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EL CICLO DE SIETE AÑOS

EL CICLO DE SIETE AÑOS
El Shemitá y lo que significa para usted
Por pastor Jonathan Cahn
Es bien sabido que, para la nación de Israel, cada séptimo día era denominado “el Sabat”, o día de reposo. Se le ordenó a los israelitas que lo mantuvieran separado y distintivo de los otros seis días de la semana. Era santo. En el Sabat, todo trabajo regular y toda tarea mundanal debían cesar para ser dedicado únicamente al Señor.

Pero lo que no se conoce bien es que el Sabat no era solamente un día, sino también un año. Al igual que cada séptimo día era el día de reposo, así también cada séptimo año era el año de reposo. “Jehová habló a Moisés en el monte de Sinaí, diciendo: Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis entrado en la tierra que yo os doy, la tierra guardará reposo para Jehová. Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña” (Levítico 25:1-4).

El año de reposo de igual manera debía ser apartado y distintivo de los seis años que lo precedían. Había de ser un año santo, un año dedicado especialmente al Señor. Durante el año de reposo no debía hacerse trabajo alguno en la tierra. Toda siembra y cosecha, todo arado y plantado, toda recogida y cosecha tenían que cesar al final del sexto año. “Seis años sembrarás tu tierra, y recogerás su cosecha; mas el séptimo año la dejarás libre” (Éxodo 23:10-11).

Durante el año de reposo tenían que descansar no sólo las personas, sino también la tierra. Los campos se dejaban libres, los viñedos desatendidos, y no se mantenían los huertos. La tierra misma observaba su propio reposo para el Señor.

Durante el año de reposo, el pueblo de Israel debía dejar sus campos, viñedos y huertos abiertos para los pobres. Durante la duración de este año la tierra pertenecía, en efecto, a todo el mundo. Y todo lo que creciese por sí solo se denominaba hefker, que significa “sin dueño”. Por tanto, durante el año de reposo la tierra, en efecto, pertenecía a todo el mundo y a nadie al mismo tiempo.

Igual de sorprendente que lo que sucedía a la tierra durante el año de reposo era lo que le sucedía a la gente el último día de ese año: “Cada siete años harás remisión. Y esta es la manera de la remisión: perdonará a su deudor todo aquel que hizo empréstito de su mano, con el cual obligó a su prójimo; no lo demandará más a su prójimo, o a su hermano, porque es pregonada la remisión de Jehová” (Deuteronomio 15:1-2).

“Cada siete años” se refiere al último día del año de reposo. Elul era el último día del año civil hebreo y el día veintinueve era el último día de Elul. Por tanto, el 29 de Elul, el último día del año de reposo, se producía una generalizada transformación en la esfera económica de la nación. Todo aquel que tenía una deuda quedaba liberado. Y todo acreedor tenía que liberar la deuda que se le debía. Por tanto, el 29 de Elul todo el crédito era borrado y toda deuda era cancelada. Las cuentas económicas de la nación eran, en efecto, canceladas. Era el día de anulación y remisión económica de Israel.

En la forma hebrea de considerar el tiempo, cada día comienza no con la mañana sino en la noche. Esto se remonta a Génesis 1, cuando el relato de la creación registra que hubo primero oscuridad, noche, y después el día. Por tanto, cada día hebreo comienza con la noche anterior a ese día. Y como la noche comienza con la puesta de sol, cada día hebreo comienza en la puesta de sol. Por tanto, el momento en que todas las deudas habían de ser o eran canceladas era la puesta de sol del 29 de Elul.

En español, el mandato del 29 de Elul ordena que todo acreedor “otorgue una remisión”. Pero el hebreo original ordena que todo acreedor haga un “shemitá”. En estos dos primeros versículos de Deuteronomio 15 la palabra shemitá aparece no menos de cuatro veces. Al final del segundo versículo está escrito: “porque es pregonada la remisión de Jehová”. En hebreo se denomina el “Shemitá” del Señor.

La palabra shemitá se traduce con mayor frecuencia como “la liberación” o “la remisión”. La palabra española remisión se define como “la cancelación o reducción de una deuda o un castigo”. El Shemitá de la antigua Israel se refiere no sólo a la liberación de la tierra, sino también a la anulación de la deuda y el crédito ordenada por Dios y realizada a escala masiva y nacional.

Shemitá llegó a ser el nombre del último día del año de reposo, 29 de Elul, el día de Remisión; pero también llegó a ser el nombre del año de reposo en su totalidad. El séptimo año llegaría a conocerse como el año del Shemitá, o simplemente el Shemitá. El año del Shemitá comenzaba con la liberación de la tierra y terminaba con el día de Remisión, cuando las personas mismas eran liberadas.

Por tanto, la palabra shemitá cubre tanto el séptimo año como el último día de este año. Hay motivo para eso. Ese último día, el 29 de Elul, es el crescendo del año, su cúspide y culminación: la remisión del año de Remisión. En cierto sentido, todo acerca del año del Shemitá se desarrolla hacia ese día final, cuando todo es liberado, remitido y cancelado en un día; o más concretamente, el anochecer de este día, la última puesta de sol.

La idea de que una nación cese todo el trabajo en su tierra durante un año entero es una proposición radical. No menos radical es la idea de un día en el cual todo el crédito y la deuda son cancelados. Las repercusiones de estos dos requisitos son tan grandes, que surgieron preocupaciones en generaciones posteriores en cuanto a las consecuencias económicas y financieras del Shemitá. Esas preocupaciones fueron intensificadas cuando el pueblo judío regresó a la tierra de Israel en tiempos modernos.

A fin de resolver esas preocupaciones, los rabinos buscaron idear maneras de evitar los requisitos más radicales del Shemitá. Una de ellas estaba basada en la idea de que el Shemitá se aplicaba principalmente a tierras cuyos dueños eran judíos. Por tanto, en el año del Shemitá, los agricultores judíos vendían sus tierras a personas no judías y seguían trabajando. La venta se hacía bajo un acuerdo en el cual la tierra regresaría al agricultor judío al final del año del Shemitá.

De la misma manera, los rabinos idearon maneras de evitar la cancelación de deudas. El sabio rabínico Hillel desarrolló un sistema mediante el cual las deudas podrían ser transferidas a un tribunal religioso. Ya que un tribunal no es un individuo, la deuda sobrevivía al año del Shemitá. Otros idearon otras estrategias igualmente. Por tanto, el Shemitá se seguía observando, de una forma u otra, pero esas formas llegaron a ser cada vez más simbólicas.

No todos aceptaron esos métodos. Judíos ortodoxos en Israel cuentan historias de agricultores judíos que fielmente guardaron el requisito del Shemitá sin ninguna alteración y terminaron con una cosecha extra abundante al año siguiente. Independientemente de la controversia que les rodeaba, el hecho de que esos métodos fuesen ideados por rabinos revela dos cosas que demostrarán su importancia a la hora de desentrañar el misterio del Shemitá:

1. El Shemitá tiene consecuencias que afectan concretamente el ámbito financiero y económico.

2. Los efectos del Shemitá tienen similitudes clave con los efectos de un desplome económico y financiero.

¿Cuál fue el motivo del Shemitá en un principio? Hay varias respuestas, y todas ellas tocan el ámbito espiritual.

El Shemitá da testimonio de que la tierra y, efectivamente, el planeta tierra, le pertenece a Dios y sólo le es confiado al hombre como mayordomo. Dios es soberano. Su soberanía se extiende también a los ámbitos del dinero, las finanzas, la economía y las posesiones. Esas cosas son confiadas al cuidado del hombre pero en definitiva pertenecen a Dios.

El Shemitá declara que Dios es primero y está sobre todos los ámbitos de la vida y, por tanto, debe ser situado primero y por encima de cada ámbito. Durante el Shemitá, Israel era, en efecto, impulsado a alejarse de estos ámbitos terrenales y acercarse a lo espiritual.

El Shemitá limpia y elimina, pone fin a desequilibrios, equilibra cuentas y anula lo que ha sido edificado en los años anteriores: una limpieza masiva de la situación financiera y económica. Pone fin a los compromisos y trae liberación. Su liberación se aplica no sólo a la tierra y a las cuentas financieras de la nación, sino también a algo mucho más universal. El Shemitá requiere de las personas que liberen sus apegos a la esfera material: sus posesiones, sus finanzas, sus bienes y sus deseos y búsquedas con respecto a tales cosas. Es romper vínculos. Y quienes liberan son de igual manera liberados, al no ser ya poseídos por sus posesiones, sino libres.

El Shemitá es un recordatorio de que Dios es la fuente de todas las bendiciones, espirituales y físicas igualmente. Pero cuando Dios es apartado de la escena, finalmente seguirá la eliminación de bendiciones. Así, el Shemitá aborda un defecto en particular de la naturaleza humana: la tendencia a divorciar las bendiciones de la vida del Dador de esas bendiciones, divorciar el ámbito físico del espiritual. Entonces busca compensar la pérdida de lo espiritual aumentando sus deseos sobre el mundo físico, persiguiendo así cada vez más cosas, aumento, ganancias: materialismo. Este aumento de cosas, a su vez, deja aún más apartada la presencia de Dios. El Shemitá es el antídoto para todas esas cosas: la eliminación de afectos materiales para permitir que entren la obra y la presencia de Dios.

La observancia del Shemitá es un acto de sumisión y humildad. Es el reconocimiento de que todo lo bueno proviene de Dios y en última instancia no puede ser poseído, sino sólo recibido como una encomienda. Las posesiones son soltadas, las cuentas son canceladas, aquello que se ha acumulado es eliminado. El Shemitá humilla el orgullo del hombre.

Por último, el Shemitá comparte los atributos del día de reposo, todo un año dado a reposar y dejar reposar, a liberar y ser liberado, a descargar a otros y dejar las cargas propias, a hacer borrón y cuenta nueva con los demás y con uno mismo, el tiempo designado por Dios para el reposo, la renovación y el avivamiento.

―Tomado del libro El misterio del Shemitá por Jonathan Cahn. Publicado por Casa Creación. Usado con permiso.


*NOTA DEL EDITOR.  La Comunidad cristiana Hay paz con Dios no se rige por la práctica judía del día de reposo ni del año de reposo; sino que, primero, creemos y declaramos que nuestro Señor Jesucristo es nuestro reposo, en Él descansamos de toda obra, para justificarnos nosotros mismos delante de Dios; y segundo, seguimos el principio espiritual de reposar al séptimo día (que bien puede ser el viernes, el sábado, el domingo o cualquier otro día que la persona escoja).  Sí procuramos, tanto como nos sea posible, seguir la Ley del Espíritu, en libertad y amor, como el Señor y los apóstoles nos enseñaron y así exhortamos a todos los miembros de nuestra congregación.
Este artículo es publicado solamente con propósitos didácticos, para que nuestros lectores tengan un mayor y más profundo conocimiento de los ciclos de tiempos de Dios encontrados en las Sagradas Escrituras.  Por lo tanto, no animamos a nuestros lectores a sujetarse ni a someterse a una práctica religiosa ni ceremonial judía del día de reposo ni del año de reposo, por lo que expresamente enseña nuestro Señor en el Evangelio de Mateo 11:25-30; y el apóstol Pablo en Gálatas 3:6-11; 5:2-4.

Fuente: El Shemitá y los que significa para usted


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BENEFICIOS DE LA SIESTA

BENEFICIOS DE LA SIESTA
Por el Ministerio de Comunicación de la Comunidad cristiana Hay paz con Dios


Aunque la sociedad en la que vivimos de alguna forma “desprecie” el sano ejercicio de dormir una siesta durante el día, la evidencia demuestra cada vez más que regalarnos un pequeño respiro, en una ajetreada jornada, puede tener efectos muy beneficiosos.

En un estudio llevado a cabo el año pasado (2014) investigadores descubrieron que el sueño tanto diurno como nocturno mejoraba la consolidación en la memoria de parejas de palabras sin relación -como “pimienta” y “codo”- sugiriendo que un buen descanso ayuda a la hora de memorizar conceptos difíciles.

Otro estudio examinó los efectos de la siesta tras el entrenamiento de atletas, y concluyó que mejoraban el funcionamiento cerebral y los sistemas visuales, además de promover la recuperación mental y física.

En un estudio publicado en 2008, la profesora de la Universidad de California Sara Mednick y un grupo de colegas compararon los beneficios que produce tomar 200 mg de cafeína con una siesta de unos 60 o 90 minutos.

Los resultados demostraron que la siesta generalmente mejoraba el rendimiento de la memoria, mientras que la cafeína o no lo afectaba o lo empeoraba.

Los supuestos beneficios de la siesta han incluso provocado que algunas compañías permitan a sus trabajadores tomarse un descanso durante el día para echar una cabezada.

La empresa HubSpot instaló un cuarto para siestas en sus oficinas de Estados Unidos que sus empleados pueden reservar sin ningún tipo de limitaciones.

Según la compañía, la iniciativa fue todo un éxito, y los trabajadores no abusaron de este derecho a tener una siestecita.

En otros casos el resultado no fue tan positivo. Una empresa tecnológica de Toronto sufrió un descenso del 30% en productividad tras implantar la misma medida.

Aun así, Mednick asegura que un 40% de la población duerme la siesta de forma habitual, lo que quiere decir que sienten la necesidad de hacerlo y que se benefician de ello.

Pero, ¿cuál es la mejor forma de tomársela?

La mejor siesta

Según los expertos el mejor momento para echarse una siesta, basado en nuestros ritmos de sueño, es a la tarde entre las 2 y las 4.

Pero el beneficio de una buena siesta depende también de los efectos que estemos buscando.

En un estudio de 2009, Mednick y sus colegas compararon los efectos del sueño en fase REM (de Movimiento Ocular Rápido, en sus siglas en inglés), no REM y el descanso durante la vigilia, así como su relación con la resolución de problemas de manera creativa.

En la mañana de la prueba a los estudiantes se les dio un ejercicio en el cual tenían que proponer una palabra asociada con otras tres aparentemente no relacionadas.

Durante la tarde hubo algunos que tomaron una siesta REM, otros no REM y un tercer grupo permaneció despierto.

Cuando volvieron a la noche para hacer la prueba, los que habían tomado una siesta REM tuvieron los mejores resultados.

Pero esto también implica que para tener mejores resultados hay que dormir más, ya que la fase REM es la última fase del sueño.

Aunque otros estudios demuestren que siestas “rápidas” también tienen beneficios.

Los participantes en el experimento se sintieron menos cansados, con más vigor y demostraron una mejora en el rendimiento cognitivo durante 155 minutos después del descanso.

Aunque las siestas de 20 o 30 minutos también pueden tener beneficios, las mejoras cognitivas tardan más en establecerse, ya que los participantes deben recuperarse de la inercia de sueño causada por siestas más largas.

La importancia del cuándo

Elizabeth McDevitt, del Laboratorio de Sueño y Cognición de la Universidad de California, estudia si aquellos que no se tomarían una siesta pueden mejorar sus capacidades cognitivas si son entrenados para tomársela.

Aunque el estudio aun no ha sido publicado, McDevitt asegura que, hasta ahora, parece ser que a los que no les gustan las siestas no se benefician de ellas.

Esto implica que si uno no siente la necesidad de una siesta, es probablemente mejor no tomársela.

Otros expertos son rápidos a la hora de rechazar la noción del sueño polifásico -una estrategia según la cual la gente duerme durante cortos periodos en el día para en conjunto pasar menos tiempo durmiendo.

Algunos aseguran que no importa cómo se lo planee: tomarse una siesta no va a ser nunca tan bueno como una buena noche completa de sueño.

Parece ser que para poder tomarse una buena siesta hay que consultar con un experto sobre la mejor manera de hacerlo.


Fuente:
Conoce los beneficios de dormir la siesta


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CONFÍA MÁS Y PREOCÚPATE MENOS IV

CONFÍA MÁS Y PREOCÚPATE MENOS Parte IV
Por Max Lucado
Traducido por Dr. Daniel Guerrero

INTRODUCCIÓN
En este mensaje, que he editado en cuatro partes, el pastor Max Lucado nos expone nuestra necesidad de confiar en Dios muy a pesar de nuestras debilidades, preguntas y miedos.  En la Primera parte, él habla de cómo podemos confiar en el PODER DE DIOS en medio de nuestras debilidades; en la Segunda parte, habla del SILENCIO DE DIOS cuando más nos atacan nuestras preguntas; y en la Tercera parte, el pastor Lucado nos habla de la FIDELIDAD DE DIOS que puede disipar nuestros miedos y temores.

Ahora en esta Cuarta y última parte, veremos como podemos vencer nuestras dudas basados en las PROMESAS DE DIOS...

NUESTRAS DUDAS, LAS PROMESAS DE DIOS
Hay tormentas de nieve. Hay tormentas de granizo. Hay tormentas de lluvia. Y hay tormentas de duda...

De vez en cuando una tormenta de dudas se avalancha en mi vida, trayendo consigo un aluvión de preguntas y ventarrones de miedo. Y, poco después de la hora, la luz brilla nuevamente a través de . A veces, después de la tormenta vienen las noticias de la noche. Algunas noches me pregunto por qué verlas. Algunas noches es demasiado. Desde las escalinatas de la Corte Suprema de Justicia a las estepas del sur de África, las noticias suelen ser sombrías... treinta minutos del tamaño de un bocado de tragedias. Un hombre guapo con un traje bonito, con una voz cálida da malas noticias.  Le llaman el presentador (anchor: "ancla" en inglés).  Buen título... Uno necesita un "ancla" en las aguas tempestuosas de hoy.

A veces me pregunto: ¿Cómo pudo llegar nuestro mundo a ser tan caótico? A veces la tormenta viene cuando estoy en el trabajo. Historia tras historia de hogares que no sanan y corazones que no se suavizan. Siempre hay más hambre que comida, hay más necesidades que dinero, hay más preguntas que respuestas. Y los domingos me encuentro ante una iglesia con un bosquejo de tres puntos en la mano, con treinta minutos en el reloj, y una oración en los labios. Hago lo que puedo para decir algo y convencer a un extraño que un Dios invisible todavía oye.

Y a veces me pregunto por qué hay tantos corazones heridos. ¿Alguna vez has estado en una tormenta de dudas? Algunos de ustedes no, lo sé. Sí, ya he hablado contigo. Algunos de ustedes tienen un optimismo "Davidiano" que desafía cualquier Goliat. Yo pensaba que, en el mejor de los casos, usted era ingenuo; y en el peor de los casos, era falso.

Ya yo no pienso así más.

Creo que tienes talento. ¡Estás dotado de fe!  Usted puede ver el arco iris antes que las nubes se vayan. Si usted tiene ese don, a continuación, omita este capítulo. No voy a decir nada que necesite escuchar. Pero algunos de ustedes sí tienen preguntas... Te preguntas lo que otros saben que tú no sabes. Te preguntas si tú eres el ciego o si son ellos. Uno se pregunta por qué algunos proclaman "Eureka" antes de encontrar oro. Uno se pregunta por qué algunos gritan "Tierra a la vista", antes que la niebla se haya despejado. Se preguntan cómo algunas personas creen con tanta confianza mientras que usted cree de tan mala gana...

Como consecuencia, usted se siente un poco incómodo en el banco acolchado de la fe ciega. Su héroe de la Biblia es Tomás. Su segundo nombre es precaución. Sus preguntas son la pesadilla de todos los maestros de escuela dominical. "Si Dios es tan bueno, ¿por qué a veces me siento tan mal?"... "Si su mensaje es tan claro, ¿por qué me siento tan confundida?"... "Si el Padre está en control, ¿por qué las personas buenas tienen desgarradores problemas?"... Uno se pregunta si es una bendición o una maldición tener una mente que nunca descansa. Pero preferiría ser un cínico que un hipócrita, por lo que sigo orando con un ojo abierto y me pregunto:
· sobre los millones de niños hambrientos
· sobre el poder de la oración
· sobre las profundidades de la gracia
· sobre los cristianos en las salas de cáncer
· sobre quién es usted para hacer tales preguntas.
Preguntas difíciles. Preguntas tira-la-toalla. Preguntas que los discípulos debieron hacerse mientras estaban en la tormenta.

Todo lo que podían ver eran cielos negros, ya que rebotaban de un lado a otro en el barco maltrecho.  Nubes remolineantes. Velas blancas llevadas por el viento. El pesimismo se enterró en la costa. El florecimiento se inundó en la proa. Lo que podría haber sido un viaje agradable se convirtió en un paseo de caras pálidas a través de un mar de miedo. La pregunta, ¿Qué esperanza tenemos de sobrevivir a una noche de tormenta? Mi pregunta: ¿Dónde está Dios cuando tu mundo está bajo una tormenta? Tormentas de dudas: días turbulentos cuando el enemigo es demasiado grande, la tarea es demasiado grande, el futuro es demasiado sombrío, y las respuestas son muy pocas. De vez en cuando una tormenta viene, y voy a mirar hacia el cielo ennegrecido y digo: "Dios, ¿un poco de luz, por favor?"

La luz vino a los discípulos. Una figura se acercó a ellos caminando sobre el agua. No era lo que esperaban. Quizás estaban esperando ángeles descendiendo o que el cielo se abriera; quizás escuchar una proclamación divina que calmara la tormenta. No sabemos lo que estaban esperando. Pero una cosa es segura, no estaban esperando a Jesús caminando sobre las aguas. "¡Es un fantasma!" -dijeron; y gritaron de miedo" (Mateo 14:26). Y ya que Jesús vino de una manera que no esperaban, también casi pierden la respuesta a sus oraciones.

Y a menos que miremos y escuchemos con atención, nos arriesgamos a cometer el mismo error. Las luces de Dios en nuestras noches oscuras son tan numerosas como las estrellas, si sólo vamos a buscarlas. ¿Puedo compartir algunas luces con ustedes que recientemente han iluminado mi mundo?

Un amigo y yo nos sentamos en su coche, en frente de mi casa, y hablamos de su dilema. Su cliente principal se alejó de él, dejándolo con grandes facturas y pocas soluciones. Lo que el cliente hizo no estaba bien, pero de todos modos lo hizo. La empresa del cliente era grande y mi amigo era pequeño, y no había mucho que él pudiera hacer. Mi amigo se quedó en un foso de leones hambrientos deseando cifras de seis números de satisfacción. Me dijo: -"Llamé a mi tío y le conté lo que había sucedido. Le dije que estaba pensando en la declaración de bancarrota. -"¿Qué te dijo?" -Le pregunté. "No dijo nada" -respondió mi amigo.-"Después que él se quedó en silencio por un largo tiempo, lo dije por él: Nosotros no lo hacemos así, ¿verdad?" -"No, no lo hacemos", -me dijo. Así que voy a pagar las cuentas. Si tengo que vender mi casa, no importa, pero voy a pagar mis cuentas".

Me sentí alentado. Alguien todavía cree que si hace lo correcto, Dios va a hacer lo que es mejor. Yo se que todavía hay algunos con la fe de así-no-se-hace en el mundo. El cielo empezó a aclarar...

La luz número dos provenía de una sala de cáncer. -"Vamos a celebrar cuarenta y cuatro años mañana", dijo Jack, mientras alimentaba a su esposa. Ella estaba calva. Tenía los ojos hundidos, y balbuceaba. Ella sólo miraba hacia delante, y sólo abría su boca cuando él le acercaba el próximo bocado. Le limpiaba la mejilla. Le secaba la frente. -"Ella ha estado enferma durante cinco años", me dijo Jack. -"Ella no puede caminar. Ella no puede cuidar de sí misma. Ni siquiera puede alimentarse por sí misma, pero la amo". -"Y, (habló más fuerte para que pudiera oír),vamos a vencer a esta cosa, ¿no es cierto, querida?"  Él le dio de comer unos bocados y habló de nuevo: -"No tengo seguro. Cuando me lo podía permitir, pensé que no lo necesitaría. Ahora le debo a este hospital más de US$ 50.000.  Él se quedó callado por unos momentos, mientras le daba otro trago. Luego continuó. -"Pero ellos no me molestan. Saben que no puedo pagar; pero nos han admitido sin preguntas. Los médicos nos tratan como si fuéramos los mejores pacientes que pagan. ¿Quién hubiera imaginado tanta amabilidad?"

Tuve que darle la razón. ¿Quién hubiera imaginado tanta amabilidad? En un mundo espinoso de alta tecnología, y un costoso, a menudo criticado, sistema de salud, era tranquilizador encontrar profesionales que sirvan a dos que no tenína nada que dar a cambio.

Jack me dio las gracias por haber venido, y le agradecí a Dios una vez más que, un breve destello de luz me recordara que el sol está detrás de las nubes.

Luego, unos días después, vino otra luz.  Larry Brown es el entrenador de los Spurs de San Antonio, la liga local de baloncesto profesional. Yo no lo conozco personalmente (aunque se rumorea que él quiere que yo firme un contrato de varios años y juegue como pivote en el equipo... agradable fantasía). El coach Brown y yo recientemente pasamos una tarde en una tienda  local para  hombres, firmando autógrafos. Él tenía previsto pasar dos horas, pero terminó pasando tres.  Niños portando lápices-y-pads sitiaron el lugar, haciéndole preguntas y estrechándole la mano. Cuando finalmente fue capaz de escaparse, se subió a su coche, sólo para observar un espectáculo conmovedor. Un niño que llegó tarde -pedaleando duro, saltó de su bicicleta, y corrió a la ventana, para ver si el entrenador todavía estaba en la tienda. Cuando vio que no estaba, se volvió lenta y tristemente, se acercó a su bicicleta y empezó a cabalgar. El coach Brown apagó el motor, salió del carro y se acercó al muchacho. Charlaron por unos minutos, fueron al lado a una farmacia, se sentaron en una mesa, y bebieron una bebida gaseosa. Ningún reportero estaba cerca. Ninguna cámara estaba encendida. En cuanto a estos dos supieran, más nadie lo sabía. Estoy seguro de que Larry Brown tenía otras cosas que hacer esa tarde. No hay duda que también tenía otras citas que cumplir. Pero es dudoso que cualquier otra cosa que pudiera haber hecho esa tarde fuera más importante que lo que hizo. En un mundo de grandes estrellas y de altos profesionales brillantes del deporte, me hizo bien saber que todavía hay un entrenador que sigue siendo un entrenador de corazón. Escuchar lo que hizo fue suficiente para volar lejos de cualquier nube de duda y para dejarme calentar por la luz de Dios... de Su luz suave.

Luces suaves: Soluciones de Dios para tormentas de dudas. Con hojuelas doradas que iluminan en ámbar esperanza en la oscuridad. Sin rayos. Ni explosiones de luz. Sólo luces suaves. Un hombre de negocios elige la honestidad. Un hospital elige la compasión. Una celebridad elige la bondad. Evidencias visibles de la mano invisible.  Suaves recordatorios que el optimismo no es sólo para los tontos.

Divertido. Ninguno de los eventos fueron "religiosos".  Ninguno de los encuentros tuvieron lugar en una ceremonia o en un culto de la iglesia. Ninguno estará en las noticias de las seis. Pero eso es lo que sucede con las luces suaves.

Cuando los discípulos vieron a Jesús en medio de su noche de tormenta, le llamaron un fantasma. ¡Un fantasma!  Una alucinación. Para ellos, el resplandor era cualquier cosa menos Dios. Cuando vemos las luces suaves en el horizonte, a menudo tenemos la misma reacción.  Descartamos la  bondad ocasional como apariciones, accidentes o anomalías. Cualquier cosa menos Dios. "Cuando Jesús venga" -pudieron haber pensado los discípulos en el barco, "va a dividir el cielo. El mar estará en calma. Las nubes se dispersarán".  "Cuando Dios venga" -nosotros los escépticos pensamos, "todo el dolor huirá. La vida será tranquila. No habrá más preguntas". Y lamentablemente, por buscar la hoguera, nos perdemos la vela. Por escuchar el grito, nos perdemos el susurro.

Pero en las velas bruñidas es que Dios viene, y por medio de promesas susurradas es que Él habla: "Cuando dudes, mira a tu alrededor, yo estoy más cerca de lo que tú crees".


Si también desea leer la Primera parte de este mensaje, haga click aquí.

FUENTE:
Trusting more, worrying less


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¡CONFÍA MÁS, PREOCÚPATE MENOS! III

¡CONFÍA MÁS Y PREOCÚPATE MENOS! Parte III
Por Max Lucado
Traducido por Dr. Daniel Guerrero

INTRODUCCIÓN
En la primera parte el pastor Max Lucado nos habla sobre la ansiedad y cómo el poder de Dios se manifiesta y perfecciona a pesar de nuestras debilidades.  Y en la Segunda parte, analizando la experiencia del profeta Juan el bautista y el Señor Jesús, nos habla sobre nuestras dudas ante el silencio de Dios y cómo éstas atacan nuestra fe en Dios en medio de nuestras crisis y dificultades.

Ahora continuemos con la Tercera parte de este mensaje...

NUESTROS MIEDOS, LA FIDELIDAD DE DIOS
"Ellos vieron a Jesús... caminando sobre el agua, y se llenaron de temor" (1Jn. 6:19).

La fe es a menudo el hijo del miedo. El miedo impulsó a Pedro de la barca. Había cabalgado estas ondas antes. Él sabía lo que estas tormentas podrían hacer. Había oído las historias. Había visto los restos. Conocía las viudas. Sabía que la tormenta podría matar. Pero él quiso salir. Durante toda la noche él quería salir. Durante nueve horas había tirado de las velas, luchó con los remos, y buscó en cada sombra en el horizonte por esperanza. Estaba empapado hasta el alma y exhausto hasta los huesos por el gemido del endemoniado viento.

Mira dentro de los ojos de Pedro y no verás a un hombre de convicciones. Indaga en su cara y no encontrarás ni una mueca valiente. Más tarde, lo harás. Verás su valentía en el jardín. Serás testigo de su devoción en Pentecostés. Contemplarás su fe en sus epístolas. Pero no esta noche. Mírale a los ojos esta noche y verás miedo -un sofocante temor, el corazón acelerado de un hombre que no tiene salida.

Pero de este miedo nacerá un acto de fe, porque la fe es a menudo el hijo del miedo. "El temor de Jehová es el principio de la sabiduría", escribió el sabio (Pro. 9:10) y Pedro pudo haber sido la ilustración de su sermón. Si Pedro hubiera visto a Jesús caminando sobre el agua durante un tranquilo y pacífico día, ¿crees que hubiera salido a caminar con él?

Yo tampoco.

Si el lago hubiera sido una alfombra suave y el viaje placentero, ¿crees que Pedro le hubiera rogado a Jesús que le llevará de paseo por la superficie del agua? Lo dudo. Pero dale a un hombre la elección entre una muerte segura y una loca oportunidad, y cada vez va a correr el riesgo de ir tras la oportunidad... ¡Sin falta!

Grandes actos de fe rara vez nacen de un tranquilo cálculo.

"La fe es a menudo el hijo del miedo".

No era lógico lo que movió a Moisés a levantar su vara en la orilla del Mar Rojo (Éx. 14:15-16).  No fue la investigación médica lo que convenció a Naamán  de sumergirse siete veces en el río (2Rey. 5:13-14). No tenía sentido común lo que hizo que Pablo abandonara la Ley y abrazara la gracia (Ro. 3).

Y no era un comité confiado el que oraba, en una pequeña habitación de Jerusalén, por la liberación de Pedro de prisión (Hch. 12:6-17).  Era una temerosa, desesperada, banda de arrinconados creyentes. Era una iglesia sin opciones. Una congregación de "los-que-no-tienen" suplicando por ayuda.

Y nunca fueron más fuertes.

Al comienzo de cada acto de fe, a menudo hay una semilla de miedo.

Las biografías de discípulos audaces comienzan con capítulos de terror honesto. El miedo a la muerte. El miedo al fracaso. El miedo a la soledad. El temor a una vida desperdiciada. El miedo de no conocer a Dios. La fe comienza cuando usted ve a Dios en la montaña y se encuentra en el valle y sabes que eres demasiado débil para hacer la escalada. Usted ve lo que usted necesita. . . ve lo que tienes. . . y lo que tiene no es suficiente para lograr algo.

Pedro había dado su mejor esfuerzo. Pero su "mejor" no era suficiente.

Moisés tenía un mar al frente y detrás a un enemigo. Los israelitas sabían nadar o podían luchar. Pero ninguna de estas opciones era suficiente.

Naamán había intentado con varios tratamientos y aún consultó a los adivinos. Viajar largas distancias para sumergirse en un río fangoso no tenía mucho sentido, especialmente cuando había otros ríos más limpios en su patio trasero. Pero, ¿qué opción tenía?

Pablo había dominado la Ley. Él había llegado a dominar el sistema. Pero una visión de Dios lo convenció de que los sacrificios y los símbolos no eran suficientes.

La iglesia de Jerusalén sabía que no tenían ninguna esperanza de llegar a la prisión donde estaba Pedro. Ellos tenían algunos cristianos que podrían pelear, pero eran muy pocos. Tenían influencia, pero muy poca. No necesitaban músculos. ¡Necesitaban un milagro!

Lo mismo sucede con Pedro. Él está consciente de dos hechos: Él se está hundiendo y Jesús se queda arriba. Él sabe donde preferiría estar. No hay nada malo con esta respuesta. La fe que comienza con el miedo va a terminar más cerca del Padre.

Fui al oeste de Texas hace algún tiempo atrás para hablar en el funeral de un amigo piadoso de la familia,. Él había criado a cinco hijos. Uno de sus hijos, Pablo, contó una historia sobre el primer recuerdo que tenía de su padre: Era primavera en el oeste de Texas - temporada de tornados. Pablo en ese momento, sólo tenía tres o cuatro años de edad, pero él recuerda vívidamente el día que un tornado golpeó su pequeño pueblo. Su padre empujó al interior a los niños y los hizo tumbarse en el suelo, mientras él puso un colchón sobre ellos. Pero su padre no se puso bajo protección. Pablo recuerda que se asomó de debajo del colchón y lo vio de pie junto a una ventana abierta, viendo el embudo del tornado girar y golpear la pradera. Cuando Pablo vio a su padre, sabía dónde quería estar. Luchó para salir de los brazos de su madre, salió de debajo del colchón, y corrió para envolver sus brazos alrededor de las piernas de su papá... -"Algo me decía", dijo Pablo- "que el lugar más seguro para estar en una tormenta era al lado de mi padre."

Algo le dijo a Pedro la misma cosa...

"Señor, si eres tú", dijo Pedro, "manda que yo vaya a ti sobre las aguas" (Mt. 14:28). Pedro no está poniendo a prueba a Jesús, él le suplicaba a Jesús. Pisar un mar tormentoso no es un movimiento de la lógica, sino que es un movimiento de desesperación. Pedro agarra el borde de la embarcación. Lanza una pierna... y sigue con la otra. Hace varios pasos. Es como si una invisible cresta de rocas corre bajo sus pies. Al final de la cresta está la cara brillante de un amigo, que dice "nunca-te-des-por-vencido".

Nosotros hacemos lo mismo, ¿verdad? Venimos a Cristo en un momento de profunda necesidad. Abandonamos el barco de las buenas obras. Nos damos cuenta, como Moisés, que la fuerza humana no nos salvará. Así que buscamos a Dios con desesperación. Nos damos cuenta, al igual que Pablo, que todas las buenas obras en el mundo son insignificantes si se depositan ante el Perfecto. Nos damos cuenta, como Pedro, que la creciente distancia entre nosotros y Jesús es una hazaña demasiado grande para nuestros pies. Así que suplicamos por ayuda. Oímos Su voz. Y salimos con miedo, esperando que nuestra pequeña fe será suficiente.

La fe no nace en la mesa de negociaciones en la que regateamos nuestros dones a cambio de la bondad de Dios. La fe no es un premio que se otorga a los más sabios. No es una medalla que se da a los más disciplinados. No es un título de herencia [o testamento] que se otorga a los más religiosos.

La fe es un salto desesperado de la barca del esfuerzo humano que se hunde y una oración para que Dios esté allí para sacarnos del agua. Pablo escribió acerca de esta clase de fe en la carta a los Efesios: "Porque por gracia sois salvos por medio de la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie pueda gloriarse"  (Ef. 2:8-9).

Pablo es claro. La fuerza suprema de la salvación es la gracia de Dios. No son nuestras obras. No son nuestros talentos. No son nuestros sentimientos. No es nuestra fuerza. La salvación es la repentina y tranquilizadora presencia de Dios, en los mares tempestuosos de la vida. Oímos Su voz, entonces damos el paso...

Nosotros, al igual que Pablo, somos conscientes de dos cosas: somos grandes pecadores y necesitamos un gran Salvador. Nosotros, como Pedro, somos conscientes de dos hechos: nosotros nos hundimos y Dios sigue de pie. Así que procuramos salir como sea. Dejamos atrás el Titanic de "la justicia propia" y nos paramos en el sólido sendero de la gracia de Dios. Y, sorprendentemente, ¡somos capaces de caminar sobre el agua!  La muerte está desarmada. Las fallas son perdonables. La vida tiene un propósito real. Y Dios no sólo está a la vista, ¡está a nuestro alcance!

Con preciosos, pasos tambaleantes, nos acercamos más a Él. Por una temporada de fuerza sorprendente, nos paramos sobre Sus promesas. No tiene sentido que seamos capaces de hacer esto. No pretendemos ser dignos de este asombroso regalo. Cuando la gente nos pregunta cómo en el mundo podemos mantener el equilibrio durante estos tiempos tormentosos, no alardeamos. No presumimos. Señalamos inmediatamente a Aquel que lo hace posible. Nuestros ojos están puestos solo en Él.

-"Nada en mis manos traigo, Simplemente a Tu cruz me aferro", cantamos ("Roca de los Siglos, hendida para mi"/“Rock of Ages, Cleft for Me” por Augustus M. Toplady).

-"Vestido solo con Su justicia, Impecable de pie delante del Trono", declaramos ("La Roca sólida"/“The Solid Rock”, por Edward Mote).

-"Tu gracia que enseñó mi corazón a temer, y gracia que a mis miedos alivió",  podemos explicar ("Asombrosa Gracia"/“Amazing Grace”, por John Newton).

Algunos de nosotros, a diferencia de Pedro, nunca miramos hacia atrás.

Otros de nosotros, como Pedro, sentimos el viento y nos asustamos (Mt. 14:30). Tal vez nos encontramos ante el viento de la soberbia: "Yo no soy un pecador tan malo después de todo. Mira lo que puedo hacer".  O tal vez nos encontramos ante el viento del legalismo: "Yo sé que Jesús está haciendo una parte de esto, pero yo tengo que hacer el resto".

La mayoría de nosotros, sin embargo, enfrenta más al viento de la duda: "Soy demasiado malo para que Dios me trate bien. No merezco tal rescate". Y nos lanzamos hacia abajo. Pesados con un bulto de mortalidad, nos hundimos. Tragando saliva y aterrados, caemos en una oscuridad y en un mundo anegado. Abrimos los ojos y sólo vemos oscuridad. Tratamos de respirar, y no hay aire que venga. Empezamos a patalear y a luchar por volver a la superficie. Con la cabeza apenas por encima del agua, tenemos que tomar una decisión...

Los orgullosos preguntan: -"¿Tenemos que 'salvar las apariencias', y nos ahogamos en el orgullo? ¿O gritamos para pedir ayuda y tomar la mano de Dios?". Los legalistas preguntan: -"¿Tenemos que hundirnos bajo el peso de plomo pesado de la Ley? ¿O debemos abandonar las reglas y pedir por la gracia de Dios?".   Los escépticos preguntan: -"¿Seguimos nutriendo nuestras dudas mientras murmuramos? ¿O realmente, mejor las dejamos a un lado esta vez?"  ¿O mejor esperamos que el mismo Cristo, que nos llamó de la barca, nos saque también fuera del mar?"

"La fe es un salto desesperado de la barca del esfuerzo humano que se hunde y una oración para que Dios esté allí para sacarnos del agua".

Sabemos la elección de Pedro. "(Cuando estaba) comenzando a hundirse, (él) exclamó: -'¡Señor, sálvame!'  Al momento Jesús, extendiendo la mano, y asió de él" (Mt. 14:30-31).

También sabemos la elección de otro marinero en otra tormenta. Aunque separados por diecisiete siglos, este marinero y Pedro están unidos por una notable similitud:
· Ambos se ganaban la vida en el mar.
· Ambos conocieron al Salvador después de una batalla de nueve horas en una tormenta.
· Ambos conocieron al Padre en el miedo y luego le siguieron en fe.
· Ambos se alejaron de sus barcos y se convirtieron en predicadores de la Verdad.

¿Conoces la historia de Pedro, el primer marinero? Déjame contarte la historia del segundo, que se llamaba Juan. Él había servido en el mar desde que tenía once años. Su padre, un capitán inglés en el Mediterráneo, lo llevaba a bordo y lo entrenó bien para una vida en la Armada Real. Sin embargo, lo que Juan ganó en experiencia, le faltaba en disciplina. Él se burlaba de la autoridad. Corría con la gente equivocada. Se entregó a los caminos pecaminosos de un marinero. Aunque su formación le habría calificado para servir como oficial, su comportamiento hizo que fuera azotado y degradado. A los veinte años, se dirigió a África, donde empezó a interesarse por el lucrativo comercio de esclavos. A la edad de veintiún años, se ganaba la vida en el Greyhound (el Galgo), un barco de esclavos, cruzando el Océano Atlántico. Juan ridiculizaba la moral y se burlaba de la religión. Él incluso hacía bromas acerca de un libro que, más tarde, le ayudaría a reestructurar su vida: la imitación de Cristo. De hecho, él estaba desprestigiando a ese libro un par de horas antes de que su barco entrara en una furiosa tormenta.

Esa noche, las olas golpearon al Greyhound, girando la nave durante un minuto en la cima de una ola.  Hundiéndola en la siguiente en un valle acuoso. Juan despertó más tarde para encontrar a su cabina llena de agua. Un lado de la Greyhound había colapsado.

Normalmente estos daños habrían enviado a un barco al fondo del mar en cuestión de minutos. La Grayhound, sin embargo, llevaba carga flotante y eso la mantuvo a flote. Juan trabajó achicando la nave toda la noche. Durante nueve horas, él y los otros marineros luchaban para mantener el barco a flote. Pero sabían que era una causa perdida. Por último, cuando su esperanza estaba más maltrecha que la misma embarcación, se arrojaron sobre la cubierta empapada de agua salada y suplicaron: -"¡Si esto no funciona, entonces que Dios se apiade de todos nosotros!"

Juan no merecía clemencia, pero él la recibió... El barco Grayhound (el Glago) y su tripulación sobrevivieron. Juan nunca se olvidó de la misericordia de Dios mostrada ese día tempestuoso en el rugiente Atlántico. Regresó a Inglaterra, donde se convirtió en un compositor prolífico. Usted ha cantado sus canciones, como la siguiente:
"¡Asombrosa gracia! cuán dulce suena,
¡Que salvó a un miserable como yo!
Una vez estuve perdido, pero ahora soy encontrado,
Estuve ciego, pero ahora veo".
("Asombrosa gracia"/“Amazing Grace,” por John Newton)

Este traficante de esclavos convertido en compositor fue Juan Newton. Junto con sus himnos escritos, él también se convirtió en un poderoso orador. Durante casi cincuenta años, llenó púlpitos e iglesias con la historia del Salvador que te conoció a ti y a mí en la tormenta. Uno o dos años antes de su muerte, la gente lo instó a renunciar a la predicación ya que estaba perdiendo la vista. 
-"¿Qué?", ​​Explicó. -"Puede el viejo blasfemo africano parar mientras él todavía puede hablar?"

Él no paraba. Él no podía parar. Lo que había comenzado como una oración llena de miedo resultó en una vida llena de fe. Durante sus últimos años, alguien le preguntó por su salud. Confesó que sus facultades estaban fallando. 
-"Mi memoria está casi desaparecida", dijo, -"pero recuerdo dos cosas: que soy un gran pecador, y que Jesús es un gran Salvador".

¿Qué más necesitamos tú y yo recordar?

Dos marineros y dos mares. Dos barcos en dos tormentas. Dos oraciones de miedo y dos vidas de fe. Y lo que las une es un Salvador, un Dios, que caminará a través del infierno, contra viento y marea, para extender Su mano a un hijo que clama pidiendo Su ayuda.


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FUENTE:
Trusting more, worrying less


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INTRODUCCIÓN
En la primera parte vimos que la ansiedad "es como un viaje interminable en una montaña rusa fuera de control... usted es un pasajero permanente... atado al cinturón de seguridad, encadenado a su asiento. El vehículo amenazante te oprime en las esquinas abruptas. Y te impulsa hasta cumbres imposibles. Te impulsa, estrellándose en valles increíbles. Estás atrapado. Cuanto más te preocupas, más impotente te sientes. Dios sabía que la ansiedad te puede hacer esto. Es por eso que Él dijo no te preocupes... ven a mí y descansa... en otras palabras, confía en mí. Es la única manera de pisar el freno y llevar la ansiedad a su fin".

Ahora continuemos con la Segunda parte de este mensaje...

EL SILENCIO DE DIOS, NUESTRAS PREGUNTAS
Él era un hijo del desierto. Cara curtida. De piel bronceada. Ropa de pieles de animales. Lo que él poseía cabía en una bolsa. Sus paredes eran las montañas y su techo las estrellas. Pero ya no. Su frontera ahora está amurallada, su horizonte oculto. Las estrellas son los recuerdos. El aire fresco es casi olvidado. Y el hedor continuo de la mazmorra le recuerda al hijo del desierto que ahora es un cautivo del rey (Mt. 14:1-12).

En el libro de nadie, Juan el Bautista se merece un trato mejor que esto. Después de todo, ¿no es él el precursor de Cristo? ¿No es un pariente del Mesías?  Por lo menos, ¿no era él la voz valiente del arrepentimiento? Pero más recientemente, esa voz, en lugar de abrir la puerta de la renovación, ha abierto la puerta de su propia celda en una prisión.

Los problemas de Juan comenzaron cuando él llamó a un rey mientras caminaba por la alfombra. En un viaje a Roma, el rey Herodes sucumbió a las tentaciones de la esposa de su hermano, Herodías. Y allá decidió que Herodías estaba mejor casada con él; entonces Herodes se divorció de su esposa y trajo a su cuñada a su casa.

Los columnistas de chismes estaban fascinados, pero Juan el Bautista se enfureció. Se abalanzó sobre Herodes como un escorpión del desierto, denunciando su matrimonio como lo que era: un adulterio. Herodes pudo haber dejado que Juan se saliera con la suya. Pero no Herodías. Esta vaporosa seductora no iba a dejar que su ascenso social fuera expuesto de esa manera. Ella le pidió a Herodes que sacara a Juan del circuito de discursos y lo arrojara al calabozo. Herodes quedó sumiso y sin habla mientras ella le susurraba y lo seducía.  Entonces Herodes dio la aprobación. Pero eso no era suficiente para esta amante. Ella contaba con las curvas de su hija ante el rey y sus generales, en una despedida de soltero. Herodes, quien era tan fácil de engañar, de la misma manera se levantó, y se comprometió a hacer cualquier cosa por esa "jovencita cosa" en  ligueros y corset...

- "¿Cualquier cosa?"
- "Lo que sea", le caía la baba a Herodes.
Ella habló con su madre, que estaba esperando en los atrios, y luego regresó con su petición.
- "Yo quiero a Juan el Bautista".
- "¿Quieres una cita con el profeta?" -replicó Herodes.
- "Quiero su cabeza", dijo la bailarina. Y entonces, tranquilizada por un movimiento de cabeza de su madre, ella agregó, "En bandeja de plata, si no te importa".

Herodes miró los rostros a su alrededor. Sabía que no era justo, pero también sabía que todo el mundo lo estaba mirando. Y él había prometido "cualquier cosa".  Aunque él personalmente no tenía nada contra el predicador criollo, valoraba las encuestas de opinión mucho más de lo que él valoraba la vida de Juan. Después de todo, ¿qué es más importante, salvar la cara o salvar el cuello de un profeta excéntrico?

La historia apesta de iniquidad. Juan muere por causa de la lujuria de Herodes. Lo bueno es asesinado mientras lo malo sonríe. Un hombre de Dios ha sido asesinado mientras un hombre de pasión le está guiñando un ojo a su sobrina.

¿Es así como Dios recompensa a su ungido? ¿Es así como Él honra Sus fieles? ¿Es así como Dios corona a Sus elegidos? ¿Con un  oscuro calabozo y una brillante espada? La inconsistencia fue demasiado para Juan que lo abrumó. Incluso antes de que Herodes llegara a su veredicto, Juan ya estaba hilvanando sus preguntas. Sus preocupaciones fueron superadas únicamente por el número de veces que él se paseaba  por su celda cavilando. Cuando tuvo la oportunidad de enviarle un mensaje a Jesús, le envió una desesperada pregunta:

"Cuando Juan escuchó en la prisión los hechos de Cristo, le envió dos de sus discípulos a preguntarle: -'¿Eres tú el que había de venir, o debemos esperar a otro?'" (Mt. 11:3-4)

Tenga en cuenta lo que motivó la pregunta de Juan. No era sólo el calabozo o incluso la muerte. Era el problema de las expectativas insatisfechas -el hecho de que Juan estaba en serios problemas y Jesús estaba por allí tranquilo haciendo todo de manera habitual. ¿Es esto lo que el Mesías hace cuando llegan los problemas? ¿Es esto lo que Dios hace cuando sus seguidores están en un aprieto?

El silencio de Jesús fue suficiente para cincelar una grieta en la represa de las creencias de Juan. "¿Eres tú el Ungido esperado? ¿O he estado siguiendo al Señor equivocado?".  Si la Biblia hubiera sido escrita por una agencia de relaciones públicas, ya habrían eliminado ese versículo. No es una buena estrategia de relaciones públicas admitir que uno de los miembros del gabinete tiene dudas sobre el presidente... No deje salir historias como esas si usted está tratando de presentar un frente unido. Pero las Escrituras no fueron escritas por los agentes de publicidad e imagen; sino que se inspiran en un Dios eterno que sabía que, a partir de entonces,  cada discípulo pasaría un tiempo en el calabozo de la duda. Y aunque las circunstancias pueden haber cambiado, las preguntas no.

Se les pide que, en cualquier momento, los fieles sufran las consecuencias de los infieles. Cada vez que una persona da un paso en la dirección correcta, es sólo para que sus pies sean golpeados debajo de ellos; cada vez que una persona hace una buena acción, sufre malos resultados; cada vez que una persona toma una posición, es sólo para que termine de bruces... Las preguntas caen como la lluvia:

"Si Dios es tan bueno, ¿por qué sufro tanto?"
"Si Dios está realmente allí, ¿por qué estoy yo aquí?"
"¿Qué he hecho yo para merecer esto?"
"¿Dios se sobrepasó esta vez?"
"¿Por qué los justos son perseguidos?"

En su libro La decepción con Dios, Philip Yancey cita una carta que articula el problema de las expectativas no satisfechas en toda su insoportable realidad.  Meg Woodson perdió sus dos hijos por  fibrosis quística y luego, la muerte de su hija a la edad de veintitrés años fue especialmente traumática.  Las siguientes palabras hablan de su dolor y la duda mientras luchaba por hacer frente a lo que le sucedió:

"Yo estaba sentado al lado de su cama un par de días antes de su muerte, cuando de repente ella comenzó a gritar. Nunca olvidaré esos chillones, punzantes, y primitivos gritos... Es contra de este telón de fondo de seres humanos cayéndose a pedazos... es que Dios, habiendo podido ayudarla, miró hacia abajo a una joven mujer consagrada a Él, dispuesta a morir por Él para darle gloria; y Él decidió sentarse en Sus manos y dejó que su muerte llenara las listas de terror de muertes por fibrosis quística (Philip Yancey, "Decepcionado con Dios/Disappointment with God", Grand Rapids, Mi., Zondervan, 1988), 158.).

¿Dios a veces se sienta en Sus manos? ¿Dios a veces opta por no hacer nada? ¿Dios a veces opta por el silencio, incluso cuando estoy gritando más fuerte?

Hace algún tiempo, me llevé a mi familia a la tienda de bicicletas para comprar una bicicleta para una niña de cinco años de edad, Jenna.  Ella escogió una brillante "Starlett", con un asiento banana y ruedas de entrenamiento. Y Andrea, de tres años, decidió que quería una también.

Le expliqué a Andrea que ella era demasiado pequeña. Le dije que seguía teniendo problemas con un triciclo y ella era demasiado pequeña para un vehículo de dos ruedas. No tuve suerte, ella todavía quería una bicicleta. Le expliqué que cuando ella fuera un poco mayor, ella tendría una bicicleta también. Ella sólo me miró. Traté de decirle que una bici grande traería más dolor que placer, más rasguños que emociones. Volvió la cabeza y no dijo nada. Finalmente yo suspiré y le dije que esta vez su papá sabía qué era lo mejor para ella. ¿Su respuesta?  Ella gritó en voz alta lo suficiente como para que todos en la tienda pudieran oírla: -"¡Entonces quiero un nuevo papá!".   Aunque las palabras eran de boca de un niño, movieron los sentimientos de un adulto.

La frustración exige un cambio en el mando. Cuando no estamos de acuerdo con el que lleva la voz cantante, nuestra reacción suele ser la misma que la de Andrea, -lo mismo que Juan. "¿Él es el más adecuado para este trabajo?" O, como lo expresó Juan, "¿Eres el Ungido esperado? ¿O hay que esperar a otro?"

Andrea, con su capacidad de razonamiento de tres años de edad, no podía creer que una nueva bicicleta no pudiera ser lo más ideal para ella. Desde su punto de vista, sería la fuente de la eterna bienaventuranza. Y desde su punto de vista, el único que podía conceder esa bienaventuranza estaba "sentado sobre sus manos". Así Juan, no podía creer que cualquier cosa menos que su liberación podría ser lo mejor en el interés de todos los involucrados. En su opinión, ya era hora de ejercer un poco de justicia y obtener algún tipo de acción. Pero Aquel que tenía el poder estaba "sentado sobre sus manos".  No puedo creer que Dios se sentara en silencio, mientras un misionero es expulsado de un país extranjero; o un cristiano pierde una promoción a causa de sus creencias; o ante una esposa fiel que es maltratada por un marido infiel.  Estos son sólo tres de los muchos temas que han hecho su camino en mi lista de oración -de todas las oraciones que parecen haber quedado sin respuesta...

Regla general: Las nubes de la duda se crean cuando el aire cálido y húmedo de nuestras expectativas se encuentra con el aire frío del silencio de Dios. Si usted ha oído el silencio de Dios, si te has quedado varado en el calabozo de la duda, entonces entiende esto: Tal vez no es que Dios está en silencio. Tal vez, como Juan,  has estado escuchando la respuesta equivocada.  Juan había estado escuchando una respuesta a sus problemas terrenales, mientras Jesús estaba ocupado resolviendo sus asuntos celestiales.  Esto es digno de recordar la próxima vez que escuches el silencio de Dios. Si has pedido por tu pareja (esposo o esposa), pero todavía estás durmiendo sola... si usted ha pedido por un hijo, pero su vientre sigue estéril... si ha pedido por sanidad, pero sigue sufriendo todavía... no creo que Dios no nos escucha. Él lo está haciendo. Y es más, Él aún está respondiendo peticiones que ni siquiera tú estás haciendo.

Santa Teresa de Avila era lo suficientemente perspicaz para orar: "No me castigues por concederme lo que yo deseo o quiero pedir" (Citado en "A Guide to Prayer for Ministers and Other Servants", pág. 345).

Y el apóstol Pablo fue lo suficientemente honesto para escribir: "nosotros no sabemos qué quiere Dios que le pidamos en oración" (Ro. 8:26 NTV).

El hecho es que Juan no estaba pidiendo demasiado, lo que estaba era pidiendo demasiado poco. Él le estaba pidiendo al Padre que resolviera lo temporal, mientras que Jesús estaba ocupado resolviendo lo eterno. Juan estaba pidiendo un favor inmediato, mientras Jesús estaba orquestando la solución eterna. ¿Eso quiere decir que Jesús no se preocupa por la injusticia? ¡Claro sí!  Él se preocupa por las persecuciones. Él se preocupa por las desigualdades, el hambre y el prejuicio. Y Él sabe lo que se siente el ser castigado por algo que Él no hizo. Él conoce perfectamente bien el significado de la frase: "No es justo".

Porque no era justo que la gente escupiera en los ojos de Aquel que había llorado por ellos. No era justo que los soldados arrancaran trozos de carne de la espalda de su Dios. No era justo que los clavos traspasaran las manos de Aquel que formó la tierra. Y tampoco era justo que el Hijo de Dios se viera obligado a escuchar el silencio de Dios. No estaba bien, no era justo, pero sucedió.

Porque mientras Jesús estaba en la cruz, "Dios se sentó sobre Sus manos".  Le dio Su espalda. Hizo caso omiso a los gritos de Su Hijo inocente. Se sentó en silencio mientras los pecados del mundo fueron colocados sobre Su Hijo. Y Él no hizo nada mientras un llanto, un millón de veces más sangriento que el de Juan, resonó en el cielo negro, clamando: -"¡Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt. 27:46).

¿Estaba bien? No.
¿Era justo? No.
¿Fue amor? Sí.

"Las nubes de la duda se crean cuando el aire cálido y húmedo de nuestras expectativas se encuentra con el aire frío del silencio de Dios".

En un mundo de injusticia, Dios de una vez por todas, inclinó la balanza a favor de la esperanza. Y lo hizo al "sentarse sobre Sus manos", para que pudiéramos conocer el reino de Dios.

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FUENTE:


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Por Max Lucado
Traducido por Dr. Daniel Guerrero

Es como un viaje interminable en una montaña rusa fuera de control... usted es un pasajero permanente... atado, al cinturón de seguridad, encadenado a su asiento. El vehículo amenazante te oprime en las esquinas abruptas. Y te  impulsa hasta cumbres imposibles. Te impulsa, estrellándose en valles increíbles. Es... la ansiedad.  Estás atrapado. Cuanto más te preocupas, más impotente te sientes. Dios sabía que la ansiedad te puede hacer esto.  Es por eso que Él dijo no te preocupes... ven a mí y descansa... en otras palabras, confía en mí. Es la única manera de pisar el freno y llevar la ansiedad a su fin.

NUESTRA DEBILIDAD, EL PODER DE DIOS

El reino de los cielos. Sus ciudadanos están borrachos de obras maravillosas. Consideremos el caso de Sarai (Gén 16-18, 21). Ella está en sus años dorados, pero Dios le promete un hijo. Ella se emociona. Visita la tienda de maternidad y compra algunos vestidos. Planea su ducha y remodela su tienda de campaña... pero no hay ningún hijo. Ella se come unos cuantos pasteles de cumpleaños y sopla un montón de velas... y todavía no hay ningún hijo. Ella pasa por una década de calendarios de pared... y todavía, ningún hijo.

Entonces Sarai decide tomar el asunto en sus propias manos. (Pensó: -"tal vez Dios necesita que me haga cargo de esto").

Ella convence a Abram que el tiempo se está acabando. (Le dice: -"Acéptalo, Abe, tú tampoco te estás rejuveneciendo"). Ella ordena a su criada, Agar, para ir a la tienda de Abram y ver si necesita "algo"... ("Y quiero decir ¡cualquier cosa!").  Hagar va como una sierva. Y sale como una mamá. Y empiezan los problemas...

Agar es arrogante. Sarai es celosa. Abram está mareado por el dilema. Y Dios llama al niño un "asno salvaje", un nombre apropiado para uno que nació de la terquedad y que está destinado a "patear" su camino dentro de la historia.

No es la acogedora familia que Sarai esperaba. Y no será un tema que Abram y Sarai conversarán muy a menudo en la cena...

Por último, catorce años después, cuando Abram está llegando a un siglo y Sarai a noventa años...  Cuando Abram ha dejado de escuchar los consejos de Sarai, y Sarai ha dejado de darlos... cuando el fondo de pantalla en la maternidad cesó y los muebles del bebé están vencidos ya por varias temporadas... cuando el tema del hijo prometido trae suspiros y lágrimas y miradas largas en un cielo silencioso... entonces Dios les hace una visita y les dice que será bueno que seleccionen un nombre para su nuevo hijo.

Abram y Sarai tienen la misma respuesta: se ríen.  Se ríen, en parte, porque es demasiado bueno que suceda; y en parte, debido a que podría suceder. Se ríen porque han perdido la esperanza, y la esperanza renace siempre divertida antes de que sea real.

Se ríen de la locura de todo esto.

Abram mira a Sarai -sin dientes y roncando en su mecedora, con la cabeza hacia atrás y la boca bien abierta, tan fructífera como una ciruela pasa sin hueso y también arrugada. Y se ríe a carcajadas. Él intenta contenerlo, pero no puede. Él siempre ha sido un tonto para una buena broma.

Sarai está tan sorprendida. Cuando oye la noticia, se le escapa una carcajada antes de que la pueda contener. Ella murmura algo de lo que su marido necesitaría urgentemente, y luego se vuelve a reír.

Se ríen porque eso es lo que haces cuando alguien dice que él puede hacer lo imposible. Se ríen un poco de Dios, y mucho con Dios, porque Dios también se está riendo. Luego, con la sonrisa aún en Su rostro, Él se pone ocupado haciendo lo que mejor sabe hacer: -lo increíble.

Él cambia algunas cosas, empezando por sus nombres. Abram, el padre de uno, ahora se llamará Abraham, el padre de una multitud. Sarai, la estéril, ahora será Sarah, la madre.

Sin embargo, sus nombres no son las únicas cosas que Dios cambia. Él cambia su opinión. Él cambia su fe. Él cambia el número de deducciones de impuestos. Cambia la forma de definir la palabra imposible.

Pero, sobre todo, cambia la actitud de Sara acerca de confiar en Dios. Si ella hubiera escuchado la declaración de Jesús de "ser pobres en espíritu", hubiera dado su testimonio diciendo: "Tiene razón. Cuando yo hago las cosas a mi manera, lo que obtengo es un dolor de cabeza. Cuando dejo que Dios se haga cargo de todo, ¡tengo un hijo!  Tú trata de entenderlo. Pero todo lo que yo sé es que, soy la primera dama en la ciudad que paga un pediatra con un cheque del Seguro Social".

Dos mil años más tarde, he aquí otro testimonio (Lucas 5):

"Lo último que yo quería hacer era pescar  Pero eso fue exactamente lo que Jesús quería hacer. Me había pasado toda la noche pescando. Mis brazos me dolían. Los ojos me ardían. Mi cuello estaba dolorido. Lo único que quería hacer era volver a casa y dejar que mi esposa frotara los nudos de mi espalda.

Ha sido una larga noche. No sé cuántas veces había lanzado esa red en la oscuridad y oírla golpear contra el mar. No sé cuántas veces había sostenido la cuerda mientras la red se hundía en el agua. Toda la noche había estado esperando ese bulto, ese tirón, ese idiota que nos guiara a hacer la captura... pero nunca, nunca llegó. Así, al amanecer, yo estaba listo para irme a casa.

Justo cuando estaba a punto de irme a la playa, me di cuenta de una multitud que venía hacia mí. Ellos estaban siguiendo a un tipo larguirucho que caminaba con una marcha amplia y a un paso rápido. Él me vio y me llamó por mi nombre. -¡Buenos días, Jesús! -Yo le repliqué.  A pesar de que estaba como a cien metros de distancia, pude ver su blanca sonrisa. -'Toda una multitud, ¿eh?' -Gritó, señalando a la masa detrás de Él. Yo asentí con la cabeza y me senté a mirar.

Se detuvo cerca de la orilla de la playa y empezó a hablar. Aunque yo no podía oír mucho, sí pude ver mucho. Pude ver que más y más gente llegaba. Con toda la presión y los empujones, era una sorpresa que Jesús no era empujado hacia dentro del agua. Ya estaba hasta las rodillas cuando Él me miró.

No tuve que pensarlo dos veces. Se subió a mi barco, y Juan y yo también subimos. Avanzamos un poco. Me recosté contra la proa, y Jesús se puso a enseñar.

Parecía que la mitad de Israel estaba en la playa. Los hombres habían salido de sus trabajos y las mujeres de sus tareas domésticas. Incluso pude reconocer a algunos sacerdotes. ¡Cómo todos escuchaban! Apenas se movían, pero sus ojos bailaban como si fueran de alguna manera a ver lo que podrían ser.

Cuando Jesús terminó, se volvió hacia mí. Me levanté y cuando había empezado a anclar, me dijo: '¡Pedro empuja hacia lo profundo. Vamos a pescar!"

"Gemí. Miré a Juan. Estábamos pensando lo mismo. Mientras Él quisiera utilizar el barco como una plataforma, todo estaba bien. Pero usarlo como un barco de pesca, ese era nuestro territorio. Pensé decirle a este carpintero-maestro, "Si te quedas en la predicación, yo me quedo con la pesca". Pero yo era más cortés, así que le dije: -"Hemos trabajado toda la noche. Y no hemos pescado nada".

Él sólo me miró. Miré a Juan. Y Juan estaba esperando por mi señal...

Me gustaría poder decir que lo hice por amor. Me gustaría poder decir que lo hice por devoción. Pero no puedo. Todo lo que puedo decir es que hay un tiempo para preguntas y un tiempo para escuchar. Así que, como un gruñido así como una oración, nos dirigimos hacia allá fuera, hacia lo profundo...

Con cada golpe de remo, murmuré. Con cada tirón de la pala, refunfuñé. Y me decía a mi mismo una y otra vez: -"¡No puede ser. No puede ser. Esto es imposible!". Yo no sé muchas cosas, pero sé de pesca. ¡Y todo lo que vamos a hacer es regresar con unas redes mojadas!

El ruido en la playa se volvió distante, y pronto el único sonido era el golpe de las olas contra el casco de la barca. Finalmente echamos el ancla. Cogí la red gruesa y lo sostuve hasta la cintura, y comencé a tirarla. Fue entonces cuando alcance a ver a Jesús con el rabillo de mi ojo. Su expresión me detuvo en medio de la acción.

Estaba apoyado sobre el borde de la embarcación, mirando hacia el agua donde estaba a punto de tirar la red. Y conseguí esto, Él estaba sonriendo. Una sonrisa de niño empujado por las mejillas altas que volvió sus ojos redondos en medias lunas; el tipo de sonrisa que se ve cuando un niño da un regalo a un amigo y observa cómo lo desenvuelve.

Se dio cuenta que lo miraba, y Él trató de ocultar su sonrisa, pero ésta persistió. La empujó hasta las comisuras de la boca hasta que un destello de dientes aparecieron. Me había dado un regalo y apenas podía contenerme para abrirlo.

-"Amigo, esto va a ser frustrante", pensé mientras lanzaba la red. Voló alto, esparciéndose sobre el cielo azul y flotando hacia abajo hasta que se dejó caer totalmente sobre la superficie, y luego se hundió. Me envolví la cuerda una vez alrededor de la mano y me eché hacia atrás para la larga espera...

Pero en esta oportunidad no había que esperar. La cuerda floja de repente se tensó y me trató de tirar por la borda. Puse mis pies contra el costado del barco y grité pidiendo ayuda. Juan y Jesús se levantaron justo a mi lado.

Teníamos la red cerca de que comenzara a romperse. Yo nunca había visto tal captura. Era como dejar caer un saco de piedras en el barco. Comenzamos a hundirnos en el agua. Así que Juan le gritó a los de la otra barca para que nos ayudaran.

Fue toda una escena: cuatro pescadores, en dos barcos, con pescado hasta las rodillas, y un carpintero sentado en la proa, disfrutando del pandemónium.

Fue entonces cuando me di cuenta de quién era. Y fue entonces cuando me di cuenta de quién era yo: ¡yo fui el que le dijo a Dios lo que Él no podía hacer!

Inmediatamente le dije: -"¡Apártate de mí, Señor, que soy un hombre pecador".  No había nada más que yo pudiera decir.

No sé qué vio en mí, pero Él no se fue. Tal vez pensó que si yo iba a dejar que me dijera cómo pescar, también me gustaría que me dijera cómo vivir.

Esa sería una escena que se vería muchas veces en los próximos dos años, en los cementerios con los muertos, en las laderas con el hambriento, en las tormentas con el miedo, en las carreteras con los enfermos. Los personajes podían cambiar, pero el tema no lo haría. Cuando decíamos: ''De ninguna manera", Él decía: "A mi manera'. Entonces los que dudaban luchaban con sus fuerzas para salvar la bendición. Mientras que Aquel que la daba libremente saboreaba la sorpresa cuando estos sencillamente la recibían.

"Mi poder se muestra mejor en los débiles" (2Cor. 12:9).

Dios dijo estas palabras. Pablo las escribió. Dios dijo que Él estaba buscando vasijas vacías más que  músculos fuertes. Pablo lo demostró.

Antes que se encontrara con Cristo, Pablo había sido una especie de héroe entre los fariseos. Se podría decir que él era su Wyatt Earp [nota del traductor: héroe policial del oeste norteamericano].  Él guardó la ley y el orden -o, mejor dicho, veneraba la Ley- y daba las órdenes. Buenas madres judías lo presentaban como el ejemplo de un buen muchacho judío. Se le daba el puesto de honor en el almuerzo de los miércoles del "Club de Leones" de Jerusalén. Tenía  en su escritorio un pisapapeles de "Quién es quién en el judaísmo";  y fue seleccionado como "El más prometedor" en su promoción. Y él rápidamente se estableció como el posible heredero de su maestro, Gamaliel.

Si hay tal cosa como una fortuna religiosa, Pablo la tenía. Él era un millonario espiritual, nacido con un pie en el cielo, y él lo sabía:
"Si alguien pudiera confiar en sus propios esfuerzos, ése sería yo. De hecho, si otros tienen razones para confiar en sus propios esfuerzos, ¡yo las tengo aún más!
Fui circuncidado cuando tenía ocho días de vida. Soy un ciudadano de Israel de pura cepa y miembro de la tribu de Benjamín, ¡un verdadero hebreo como no ha habido otro! Fui miembro de los fariseos, quienes exigen la obediencia más estricta a la ley judía. Era tan fanático que perseguía con crueldad a la iglesia, y en cuanto a la justicia, obedecía la ley al pie de la letra"
 (Fil. 3:4-6 NTV).

Sangre azul y ojos desorbitados, este joven  fanático estaba empeñado en mantener el reino puro, y eso significaba mantener fuera a los cristianos. Marchó por el campo como un general que exigía que los judíos apóstatas saludaran a la bandera de la patria o besaran a su familia y esperaran solo un adiós.

Sin embargo, todo esto llegó a su fin,  a la orilla de una camino. Equipado con citaciones, esposas, y una pandilla que lo acompañaba, Pablo estaba en su camino de hacer un poco de "evangelismo personal" en Damasco. Fue entonces cuando alguien encendió las luces del estadio, y él oyó la Voz.

Cuando se dio cuenta de quién era la Voz, su mandíbula cayó al suelo, y ésta siguió a su cuerpo. Se preparó para lo peor...  Él sabía que todo había terminado. Sintió la soga al cuello. Olió las flores en el coche fúnebre. Él oró para que la muerte fuera rápida y sin dolor.

Pero lo único que obtuvo fue el silencio y la primera de toda una vida llena de sorpresas...

Terminó desconcertado y aturdido en un cuarto prestado. Dios lo dejó allí unos días con escamas en sus ojos tan gruesas que la única dirección a la que él podía ver era hacia su interior. Y no le gustó lo que vio.

Él se vio como lo que realmente era, para usar sus propias palabras, "el primero de los pecadores" (1Ti. 1:15). Un legalista. Un aguafiestas. Un fanfarrón engreído que afirmaba haber dominado código de Dios. Un dispensador de justicia que pesaba la salvación sobre una "balanza".

Fue entonces cuando Ananías lo encontró. No era gran cosa, ojeroso y aturdido después de tres días de turbulencia. Tampoco había mucho que ver en Saraí, ni tampoco en Pedro. Pero lo que los tres tienen en común dice más que un volumen de teología sistemática. Para cuando se dieron por vencidos, Dios intervino, y el resultado fue un paseo en una montaña rusa directamente dentro del reino.

Pablo estaba a un paso por delante del joven rico. Él sabía que no podía llegar a un trato con Dios. Él no hizo ninguna excusa, sino que simplemente clamó por misericordia. A solas en la habitación, con sus pecados en su conciencia y sangre en sus manos, él pidió ser limpiado.

Vale la pena leer las instrucciones de Ananías a Pablo: "¿Qué esperas? Levántate y bautízate. Queda limpio de tus pecados al invocar el Nombre del Señor” (Hch. 22:16 NTV).

A él no se lo tenía que decir dos veces. El legalista Saulo fue sepultado, y nació Pablo el libertador. Él nunca más sería el mismo. Y tampoco lo sería el mundo.

Sermones conmovedores, discípulos dedicados, y seis mil millas de caminos. Si sus sandalias no estaban abofeteando sus pies, su pluma estaba escribiendo. Si él no estaba explicando el misterio de la gracia, entonces estaba  articulando la teología que determinaría el curso de la civilización Occidental.

Todas sus palabras se podrían reducir a una sola frase. "Nosotros predicamos a Cristo crucificado" (1Cor. 1:23).  No era que carecía de otros puntos en sus sermones, era sólo que él no podía agotar el primero.

Lo absurdo de toda su experiencia lo mantuvo en movimiento. Jesús debió haber acabado con él en aquel camino. Tendría que haberlo dejado para los buitres. Tendría que haberlo enviado al infierno. Pero no lo hizo. ¡Lo envió a los perdidos!

El mismo Pablo la llamó "locura". Lo describió con frases como "piedra de tropiezo" y "tontería", pero al final optó por llamarlo "gracia" (1Cor. 1:23; Ef. 2:8).

Y defendió su inquebrantable lealtad al decir: "El amor de Cristo no [me] deja otra opción" (1Cor. 5:14).

Pablo nunca tomó un curso de misiones. Nunca asistió a una reunión del comité de misiones. Nunca leyó un libro sobre el crecimiento de la iglesia. Fue inspirado sólo por el Espíritu Santo y se emborrachó del amor que hace posible lo imposible: la salvación.

El mensaje es apasionante: Muéstrale a un hombre sus fallas sin Jesús, y el resultado será encontrarlo en la cuneta de una carretera. Dale a un hombre una religión sin recordarle su inmundicia, y el resultado será arrogancia en un traje de tres piezas. Pero llegar a los dos en el mismo corazón -el pecado encontrándose con el Salvador y Salvador encontrándose con el pecado-, y el resultado podría ser otro fariseo convertido en predicador, que pone al mundo arder.

Cuatro personas: el joven rico, Sarah, Pedro y Pablo. Un curioso hilo que los junta y une a los cuatro: -sus nombres.

A los últimos tres les fueron cambiados sus nombres: - a Sarai por Sara, a Simón por Pedro, y a Saulo por Pablo.

Pero al primero, el joven yuppie, nunca es mencionado por su nombre...

Tal vez esa es la explicación más clara de la primera bienaventuranza. El que se hace un nombre por sí mismo no tiene nombre. Pero los que clamaron el Nombre de Jesús -y su Nombre solamente-, tienen nuevos nombres y, aún más, ¡la vida nueva!


FUENTE:


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IMPORTANCIA DE LAS VACACIONES

LA IMPORTANCIA DE LAS VACACIONES
Por el Ministerio de Comunión de la Comunidad Cristiana Hay paz con Dios

Vacaciones en familia
Ya se acerca la temporada de vacaciones escolares y laborales para muchos niños, jóvenes y familias, y en esta entrega queremos subrayar la importancia de las vacaciones para cada persona, pero en especial para toda la familia.

Las vacaciones son algo que debemos apreciar, cada uno de los miembros de la familia, sin importar si son jóvenes o más adultos porque no son solo para divertirse sino algo también necesario para mantenerte relajado de la vida cotidiana y salir de la rutina.

¿QUÉ PUEDE PASAR SI NO TOMAMOS UN LARGO DESCANSO?
Afecta nuestra salud física y mental
Se llega incluso a afirmar que las vacaciones son tan importantes como el dormir. La falta de vacaciones, como la falta de horas de sueño, disminuye la capacidad de pensar claramente y actuar de forma decisiva. En esas situaciones, es frecuente que no se use la información en forma efectiva ni que se pueda ver las  situaciones de una manera global. Además, se ven disminuidos el tiempo de respuesta de los reflejos físicos (se es más lento), la entereza individual (se disminuye la capacidad de sobreponerse a acontecimientos graves o dolorosos) y las defensas del sistema inmunológico de nuestro cuerpo.

Más grave aún es que las personas que no toman vacaciones comúnmente piensan que hacen bien trabajando hasta desfallecer, y no se percatan que están violando la ley espiritual de tener reposo en el Señor (Gén. 2:3-4; Mt. 11:28-29; Fil. 4:6-7). En realidad,  la persona que no toma vacaciones no solo se hace daño así misma, sino que también daña a las personas que le rodean. La actitud de trabajar sin descanso puede convertirse en una adicción y la persona llega a ser "trabajólica", que en lo único que piensa es en trabajar y trabajar. La adicción al trabajo, como toda adicción, no es buena. Para lograr romperla muchas veces es necesario “tocar fondo”, y para cuando se llega a ese punto, ya se ha dañado mucho a si mismo y a otras personas.

Afecta nuestra salud sico-emocional
La falta de vacaciones tiene también un efecto negativo a nivel social, tanto en lo laboral como familiar. Hace que la persona se vuelva amargada y que llegue a criticar a conocidos, familiares o colegas que sí cuidan de si mismos.¡El estrés mata! Es simple. El estrés ocasiona un deterioro importante de la salud física y mental de las personas, ocasiona un mal desempeño en las actividades laborales, relaciones sociales y de la persona como individuo. Este deterioro es la respuesta del cuerpo a circunstancias como exceso de trabajo, aspiraciones no satisfechas, ansiedad laboral. Es decir, todas estas circunstancias juntas exigen másde lo que un individuo puede resolver y redunda en ese estrés que mata.  Es por eso que la razón principal de la existencia de las vacaciones es prevenir el estrés. Las vacaciones logran incrementar la efectividad y la productividad el resto del año.

Afecta nuestra salud espiritual
Al violar el mandamiento y principio espiritual del debido descanso o reposo, nos ponemos en una conducta desobediente o una posición contraria a la voluntad de Dios, a Su diseño y propósito para el hombre y la creación desde Génesis hasta Apocalípsis (Gén. 2:3-4; Éx. 16:26; Dt. 5:12-14; Heb. 4:3-11).  Dios juzgó severamente al pueblo de Israel por no guardar sus días y tiempos de reposo, al punto de expulsarlos de la tierra prometida, pues por su desobediencia no dejaban que Su tierra descansara (Neh. 10: 31; 13:15-18).

Jesús mismo nos da ejemplo de la necesidad de nuestros cuerpos del debido descanso, y para ello se retiraba de la presencia de Sus discípulos y de las multitudes para descansar y dedicar tiempo en la presencia del Padre (Mr. 4:37-40; Lc. 5:15-16; 9:10).

El exceso de trabajo y la falta de descanso puede evidenciar varias cosas:
1. Un alma angustiada por los afanes de la vida
2. Falta de confianza en la provisión y ayuda de Dios
3. Falta de planificación y desorden en la ejecución del trabajo/ministerio
4. Un alma afanada por el deseo del logro, éxito y bienes materiales
5. Un alma atrapada por el amor al dinero
6. Un alma atrapada por el amor a la aprobación y la aceptación
7. Falta de amor y consideración por su familia, que desea compartir con esa persona.

Todo lo anterior evidencia un corazón idólatra, que no pone a Dios de primero en su vida, ni tiene claras sus prioridades en la vida.

BENEFICIOS DE LAS VACACIONES
¡Toma tiempo para descansar!
Tener vacaciones periódicas, sean cortas o largas traen muchos beneficios para nuestra salud y bienestar espiritual, mental, emocional y físico, pero vamos a enumerar unas pocas aquí:

La creatividad y las vacaciones van de la mano. Unas buenas vacaciones nos ayudan a conseguirnos a nosotros mismos que estamos perdidos en muchas ocasiones en un lugar de la vida muy monótono con responsabilidades y trabajo y nada más. Un buen viaje ayuda a que te sientas joven y con energía lo que hará que suba tu creatividad y suba tus ganas de volver a la vida normal.

Ayuda a reducir el estrés. Las vacaciones con tu familia te ayuda a reducir estrés y si no lo crees hasta los médicos lo aconsejan cuando alguien tiene algún problema de salud causado solo por estrés.

Ayuda a mejorar tu rendimiento en el trabajo. Te ayudará a sentirte mejor y tener más rendimiento porque precisamente estás más relajado, con menos estrés. En pocas palabras es para recargar las baterías.
Ayuda a acercarte a tu familia. Si vas con tu pareja, familia o amigos, siempre regresarán felices y a crear mejores relaciones con todos tus seres queridos.

El entretenimiento es necesario. Si todo lo que ya mencioné no te gusta, entonces no puedes ignorar que siempre se necesita tener entretenimiento en la vida de todos; y si tenemos pocos momentos de esparcimiento y entretenimiento, pues unas vacaciones es el mejor paso para comenzar.

CONCLUSIÓN:
Así que, la conclusión y recomendación es obvia. Al igual que comer o dormir, descansar es una necesidad espiritual, biológica y mental. No es conveniente retardar las vacaciones ni sacrificar esta necesidad por dinero. Las vacaciones no solo favorecen al trabajador sino también a su familia y a la empresa donde trabaja.

Y las vacaciones son también necesarias para un saludable crecimiento físico, mental y espiritual; y así lo hemos aprendido de las Escrituras, que Dios en Su diseño para el hombre y la creación ha establecido días, tiempos y estaciones para también descansar y dedicar suficiente tiempo para Él, para nosotros y para nuestra familia.  Él desea no solo que nosotros descansemos en Él, pero Él también desea reposar Su presencia en nosotros, Su dulce paz, amor y gloria, y para eso necesitamos lograr la debida paz y salud interior, que solo podremos alcanzar si nos detenemos en nuestro andar y trabajar diario.

Así que, en esta temporada de vacaciones, aparta tiempo y prepárate a descansar en el Señor y a disfrutar un buen tiempo en familia.  ¡Qué disfrutes tus vacaciones y Dios siga bendiciendo tu vida y familia!


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CAMINANDO CON DIOS

EL CAMINAR CON DIOS
Por Francis Frangipane
http://www.frangipanehispano.org/

En los días venideros, muchos serán conmovidos por proclamaciones —unas falsas, otras verdaderas— de acontecimientos horribles anunciados para fechas específicas. Pero a nosotros no nos preparan para una «fecha » sino para una boda. Es la profundidad de nuestra relación con Cristo día tras día la que determina si caminaremos con Dios al final de la era.

La confianza que tenemos para enfrentar el mañana está arraigada en la calidad de nuestro caminar con Dios el día de hoy. Por lo tanto, a medida que estos días pasan, el camino del Señor se revelará como lo que es: una senda estrecha en la cual caminamos con Dios. Esta es una verdad incuestionable: la única manera de prepararnos para la Segunda Venida de Cristo es obedecer fielmente lo que Él nos mandó en su primera venida, y su primer mandamiento fue: «¡Sígueme!» (Juan 1:43).

Y seguir a Jesús significa que caminamos fielmente con Él a lo largo de nuestra vida. El hecho es que tenemos la expectativa de la cercanía del Señor, pero no sabemos cuándo regresará. Aunque creemos que está muy cerca el final de la era, tal vez puedan pasar muchos años antes de que se cumplan todas las profecías que no han sucedido todavía. No obstante, nuestra misión es seguir al Cordero y caminar con Él día tras día.

Si estudiamos Las Escrituras, vemos que, desde el principio, el Señor siempre proveyó lo que necesitaban quienes caminaban en Su presencia. Sin importar lo que ocurriera en el mundo, los siervos de Dios no fueron rehenes de los temores ni las ansiedades de sus tiempos. Su caminar con Dios los preparó para todas las circunstancias.

Jesús dijo que los días previos a Su regreso serían como los días de los tiempos de Noé. Dios no le dio a Noé una fecha específica del Diluvio. El Señor le dio dos cosas: una tarea, la cual era construir el arca, y tiempo para realizarla.

El Todopoderoso podía haber destruido la maldad en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, la Biblia nos dice que «esperaba con paciencia mientras se construía el arca» (1 Pedro 3:20). La prioridad de Dios estaba enfocada no en lo que iba a ser destruido sino en lo que se construía.

Demasiados cristianos están tan concentrados en lo que el diablo hace que no pueden ver lo que Dios realiza. La atención del Señor está enfocada no en la intensificación del mal sino en la transformación de Su Iglesia a la semejanza de Cristo. Hay gracia que fluye en abundancia del corazón de Dios. En medio de las grandes tinieblas, el Señor se propuso enviar Su gloria y protección a Su pueblo.

Dios le dijo a Noé que construyera el arca. Cuando terminó la tarea, llegó el diluvio. Nosotros también tenemos una tarea, una visión de parte de Dios: edificar la casa del Señor y participar en la cosecha de las naciones. Jesús no dijo: cuando el mal empeore, comenzará la cosecha. Él dijo: «Tan pronto el grano está maduro … ha llegado el tiempo de la cosecha» (Marcos 9:29).

Ciertamente los altos planes de Dios no se afectarán por el aumento de la maldad. Uno diría que la justicia de Dios demanda que los malvados sean destruidos. Cierto, pero su naturaleza demanda que Sus buenos planes y promesas relativos a Su gloria en la Iglesia se cumplan primero.

Miremos otra vez a Noé. Él vivió en un tiempo cuando «la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón (del hombre) era de continuo solamente el mal». Su mundo, como el nuestro «se corrompió … delante de Dios, y estaba … lleno de violencia» (Génesis 6:5, 11 RVR-60).

No obstante, durante esos mismos días, «Noé halló gracia ante los ojos de Jehová» (v. 8 RVR-60). ¿Qué tenía este hombre de singular? ¿Cómo encontró la gracia preservadora de Dios en su vida? Las Escrituras nos dicen que «era un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios» (v. 9).

Me encanta esta frase: caminó Noé con Dios. ¿Qué significa esto? Que permanecemos sumisos a su Palabra y atentos a Su presencia. Aunque no lo vemos, lo conocemos. Encontramos nuestro lugar seguro en el Todopoderoso. Nuestra paz proviene de Él, no de otras personas o lugares, o cosas.

El nombre Noé significa «descanso». Como siervo del Señor, Noé no sólo conocía su misión en la vida sino que había encontrado su lugar de descanso en Dios solamente. Paso a paso, día tras día vivió en la presencia del Señor. Caminó con Dios y mantuvo una relación íntima con Él.

Pero un profundo conocimiento de una persona no se logra de manera rápida. Toma tiempo penetrar a través del velo de lo desconocido hasta llegar a una relación duradera de amistad e intimidad. Por eso es que caminar con Dios es tan placentero para Él, porque crea una relación con el hombre probada a través del tiempo. Ya no nos controlan las opiniones, las críticas o la aprobación del mundo que nos rodea. Solamente a medida que nuestro caminar con Dios madura, comienza la intimidad con el Creador y se aumenta nuestra paz en relación con el futuro.

Piense en Abraham. Fue llamado el amigo de Dios (Isaías 41:8). Cuando llegó a los noventa y nueve años de edad, el Señor se le apareció y le dijo: «Yo soy el Dios Todopoderoso; anda delante de mí y sé perfecto» (Génesis 17:1 RVR-60). Caminar con Dios lleva a la pureza y a una íntima amistad con Él. Es la manera de llegar a ser perfecto.

Isaac y Jacob, los descendientes de Abraham, también caminaron con Dios (Génesis 48:15).  El compañerismo de toda una vida entre el Todopoderoso y estos patriarcas estableció la norma para todos los que siguieran, desde los reyes y profetas de Israel hasta cada cristiano que camina con Dios el día de hoy.

Mi Propia Experiencia
No deberíamos ser tan duros con quienes erróneamente fijaron la fecha de un acontecimiento profético o aun de la Segunda Venida de Cristo. Generalmente es la sinceridad de estas personas la que confiere a sus profecías importancia regional o nacional. Yo mismo fui arrastrado a una experiencia similar a mediados de 1970.

Esos eran días cuando la amenaza de una guerra nuclear parecía surgir en todas partes. Muchos cristianos profetizaban el juicio de Dios sobre los Estados Unidos de América. En esos días, leí un artículo acerca de un inmenso cometa que debía aparecer el día de Navidad de 1975. Desconocido hasta entonces, el cometa recibió el nombre de Kohoutek por el apellido del astrónomo húngaro que lo descubrió. Las señales de los tiempos confirmaban mis temores, pero cuando leí en una publicación religiosa que Kohoutek significaba «el lobo que devora al cordero», tuve la certeza de que esta era una «señal de los cielos» que confirmaba que el fin estaba cerca.

Impulsado por mis convicciones interiores, comencé a advertir a cada una de las iglesias en la ciudad de Detroit — unas mil doscientas, más o menos— que el mundo llegaría a su fin en esa Navidad. Incluso, me ingenié la manera de hacerme invitar al programa de televisión más visto en Detroit, en donde previne a una audiencia de tres millones de personas sobre la inminente ira de Dios.

La Navidad llegó y pasó, y nada ocurrió. El cometa fue un fiasco astronómico producto de la exageración. Estuve tan seguro de mis reflexiones, y de manera temerosa impulsado por las señales de los tiempos, y no obstante tan erróneamente informado. Luego, a finales de enero, conocí a una dama que dominaba el idioma húngaro que, al pedirle que me tradujera la palabra Kohoutek, me dijo que significaba algo así como «agregar un tomate al guiso».

Dios sabía que mis motivos eran correctos, aunque mi conocimiento no. A raíz de esa humillante experiencia, comencé a investigar otros movimientos del «fin del mundo» en la historia de la Iglesia. En mi estudio, descubrí dos hechos significativos que ocurrieron en Europa. Numerosas personas se convencieron que el año 1666 vería el surgimiento del anticristo. Esta idea condujo a oleadas de fanatismo y temor que se esparcieron de un país a otro.

También leí un devocional que contenía una serie de cartas escritas por un hombre llamado el hermano Lawrence, un monje que servía a Cristo y lavaba platos en un monasterio. El sentido sencillo pero profundo de la presencia de Dios que acompañaba a este hermano hizo de su libro "The Practice of the Presence of God" [La práctica de la Presencia de Dios] un clásico cristiano que ha perdurado a través del tiempo. Pero lo que cambió mi vida fue que sus primeras cartas se escribieron en el año 1666, el tiempo cuando Europa estaba invadida de temor por el anticristo. En medio de todo el alboroto y de la agitación del mundo que lo rodeaba, por lo menos un alma disfrutaba la paz de Jesucristo.

El hermano Lawrence sirve como modelo para nuestra generación, porque cuando los terrores y la confusión del fin de la era se acrecienten, solamente en la presencia del Señor encontraremos un puerto seguro. Y para conocerlo realmente en ese tiempo porvenir, tenemos que caminar con Él ahora.

Enoc caminó con Dios
Uno de mis textos favoritos es Génesis 5:22-24. Dice: «Y caminó Enoc con Dios … trescientos años … y desapareció, porque le llevó Dios» (RVR-60). Y Hebreos 11:5 dice que, antes de que Dios lo llevara, «tuvo testimonio de haber agradado a Dios» (RVR-60).

Enoc caminó con Dios trescientos años. Cada día se levantaba para mirar al Señor, y caminaba fielmente con el Todopoderoso. Finalmente, agradó tanto a Dios que, sin pasar por la experiencia de la muerte, fue llevado a su hogar en el cielo.

Y así ocurre también con nosotros. Cuando fielmente caminamos con Dios, le producimos gran complacencia a nuestro Padre. Las Escrituras dicen que Enoc tuvo testimonio de que su vida fue agradable a Dios. El Señor le hizo saber a Enoc su complacencia. Conocer el agrado de Dios es probar el mismo néctar del cielo.

Sea lo que sea que ocurra en el futuro, el Dios del futuro camina con nosotros hoy. Y aunque no estamos en capacidad de ver el mañana, nuestra fidelidad a Cristo hoy es nuestra mejor seguridad respecto a lo que nos espera en el futuro.

Como la primera persona arrebatada por Cristo, Enoc establece la norma para todos los que Jesús llevará un día con Él. Sencillamente son los que, profundamente enamorados de Dios, caminan día a día con Él.


FUENTE:
Ministerio Francis Frangipane

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