisa de niño empujado por las mejillas altas que volvió sus ojos redondos en medias lunas; el tipo de sonrisa que se ve cuando un niño da un regalo a un amigo y observa cómo lo desenvuelve.

Se dio cuenta que lo miraba, y Él trató de ocultar su sonrisa, pero ésta persistió. La empujó hasta las comisuras de la boca hasta que un destello de dientes aparecieron. Me había dado un regalo y apenas podía contenerme para abrirlo.

-"Amigo, esto va a ser frustrante", pensé mientras lanzaba la red. Voló alto, esparciéndose sobre el cielo azul y flotando hacia abajo hasta que se dejó caer totalmente sobre la superficie, y luego se hundió. Me envolví la cuerda una vez alrededor de la mano y me eché hacia atrás para la larga espera...

Pero en esta oportunidad no había que esperar. La cuerda floja de repente se tensó y me trató de tirar por la borda. Puse mis pies contra el costado del barco y grité pidiendo ayuda. Juan y Jesús se levantaron justo a mi lado.

Teníamos la red cerca de que comenzara a romperse. Yo nunca había visto tal captura. Era como dejar caer un saco de piedras en el barco. Comenzamos a hundirnos en el agua. Así que Juan le gritó a los de la otra barca para que nos ayudaran.

Fue toda una escena: cuatro pescadores, en dos barcos, con pescado hasta las rodillas, y un carpintero sentado en la proa, disfrutando del pandemónium.

Fue entonces cuando me di cuenta de quién era. Y fue entonces cuando me di cuenta de quién era yo: ¡yo fui el que le dijo a Dios lo que Él no podía hacer!

Inmediatamente le dije: -"¡Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador".  No había nada más que yo pudiera decir.

No sé qué vio en mí, pero Él no se fue. Tal vez pensó que si yo iba a dejar que me dijera cómo pescar, también me gustaría que me dijera cómo vivir.

Esa sería una escena que se vería muchas veces en los próximos dos años, en los cementerios con los muertos, en las laderas con el hambriento, en las tormentas con el miedo, en las carreteras con los enfermos. Los personajes podían cambiar, pero el tema no lo haría. Cuando decíamos: ''De ninguna manera", Él decía: "A mi manera'. Entonces los que dudaban luchaban con sus fuerzas para salvar la bendición. Mientras que Aquel que la daba libremente saboreaba la sorpresa cuando estos sencillamente la recibían.

"Mi poder se muestra mejor en los débiles" (2Cor. 12:9).

Dios dijo estas palabras. Pablo las escribió. Dios dijo que Él estaba buscando vasijas vacías más que  músculos fuertes. Pablo lo demostró.

Antes que se encontrara con Cristo, Pablo había sido una especie de héroe entre los fariseos. Se podría decir que él era su Wyatt Earp [nota del traductor: héroe policial del oeste norteamericano].  Él guardó la ley y el orden -o, mejor dicho, veneraba la Ley- y daba las órdenes. Buenas madres judías lo presentaban como el ejemplo de un buen muchacho judío. Se le daba el puesto de honor en el almuerzo de los miércoles del "Club de Leones" de Jerusalén. Tenía  en su escritorio un pisapapeles de "Quién es quién en el judaísmo";  y fue seleccionado como "El más prometedor" en su promoción. Y él rápidamente se estableció como el posible heredero de su maestro, Gamaliel.

Si hay tal cosa como una fortuna religiosa, Pablo la tenía. Él era un millonario espiritual, nacido con un pie en el cielo, y él lo sabía:
"Si alguien pudiera confiar en sus propios esfuerzos, ése sería yo. De hecho, si otros tienen razones para confiar en sus propios esfuerzos, ¡yo las tengo aún más!
Fui circuncidado cuando tenía ocho días de vida. Soy un ciudadano de Israel de pura cepa y miembro de la tribu de Benjamín, ¡un verdadero hebreo como no ha habido otro! Fui miembro de los fariseos, quienes exigen la obediencia más estricta a la ley judía. Era tan fanático que perseguía con crueldad a la iglesia, y en cuanto a la justicia, obedecía la ley al pie de la letra"
 (Fil. 3:4-6 NTV).

Sangre azul y ojos desorbitados, este joven  fanático estaba empeñado en mantener el reino puro, y eso significaba mantener fuera a los cristianos. Marchó por el campo como un general que exigía que los judíos apóstatas saludaran a la bandera de la patria o besaran a su familia y esperaran solo un adiós.

Sin embargo, todo esto llegó a su fin,  a la orilla de una camino. Equipado con citaciones, esposas, y una pandilla que lo acompañaba, Pablo estaba en su camino de hacer un poco de "evangelismo personal" en Damasco. Fue entonces cuando alguien encendió las luces del estadio, y él oyó la Voz.

Cuando se dio cuenta de quién era la Voz, su mandíbula cayó al suelo, y ésta siguió a su cuerpo. Se preparó para lo peor...  Él sabía que todo había terminado. Sintió la soga al cuello. Olió las flores en el coche fúnebre. Él oró para que la muerte fuera rápida y sin dolor.

Pero lo único que obtuvo fue el silencio y la primera de toda una vida llena de sorpresas...

Terminó desconcertado y aturdido en un cuarto prestado. Dios lo dejó allí unos días con escamas en sus ojos tan gruesas que la única dirección a la que él podía ver era hacia su interior. Y no le gustó lo que vio.

Él se vio como lo que realmente era, para usar sus propias palabras, "el primero de los pecadores" (1Ti. 1:15). Un legalista. Un aguafiestas. Un fanfarrón engreído que afirmaba haber dominado código de Dios. Un dispensador de justicia que pesaba la salvación sobre una "balanza".

Fue entonces cuando Ananías lo encontró. No era gran cosa, ojeroso y aturdido después de tres días de turbulencia. Tampoco había mucho que ver en Saraí, ni tampoco en Pedro. Pero lo que los tres tienen en común dice más que un volumen de teología sistemática. Para cuando se dieron por vencidos, Dios intervino, y el resultado fue un paseo en una montaña rusa directamente dentro del reino.

Pablo estaba a un paso por delante del joven rico. Él sabía que no podía llegar a un trato con Dios. Él no hizo ninguna excusa, sino que simplemente clamó por misericordia. A solas en la habitación, con sus pecados en su conciencia y sangre en sus manos, él pidió ser limpiado.

Vale la pena leer las instrucciones de Ananías a Pablo: "¿Qué esperas? Levántate y bautízate. Queda limpio de tus pecados al invocar el Nombre del Señor” (Hch. 22:16 NTV).

A él no se lo tenía que decir dos veces. El legalista Saulo fue sepultado, y nació Pablo el libertador. Él nunca más sería el mismo. Y tampoco lo sería el mundo.

Sermones conmovedores, discípulos dedicados, y seis mil millas de caminos. Si sus sandalias no estaban abofeteando sus pies, su pluma estaba escribiendo. Si él no estaba explicando el misterio de la gracia, entonces estaba  articulando la teología que determinaría el curso de la civilización Occidental.

Todas sus palabras se podrían reducir a una sola frase. "Nosotros predicamos a Cristo crucificado" (1Cor. 1:23).  No era que carecía de otros puntos en sus sermones, era sólo que él no podía agotar el primero.

Lo absurdo de toda su experiencia lo mantuvo en movimiento. Jesús debió haber acabado con él en aquel camino. Tendría que haberlo dejado para los buitres. Tendría que haberlo enviado al infierno. Pero no lo hizo. ¡Lo envió a los perdidos!

El mismo Pablo la llamó "locura". Lo describió con frases como "piedra de tropiezo" y "tontería", pero al final optó por llamarlo "gracia" (1Cor. 1:23; Ef. 2:8).

Y defendió su inquebrantable lealtad al decir: "El amor de Cristo no [me] deja otra opción" (1Cor. 5:14).

Pablo nunca tomó un curso de misiones. Nunca asistió a una reunión del comité de misiones. Nunca leyó un libro sobre el crecimiento de la iglesia. Fue inspirado sólo por el Espíritu Santo y se emborrachó del amor que hace posible lo imposible: la salvación.

El mensaje es apasionante: Muéstrale a un hombre sus fallas sin Jesús, y el resultado será encontrarlo en la cuneta de una carretera. Dale a un hombre una religión sin recordarle su inmundicia, y el resultado será arrogancia en un traje de tres piezas. Pero llegar a los dos en el mismo corazón -el pecado encontrándose con el Salvador y Salvador encontrándose con el pecado-, y el resultado podría ser otro fariseo convertido en predicador, que pone al mundo arder.

Cuatro personas: el joven rico, Sarah, Pedro y Pablo. Un curioso hilo que los junta y une a los cuatro: -sus nombres.

A los últimos tres les fueron cambiados sus nombres: - a Sarai por Sara, a Simón por Pedro, y a Saulo por Pablo.

Pero al primero, el joven yuppie, nunca es mencionado por su nombre...

Tal vez esa es la explicación más clara de la primera bienaventuranza. El que se hace un nombre por sí mismo no tiene nombre. Pero los que clamaron el Nombre de Jesús -y su Nombre solamente-, tienen nuevos nombres y, aún más, ¡la vida nueva!


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