EL LIDERAZGO DE LA MUJER Cuarta Parte
El Lugar de la Mujer en la Iglesia de Cristo
El balance de resultados
Así pues, ¿dónde nos lleva todo esto? Bien, yo no puedo hablar por otro, pero a mí me deja en esta posición: La posición que le quita a la mujer su derecho de hablar en la asamblea representa una forma muy frágil de interpretar el Nuevo Testamento. Está asumida, sin garantía alguna, de una mala interpretación de un pasaje de Pablo generada bajo un punto de vista cultural.
La realidad es que las hermanas no son menos parte vital de la iglesia que los hermanos. Los hombres están en una gran necesidad de las hermanas para que les muestren a Cristo (tengan presente que la iglesia – ekklesia – es una mujer). Además, al contrario de la situación del siglo primero, las mujeres de nuestro tiempo están bastante bien educadas. Socialmente no son nuestros inferiores.
Por tanto, a lo que Pablo se refiere en sus “pasajes limitantes” solo aplica para las mujeres que están interrumpiendo las reuniones de la iglesia por medio de preguntas mal informadas y capciosas. Esto también aplica a las mujeres que andan esparciendo falsas doctrinas o tratan de tomar su autoridad por sobre los hombres.
Debo agregar que en mi opinión, la forma de corregir y enfrentarse a otros en una reunión, es mejor manejada por los hermanos. Las hermanas no deben ser abrumadas con este penoso quehacer. (Incidentalmente hay bastantes bases en las Escrituras para esta idea. En el primer siglo no vemos a la mujer ejerciendo labor supervisora en la iglesia. Notemos que la supervisión y el ministerio son dos cosas completamente diferentes. Para más detalles, vea mi libro "Rehaciendo el odre")
Ahora considere el peso de estas Escrituras.
“Más ahora muchos miembros son a la verdad, empero un cuerpo. Ni el ojo puede decir á la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza á los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes, mucho más los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son necesarios; Y á aquellos del cuerpo que estimamos ser más viles, á éstos vestimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen más compostura. Porque los que en nosotros son más honestos, no tienen necesidad: mas Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros.” 1 Corintios 12:20-25
A la luz de este pasaje, el excluir a las mujeres de funcionar en las reuniones de la iglesia es resucitar el sistema clerical con un nuevo estilo. Los hombres se convierten en la nueva clase clerical. Son los únicos a los que se merece escuchar. Las mujeres se convierten en la nueva clase de laicos. Lo que tienen que decir no es tan valioso. De hecho, lo que tienen que decir no es lo suficiente valioso como para escucharlo. Están excluidas de funcionar en la Casa del Señor.
Al final, si solamente le damos a los hombres el derecho de hablar en la asamblea, sin darnos cuenta estamos estableciendo la dicotomía clérigo-laico. El “unos a los otros” se tira por la ventana. La vieja levadura del autoritarismo es vestida con nuevos trajes. Y toda esa retórica acerca de restaurar el sacerdocio de todos los creyentes nos devuelve a eso... pura retórica.
El Señor Jesucristo es el único mediador entre la raza humana y Dios. Al así hacerlo, Él ha establecido un nuevo sacerdocio. Un sacerdocio que incluye a hombres y mujeres por igual. Hubiera sido muy conveniente para Pablo el instaurar algún tipo de orden restrictivo de sacerdotes diluyendo nuestro alto llamado para llegar a ser de Cristo. Los seguidores del Señor siguieron este camino rápidamente, sin embargo Pablo rehusó a hacerlo. Este es un tema un tanto difuso, pero espero que entienda por donde voy: El Nuevo Pacto nos hace a todos sacerdotes y la vida del Cuerpo (que incluye las reuniones abiertas de la iglesia) es su obvia expresión práctica.
Dicho en otras palabras: Contravenir el foco y fuerza central del Nuevo Testamento y el entero mensaje de la Escritura, basado en dos obscuros pasajes, trae consigo la contraindicación de crear una casta clerical masculina.
El Lugar de la Mujer en la Iglesia de Cristo
Carta a las Hermanas
Por Frank Viola
Por Frank Viola
El balance de resultados
Reunión de una iglesia casera |
La realidad es que las hermanas no son menos parte vital de la iglesia que los hermanos. Los hombres están en una gran necesidad de las hermanas para que les muestren a Cristo (tengan presente que la iglesia – ekklesia – es una mujer). Además, al contrario de la situación del siglo primero, las mujeres de nuestro tiempo están bastante bien educadas. Socialmente no son nuestros inferiores.
Por tanto, a lo que Pablo se refiere en sus “pasajes limitantes” solo aplica para las mujeres que están interrumpiendo las reuniones de la iglesia por medio de preguntas mal informadas y capciosas. Esto también aplica a las mujeres que andan esparciendo falsas doctrinas o tratan de tomar su autoridad por sobre los hombres.
Debo agregar que en mi opinión, la forma de corregir y enfrentarse a otros en una reunión, es mejor manejada por los hermanos. Las hermanas no deben ser abrumadas con este penoso quehacer. (Incidentalmente hay bastantes bases en las Escrituras para esta idea. En el primer siglo no vemos a la mujer ejerciendo labor supervisora en la iglesia. Notemos que la supervisión y el ministerio son dos cosas completamente diferentes. Para más detalles, vea mi libro "Rehaciendo el odre")
Ahora considere el peso de estas Escrituras.
“Más ahora muchos miembros son a la verdad, empero un cuerpo. Ni el ojo puede decir á la mano: No te he menester: ni asimismo la cabeza á los pies: No tengo necesidad de vosotros. Antes, mucho más los miembros del cuerpo que parecen más flacos, son necesarios; Y á aquellos del cuerpo que estimamos ser más viles, á éstos vestimos más honrosamente; y los que en nosotros son menos honestos, tienen más compostura. Porque los que en nosotros son más honestos, no tienen necesidad: mas Dios ordenó el cuerpo, dando más abundante honor al que le faltaba; para que no haya desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros todos se interesen los unos por los otros.” 1 Corintios 12:20-25
A la luz de este pasaje, el excluir a las mujeres de funcionar en las reuniones de la iglesia es resucitar el sistema clerical con un nuevo estilo. Los hombres se convierten en la nueva clase clerical. Son los únicos a los que se merece escuchar. Las mujeres se convierten en la nueva clase de laicos. Lo que tienen que decir no es tan valioso. De hecho, lo que tienen que decir no es lo suficiente valioso como para escucharlo. Están excluidas de funcionar en la Casa del Señor.
Al final, si solamente le damos a los hombres el derecho de hablar en la asamblea, sin darnos cuenta estamos estableciendo la dicotomía clérigo-laico. El “unos a los otros” se tira por la ventana. La vieja levadura del autoritarismo es vestida con nuevos trajes. Y toda esa retórica acerca de restaurar el sacerdocio de todos los creyentes nos devuelve a eso... pura retórica.
El Señor Jesucristo es el único mediador entre la raza humana y Dios. Al así hacerlo, Él ha establecido un nuevo sacerdocio. Un sacerdocio que incluye a hombres y mujeres por igual. Hubiera sido muy conveniente para Pablo el instaurar algún tipo de orden restrictivo de sacerdotes diluyendo nuestro alto llamado para llegar a ser de Cristo. Los seguidores del Señor siguieron este camino rápidamente, sin embargo Pablo rehusó a hacerlo. Este es un tema un tanto difuso, pero espero que entienda por donde voy: El Nuevo Pacto nos hace a todos sacerdotes y la vida del Cuerpo (que incluye las reuniones abiertas de la iglesia) es su obvia expresión práctica.
Dicho en otras palabras: Contravenir el foco y fuerza central del Nuevo Testamento y el entero mensaje de la Escritura, basado en dos obscuros pasajes, trae consigo la contraindicación de crear una casta clerical masculina.
Puesto que las hermanas son parte del real sacerdocio (tomando prestado la frase de Pedro), el Nuevo Testamento les invita a testificar, instruir, exhortar, profetizar, cantar y orar en las reuniones de la iglesia. (1 Corintios 11:5; 14:26,31; Colosenses 3:16; Hebreos 10:24-25). Las hermanas tienen plena libertad de abrir sus bocas y alimentar a sus hermanos con Cristo. Al así hacerlo, glorifican a Dios y ayudan a construir la iglesia.
Así pues, querida hermana, te suplico: Necesitamos de tu parte en las reuniones de la iglesia. Necesitamos de tu contribución única en cualquier lugar donde nos reunamos. Necesitamos el sentimiento de tu personalidad en la medida que compartes a Cristo con nosotros. El hacerte callar es como enmudecer a la mitad del sacerdocio. Es hacer sufrir a toda la iglesia.
Las reuniones de la iglesia son la salida natural de la experiencia espiritual de cada uno de los santos. El privarte de participar en esta descarga natural, es como embotellarte. Acallar tu espíritu. El negarte el derecho de funcionar es sugerir que tú no escuchas a Dios. El silenciarte en la reunión es contrario a todas las fibras que forman la iglesia. ¡Necesitamos de tu parte en las reuniones de la iglesia!
¿Qué hay acerca de cubrirse la cabeza?
Terminaré esta carta contestando a esta pregunta que se me hace con frecuencia.
Al comienzo de mi viaje espiritual, fui presentado a una interpretación de 1 Corintios 11 la que concluía que Pablo enseñaba a las hermanas, entonces y para siempre, el cubrirse la cabeza con algo físico. Lo encontré bastante convincente.
En la medida que, más tarde, miré el tema con más profundidad, encontré otra interpretación de 1 Corintios 11 la que concluía que Pablo estaba lidiando con un tema cultural bastante sensible, pero como los factores culturales no hacían el tema relevante por más tiempo, las hermanas no tenían que sentirse obligadas a cubrirse la cabeza en el día de hoy. También lo encontré bastante convincente.
La realidad es que 1 Corintios 11 es un capítulo difícil de interpretar. Por tanto, al igual que los “pasajes limitantes” cada interpretación de estos pasajes va a tener sus debilidades. La realidad es que podemos argumentar las posiciones contrarias con bastante convencimiento.
A mi modo de ver, tomándolos en el plano exegético, ambas llegan a la meta a la vez. Pero hay una frase que, para mí, aclara este tema. Pablo dice:
“Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer a Dios no cubierta?”
¿Cuál es mi posición acerca de que la mujer se cubra la cabeza? Estoy con Pablo: Hermana, tienes plena libertad para cubrirte o descubrirte. La decisión es tuya. Y no permitas que hombre alguno te critique. El juicio es tuyo y debes seguir tu propia conciencia en este asunto.
Y ya que he estado hablando mucho acerca de este tema, permítame resumirlo en pocas palabras:
¡HERMANA ERES LIBRE!
¿Qué hay acerca de las esposas someterse a sus esposos?
Una vez que esta carta sea hecha pública, algunos de los consumidores del “de qué lado estás tú”, indefectiblemente me situarán en el campo de batalla. Desafortunadamente no podemos acallar el zumbido del vuelo de las avispas. Pero si la verdad tiene que ser dicha, yo no caigo dentro de ninguna categoría. No pertenezco a los sentimentales “Cristianos feministas” ni a los arrasantes “tradicionalistas patriarcales”... como será hecho claro.
ALERTA: Que los extremistas de ambos bando se preparen a gruñir.
De acuerdo a la relación marital, esta relación de esposo – esposa es un dibujo terrenal de lo que la relación de Cristo y su Esposa será en los cielos. Así pues, tomo el valor que Pablo le da acerca de que las esposas deben estar sujetas a sus esposos en el temor de Cristo.
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” Efesios 5:22.
“Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” Colosenses 3:18.
“ASÍ MISMO, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa. Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios. Así se adornaban en tiempos antiguos las *santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo. Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor.
De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes.” 1 Pedro 3:1-7 (NVI).
Sin embargo quiero rápidamente admitir que estos pasajes han sido muchas veces sacados de contexto y mal utilizados por esposos dominadores que quieren dominar a sus esposas. Jesucristo no domina ni subyuga a su Esposa. El dominio del hombre sobre la mujer no es más que un síntoma más de la naturaleza pecadora del hombre. (Génesis 3:16) No es un mandato divino. No obstante la sumisión y la subyugación son dos cosas completamente diferentes.
Quisiera referirles al libro “El movimiento de la iglesia en las casas: ¿Qué dirección?” El capítulo 18 contiene una buena discusión acerca de este tema y yo felizmente me adhiero a sus conclusiones. Dice:
"Y ¿qué hay acerca del pasaje en Efesios que dice que las mujeres tienen que someterse a sus maridos? Por cientos de años este pasaje ha sido predicado con dureza y ha abierto la puerta a increíbles abusos en contra de la mujer.
Es mucho mejor enfatizar que la primera parte del pasaje que dice: “Esposos amar a vuestras esposas”. De igual manera reconocer otro pasaje que dice, en referencia al hombre y la mujer. “Someteos el uno al otro”.
Este pasaje acerca de la sumisión ha sido, de igual forma, abusado en sobremanera y tomado completamente fuera de contexto. Las mujeres han sido abusadas porque los ministros y los maestros de la Biblia proclaman que la mujer tiene que someterse a su marido... sin reconocer el contexto del pasaje. El contexto es comunidad. El contexto es una asamblea. Una asamblea en la que todos se conocen. ¡Ese es el contexto! Una iglesia como esa tiene que ser responsable de la conducta de todos los que la componen.
El domingo en la mañana, una pareja entra en la iglesia y escucha a un predicador decir que la mujer debe someterse a su marido. Cuando el matrimonio llega a su casa no hay un balance de conductas. El esposo se lo grita a su esposa. La amenaza con “lo que dice Dios”. En contexto, este párrafo escrito por Pablo, tiene un balance dentro de él. Desafortunadamente, fuera de contexto, éste no se puede balancear y aplasta sin protección para la mujer. Este pasaje nunca puede ser aplicado fuera de contexto. Este pasaje está dirigido a gente dentro de la vida de la iglesia. Gente que vivía en comunidad y para la comunidad. Hoy día, ese contexto, virtualmente no existe. En consecuencia hasta que no nos encontramos inmersos en el contexto de este pasaje, el pasaje es irrelevante. Este pasaje fue escrito para una comunidad y para la gente que viven en comunidad. Hasta que una verdadera comunidad se desprenda del legalismo, una comunidad en la que la mujer tenga su verdadero lugar – hasta entonces – este pasaje solamente herirá a la mujer".
En las iglesias en las casas que nosotros visitamos, si un hombre abusa este pasaje en Efesios, si no es amoroso hacia su esposa, si la amenaza con este pasaje de sumisión, va a tener que escuchar al resto de las mujeres y de los hombres. Esto es lo que ha de ser en la verdadera vida comunitaria. Si un hombre trata a su esposa de esa manera despectiva y denigrante, las mujeres de la iglesia se entrometerán en el caso; pero los hombres también se esforzarán por ganar la carrera a las mujeres para ver quién le agarra primero. Las mujeres no son maltratadas en una sana comunidad cristiana.
Repito: El pasaje de la Escritura es solamente aplicable en el contexto en que Pablo escribía a la iglesia. En aquella iglesia todos se conocían. En esta circunstancia, el marido primero tenía que amar a su esposa, antes que ninguna palabra de sumisión fuera mencionada. Yo nunca he dado un mensaje, ni he escuchado en nuestras iglesias, acerca del sometimiento de la mujer; pero sí he oído muchísimas veces acerca de hombres amando a sus esposas... los he escuchado hablando con la pasión, cuidado y amor, con que Cristo derrama sobre Su novia.
En comunidad, como debe ser, no vas a ver un abuso sobre una hermana en el Señor. No sería tolerado por un instante. Las mujeres tienen que asegurarse de ello, al igual que los hombres. Cualquier cosa que una persona crea acerca de esto, recuerde que en Cristo “no hay hombre ni mujer”.
En la vida de la iglesia, es decir en una comunidad cristiana, debería de haber... debería de haber una increíble sensación de libertad. Para el hombre. Para la mujer. Para todos. Cuidado con cualquier iglesia, tanto fuera como dentro del sistema institucional, que no la tiene.
Espero que en algún lugar de esta larga carta hayas encontrado una contestación a tu pregunta. Y confío que otras hermanas que puedan también tener acceso a ella, encuentren en estas palabras liberación y libertad de toda opresión religiosa.
Quizá tendremos que darles más vueltas, pero éste es todo el tiempo que ahora tengo. Quizá algún día trate de realinear las deficiencias. Así pues, por favor, acéptalo por lo que es, un primer tajo a el tema, no un producto terminado.
Tu hermano en este costoso, pero glorioso empeño
Frank
FUENTE:
Odres nuevos
ARTÍCULOS RELACIONADOS:
Liderazgo de la Mujer
El Liderazgo de la Mujer II
El Liderago de la Mujer III
Mujer y reino de Dios
Mujer y reino de Dios II
Así pues, querida hermana, te suplico: Necesitamos de tu parte en las reuniones de la iglesia. Necesitamos de tu contribución única en cualquier lugar donde nos reunamos. Necesitamos el sentimiento de tu personalidad en la medida que compartes a Cristo con nosotros. El hacerte callar es como enmudecer a la mitad del sacerdocio. Es hacer sufrir a toda la iglesia.
Las reuniones de la iglesia son la salida natural de la experiencia espiritual de cada uno de los santos. El privarte de participar en esta descarga natural, es como embotellarte. Acallar tu espíritu. El negarte el derecho de funcionar es sugerir que tú no escuchas a Dios. El silenciarte en la reunión es contrario a todas las fibras que forman la iglesia. ¡Necesitamos de tu parte en las reuniones de la iglesia!
¿Qué hay acerca de cubrirse la cabeza?
Terminaré esta carta contestando a esta pregunta que se me hace con frecuencia.
Al comienzo de mi viaje espiritual, fui presentado a una interpretación de 1 Corintios 11 la que concluía que Pablo enseñaba a las hermanas, entonces y para siempre, el cubrirse la cabeza con algo físico. Lo encontré bastante convincente.
En la medida que, más tarde, miré el tema con más profundidad, encontré otra interpretación de 1 Corintios 11 la que concluía que Pablo estaba lidiando con un tema cultural bastante sensible, pero como los factores culturales no hacían el tema relevante por más tiempo, las hermanas no tenían que sentirse obligadas a cubrirse la cabeza en el día de hoy. También lo encontré bastante convincente.
La realidad es que 1 Corintios 11 es un capítulo difícil de interpretar. Por tanto, al igual que los “pasajes limitantes” cada interpretación de estos pasajes va a tener sus debilidades. La realidad es que podemos argumentar las posiciones contrarias con bastante convencimiento.
A mi modo de ver, tomándolos en el plano exegético, ambas llegan a la meta a la vez. Pero hay una frase que, para mí, aclara este tema. Pablo dice:
“Juzgad vosotros mismos: ¿es honesto orar la mujer a Dios no cubierta?”
¿Cuál es mi posición acerca de que la mujer se cubra la cabeza? Estoy con Pablo: Hermana, tienes plena libertad para cubrirte o descubrirte. La decisión es tuya. Y no permitas que hombre alguno te critique. El juicio es tuyo y debes seguir tu propia conciencia en este asunto.
Y ya que he estado hablando mucho acerca de este tema, permítame resumirlo en pocas palabras:
¡HERMANA ERES LIBRE!
¿Qué hay acerca de las esposas someterse a sus esposos?
Una vez que esta carta sea hecha pública, algunos de los consumidores del “de qué lado estás tú”, indefectiblemente me situarán en el campo de batalla. Desafortunadamente no podemos acallar el zumbido del vuelo de las avispas. Pero si la verdad tiene que ser dicha, yo no caigo dentro de ninguna categoría. No pertenezco a los sentimentales “Cristianos feministas” ni a los arrasantes “tradicionalistas patriarcales”... como será hecho claro.
ALERTA: Que los extremistas de ambos bando se preparen a gruñir.
De acuerdo a la relación marital, esta relación de esposo – esposa es un dibujo terrenal de lo que la relación de Cristo y su Esposa será en los cielos. Así pues, tomo el valor que Pablo le da acerca de que las esposas deben estar sujetas a sus esposos en el temor de Cristo.
“Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor” Efesios 5:22.
“Casadas, estad sujetas a vuestros maridos, como conviene en el Señor” Colosenses 3:18.
“ASÍ MISMO, esposas, sométanse a sus esposos, de modo que si algunos de ellos no creen en la palabra, puedan ser ganados más por el comportamiento de ustedes que por sus palabras, al observar su conducta íntegra y respetuosa. Que la belleza de ustedes no sea la externa, que consiste en adornos tales como peinados ostentosos, joyas de oro y vestidos lujosos. Que su belleza sea más bien la incorruptible, la que procede de lo íntimo del corazón y consiste en un espíritu suave y apacible. Ésta sí que tiene mucho valor delante de Dios. Así se adornaban en tiempos antiguos las *santas mujeres que esperaban en Dios, cada una sumisa a su esposo. Tal es el caso de Sara, que obedecía a Abraham y lo llamaba su señor. Ustedes son hijas de ella si hacen el bien y viven sin ningún temor.
De igual manera, ustedes esposos, sean comprensivos en su vida conyugal, tratando cada uno a su esposa con respeto, ya que como mujer es más delicada, y ambos son herederos del grato don de la vida. Así nada estorbará las oraciones de ustedes.” 1 Pedro 3:1-7 (NVI).
Sin embargo quiero rápidamente admitir que estos pasajes han sido muchas veces sacados de contexto y mal utilizados por esposos dominadores que quieren dominar a sus esposas. Jesucristo no domina ni subyuga a su Esposa. El dominio del hombre sobre la mujer no es más que un síntoma más de la naturaleza pecadora del hombre. (Génesis 3:16) No es un mandato divino. No obstante la sumisión y la subyugación son dos cosas completamente diferentes.
Quisiera referirles al libro “El movimiento de la iglesia en las casas: ¿Qué dirección?” El capítulo 18 contiene una buena discusión acerca de este tema y yo felizmente me adhiero a sus conclusiones. Dice:
"Y ¿qué hay acerca del pasaje en Efesios que dice que las mujeres tienen que someterse a sus maridos? Por cientos de años este pasaje ha sido predicado con dureza y ha abierto la puerta a increíbles abusos en contra de la mujer.
Es mucho mejor enfatizar que la primera parte del pasaje que dice: “Esposos amar a vuestras esposas”. De igual manera reconocer otro pasaje que dice, en referencia al hombre y la mujer. “Someteos el uno al otro”.
Este pasaje acerca de la sumisión ha sido, de igual forma, abusado en sobremanera y tomado completamente fuera de contexto. Las mujeres han sido abusadas porque los ministros y los maestros de la Biblia proclaman que la mujer tiene que someterse a su marido... sin reconocer el contexto del pasaje. El contexto es comunidad. El contexto es una asamblea. Una asamblea en la que todos se conocen. ¡Ese es el contexto! Una iglesia como esa tiene que ser responsable de la conducta de todos los que la componen.
El domingo en la mañana, una pareja entra en la iglesia y escucha a un predicador decir que la mujer debe someterse a su marido. Cuando el matrimonio llega a su casa no hay un balance de conductas. El esposo se lo grita a su esposa. La amenaza con “lo que dice Dios”. En contexto, este párrafo escrito por Pablo, tiene un balance dentro de él. Desafortunadamente, fuera de contexto, éste no se puede balancear y aplasta sin protección para la mujer. Este pasaje nunca puede ser aplicado fuera de contexto. Este pasaje está dirigido a gente dentro de la vida de la iglesia. Gente que vivía en comunidad y para la comunidad. Hoy día, ese contexto, virtualmente no existe. En consecuencia hasta que no nos encontramos inmersos en el contexto de este pasaje, el pasaje es irrelevante. Este pasaje fue escrito para una comunidad y para la gente que viven en comunidad. Hasta que una verdadera comunidad se desprenda del legalismo, una comunidad en la que la mujer tenga su verdadero lugar – hasta entonces – este pasaje solamente herirá a la mujer".
En las iglesias en las casas que nosotros visitamos, si un hombre abusa este pasaje en Efesios, si no es amoroso hacia su esposa, si la amenaza con este pasaje de sumisión, va a tener que escuchar al resto de las mujeres y de los hombres. Esto es lo que ha de ser en la verdadera vida comunitaria. Si un hombre trata a su esposa de esa manera despectiva y denigrante, las mujeres de la iglesia se entrometerán en el caso; pero los hombres también se esforzarán por ganar la carrera a las mujeres para ver quién le agarra primero. Las mujeres no son maltratadas en una sana comunidad cristiana.
Repito: El pasaje de la Escritura es solamente aplicable en el contexto en que Pablo escribía a la iglesia. En aquella iglesia todos se conocían. En esta circunstancia, el marido primero tenía que amar a su esposa, antes que ninguna palabra de sumisión fuera mencionada. Yo nunca he dado un mensaje, ni he escuchado en nuestras iglesias, acerca del sometimiento de la mujer; pero sí he oído muchísimas veces acerca de hombres amando a sus esposas... los he escuchado hablando con la pasión, cuidado y amor, con que Cristo derrama sobre Su novia.
En comunidad, como debe ser, no vas a ver un abuso sobre una hermana en el Señor. No sería tolerado por un instante. Las mujeres tienen que asegurarse de ello, al igual que los hombres. Cualquier cosa que una persona crea acerca de esto, recuerde que en Cristo “no hay hombre ni mujer”.
En la vida de la iglesia, es decir en una comunidad cristiana, debería de haber... debería de haber una increíble sensación de libertad. Para el hombre. Para la mujer. Para todos. Cuidado con cualquier iglesia, tanto fuera como dentro del sistema institucional, que no la tiene.
Espero que en algún lugar de esta larga carta hayas encontrado una contestación a tu pregunta. Y confío que otras hermanas que puedan también tener acceso a ella, encuentren en estas palabras liberación y libertad de toda opresión religiosa.
Quizá tendremos que darles más vueltas, pero éste es todo el tiempo que ahora tengo. Quizá algún día trate de realinear las deficiencias. Así pues, por favor, acéptalo por lo que es, un primer tajo a el tema, no un producto terminado.
Tu hermano en este costoso, pero glorioso empeño
Frank
FUENTE:
Odres nuevos
ARTÍCULOS RELACIONADOS:
Liderazgo de la Mujer
El Liderazgo de la Mujer II
El Liderago de la Mujer III
Mujer y reino de Dios
Mujer y reino de Dios II
0 comentarios:
Publicar un comentario
Apreciamos y agradecemos muchos tus comentarios o sugerencias, por favor déjalos aquí: